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200 años de amor fraterno

La proeza genética de los gemelos centenarios se da en A Coruña. Allí viven dos hermanas conectadas hasta lo inexplicable

Concepción y Socorro García Rodríguez, en su casa de Melide (A Coruña).
Concepción y Socorro García Rodríguez, en su casa de Melide (A Coruña).

Concepción calza un 33 y Socorro un 34, más o menos como un niño de nueve años. Dicen que son “tan poca cosa” porque en la barriga de su madre tuvieron que aprender a compartir, y así, compartiendo hasta la misma cama, se han pasado 200 años, si se suman los respectivos siglos que celebraron el 18 de abril en su casa de toda la vida. Concepción y Socorro García, Chita y Cocó para sus “casi 100 sobrinos de cinco generaciones”, vecinas de Melide (A Coruña), son probablemente las únicas gemelas centenarias vivas de España, una proeza genética de la que no existen apenas estadísticas en el mundo, porque los registros, a estas edades, resultan efímeros. En Francia se conoce un caso; en Bélgica y Holanda, otros dos; en Reino Unido, tres; y en Estados Unidos, cuatro. En Italia, en 2014, había dos parejas de hermanos centenarios claramente dicigóticos, por ser una mujer y otro hombre: Luisa y Francesco Pace; Irma y Firmino Narratone. Esto es aún más difícil, y ya no porque compartan menos genes, sino porque entre cada seis personas centenarias solo se cuenta un varón.

Volviendo a los zapatos, Socorro y Concepción, prodigios de memoria, olvidaron hace poco sus diminutos tacones. La muerte de una hermana más joven, “la niña”, las derrumbó. Chita, la única que necesita gafas, lloró tanto con esta muerte y las de otros hermanos que ahora que han quedado de últimas no se le escapa una lágrima. Se desanimaron de tal forma que dejaron de subir las escaleras que llevaban a su cuarto y empezaron a dormir abajo. Entonces, perdieron agilidad, “se les hincharon los pies y renunciaron a ir el domingo a misa”, según una sobrina, “por presunción”.

Si no podían enfundarse sus zapatos de Cenicienta, a juego con el bolso, mejor quedarse en casa. Eso sí, convencidas de que el más allá las ha olvidado y deseosas de que el día que recuerde se las lleve “a la vez”: “Sagrado Corazón, ¿cuándo te acordarás de nosotras?”, dicen cuando pasan ante la talla religiosa que tienen sobre una cómoda estas hijas de maestro castigado en el Franquismo.

Son tan mayores, que cuando estalló la guerra ya tenían 21 años y trabajaban a destajo en la fonda que regentaba su abuela. El negocio cerró en los setenta, y en su lugar instalaron un taller de chaquetas de punto a medida. La actividad las mantuvo en forma, y aún hace dos años Chita hacía melindres y un bizcocho que nadie ha superado en la familia. Como son amigas del trasnochar y el no madrugar, para sus sesiones de repostería las gemelas aguardaban a que los sobrinos, que pasan la tarde con ellas, se marchasen. Temían que los jóvenes les “riñeran” por quedar “hasta las cuatro” en la cocina.

España, con unos 11.200 centenarios, es el tercer país, tras Japón y Francia, con mayor porcentaje de estos superseres. El récord lo ostenta Ana María Vela, andaluza afincada en Cataluña, camino ya de los 114. Castilla y León, Galicia y Asturias superan de largo la media mundial de longevidad extrema y, entre las provincias, Soria se lleva la palma y pulveriza los registros, con un 0,087% de centenarios entre su población.

Pero el de los gemelos es un milagro mayor. Una cuestión genética, aunque también ambiental, pese a que varios de los casos conocidos en el planeta han vivido existencias muy distintas, incluso separados por fronteras. Las hermanas supuestamente univitelinas de Melide, que alguna vecina apoda las Miñicas (un cruce entre mellizas y meñique, por lo pequeñas e idénticas), llevaron vidas paralelas. Según Consuelo Borrás, profesora de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia y estudiosa de la genética de los centenarios, los hechos de que las dos permaneciesen solteras, en la misma vivienda, comiendo más bien poco y sin más enfermedades que el tifus que pudo llevarse a Chita de niña, no son detalles baladíes. De bebés, una mamó de su madre y otra de un ama de cría... Esa fue la mayor diferencia en su dieta. Desde hace años las dos comen muchas fresas con vino y, a diario, pimientos rojos. Pero esta no es la clave de su salud y de la piel tersa de unos brazos que huelen a jabón. El excelente carácter tampoco lo es, aunque todo influye.

Conchita y Socorro jamás discutieron porque son idénticas hasta en el pensamiento. Y eso se ha visto, sobre todo, desde que perdieron el oído. Hacen los mismos comentarios, repiten las mismas frases con diferencia de minutos. Y entre ellas ya no se oyen. Hay una conexión inexplicable.