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análisis

El peligro está en los detalles

Una reflexión sobre el acuerdo alcanzado entre PNV y PSE-EE

La noticia de principios de semana en torno al acuerdo entre el PNV y el PSE me ha dejado con la miel en los labios al no disponer todavía de los detalles ni de los anexos que permitan emitir un juicio informado y realista. Creo que muchos nos alegramos de que los representantes de dos partidos, el que gobierna y el segundo más importante de la oposición, manifiesten coincidencias en torno a reformas necesarias y a políticas de importancia para la ciudadanía vasca. Pero, de momento, hemos de creer que todo lo que dice el documento hecho público va a ser una realidad porque ver, ver, no hemos visto casi nada. Y sin conocer las medidas concretas que se adopten en cada ámbito de actuación es difícil sentirse completamente satisfecho.

El texto de acuerdo contempla tres apartados importantes. 1. El impulso a la economía productiva y la creación de empleo, 2. La lucha contra el fraude y el diseño de un nuevo sistema tributario y 3. La revisión de la arquitectura institucional vasca y reforma de la Administración.

Por lo que sabemos, los representantes de los dos partidos han adquirido un compromiso para trabajar en una reforma fiscal que sirva para mejorar la recaudación, luchar contra el fraude y la economía sumergida y conseguir una redistribución de la carga fiscal más justa, haciendo que paguen más los que más tienen. Van a avanzar en la reforma de la Ley de Territorios Históricos (LTH), en la necesidad de ajustarla para evitar duplicidades y gastos innecesarios y se han comprometido a dedicar el 50% del dinero extra que piensan conseguir con la reforma fiscal a acciones que sirvan para recuperar la actividad y el empleo. Hay también otros aspectos importantes como el que permite que el Parlamento pueda abordar cuestiones fiscales, aunque seguiremos siendo un país donde las Diputaciones ostenten el poder tributario en la vertiente reguladora y recaudatoria.

A primera vista todo parece razonable pero me temo que, como casi siempre, el peligro está en los detalles. Detalles que todavía no podemos apreciar porque apenas sabemos nada. Y este no saber me hace temer que al final lo logrado no sea tan relevante. Puede que esta apreciación sea errónea y me gustaría que así fuera, aunque normalmente en las negociaciones tendemos a creer que lo que es bueno para uno es bueno para todos. Como esta premisa no se cumple casi nunca prefiero ser cautelosa y esperar antes de poder concluir si es posible felicitarse por el contenido del pacto. Entre tanto las preguntas que se me ocurren y preocupan son numerosas. Ahí van unas pocas:

¿Cómo se ha estimado 1.500 millones procedentes de la reforma fiscal?

¿Cómo se va renovar la LTH para que su articulado en lo referente al reparto de competencias entre el Gobierno y las Diputaciones Forales tenga "sensatez económica" y no responda sólo a intereses de reparto de poder?

¿Cuál es el fraude fiscal que se va a perseguir? ¿El de autónomos, grandes empresas, profesionales liberales, todos a la vez? ¿Con qué medios? ¿Con qué instrumentos?

¿Han aprendido el PNV y el PSE del fracaso de la amnistía fiscal del gobierno central que sólo ha logrado aflorar un porcentaje muy pequeño del dinero negro existente?

¿Cómo se ha estimado la cifra de 1.500 millones de euros que podrían obtenerse con la reforma fiscal?

¿Están seguros el PNV y el PSE que este es el momento idóneo para emprender esta reforma fiscal?

¿Cómo se va a asignar el 50% de ese dinero extra que prevén recaudar? ¿Cuáles son las prioridades? ¿Cuál va a ser la dotación para el Fondo de Innovación? Y para investigación, nuevos emprendedores, educación?

Tras tantos años de crisis proporcionar respuestas convincentes, sensatas, inteligentes y sinceras a todas y cada una de las preguntas que flotan en el ambiente (las aquí enunciadas son sólo un ejemplo) debería constituir una prioridad para los firmantes del documento.