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Piqué Vidal dice que los jueces de Banca Catalana no leyeron el sumario

Javier De la Rosa se niega a declarar en la comisión Pujol

David Fernández y Javier de la Rosa en la comisión Pujol
David Fernández y Javier de la Rosa en la comisión Pujol.

Joan Piqué Vidal, defensor de Jordi Pujol en el caso Banca Catalana ha reconocido este lunes por primera vez que la mayoría de los jueces que exculparon a su cliente en 1986 no leyeron el sumario y justificó ese comportamiento. “Normalmente quien se lee el caso es el ponente y la ley no les obliga a que también lo hagan los demás, porque si no se hubieran paralizado seis meses los juicios de Barcelona”, dijo.

El abogado que más se identificó con la Generalitat durante los 23 años que Pujol estuvo en el poder es ya octogenario, pero en la comisión del Parlament demostró su capacidad dialéctica y jurídica. En su trayectoria de más de cinco décadas Piqué Vidal ha estado en los procesos más importantes que ventiló la justicia catalana, pero también estuvo imputado en dos procesos y en los dos acabó condenado.

“La verdad oficial no se corresponde a veces con la verdad real”, proclamó para defender su inocencia cuando se le recordó la condena de nueve años de cárcel del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) por urdir una trama de extorsión con el juez prevaricador Luis Pascual Estevill y otra de un año de la Audiencia Nacional por blanqueo de capitales.

Inasequible a esa realidad, Piqué Vidal cargó contra los jueces del TSJC y el fiscal del caso. Con todo, sí admitió que Estevill le apuntó en una ocasión un número de cuenta y que el abogado se lo dio a su cliente. Supuestamente ingresó 25 millones de pesetas, dejó entrever el letrado, y el juez lo exculpó.

Pero los renglones torcidos de la justicia que sufrió Piqué Vidal no existieron en el caso Banca Catalana y en ese caso sí que acertaron los magistrados, vino a decir, aunque ocho de los 41 jueces votasen a favor del procesamiento del expresidente. “Justicia es lo que dicen dos en sala de tres”, insistió Piqué Vidal para justificar la desidia de algunos magistrados en aquel asunto. “Es que no había nada de nada”, dijo, olvidando los contundentes informes del Banco de España que relatan el enriquecimiento de Pujol y sus familiares, en contra de la ruina que sufrieron miles de pequeños ahorradores y accionistas de la entidad.

El abogado hizo una cerrada defensa de su cliente en aquel caso y siguió clamando por su honestidad, pese a la confesión de hace casi un año sobre la fortuna oculta. “Éticamente no está bien”, pero lo justificó por la situación política que se vivía entonces en España y Pujol tenía que tener su “rinconcito” de dinero. Con todo, negó haberse beneficiado con aquella defensa, insistió en que no cobró minuta a Pujol y apostilló que “supongo que rompió mi tarjeta cuando lo exculparon”. El letrado provocó en otro momento la sonrisa de los diputados cuando se presentó como una víctima de la justicia. “Yo voy un poco con el lirio en la mano”, dijo en otro momento de su comparecencia.

Piqué Vidal simboliza seguramente como pocas personas el máximo esplendor del pujolismo, una época en la que se cruzaron los intereses políticos, con los empresariales y las amistades personales. Antes que él compareció otro símbolo de aquella época, el empresario Javier de la Rosa quién se ha negado a declarar. Piqué Vidal también defendió a De la Rosa en el caso Grand Tibidabo, pero acabaron enemistados para siempre.

Tras ellos declaró Itziar González, exconcejal del distrito de Ciutat Vella y que sufrió en sus carnes, con robos y amenazas de muerte su voluntad de poner orden al desmadre del turismo y su oposición al hotel del Palau de la Música. La arquitecta defendió la necesidad de acabar con las redes clientelares de los partidos y pidió que los cargos electos sean autónomos de las estructuras políticas y de la función pública.

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