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La madre de Jonathan pierde al bebé que concibió en Chicago para curarle

Cruz Jiménez se sometió a un caro tratamiento de selección genética que le negó la sanidad pública para salvar a su hijo de ocho años, que padece una rara enfermedad

David y Cruz, los padres de Jonathan, con el pequeño en su casa de Vinaròs
David y Cruz, los padres de Jonathan, con el pequeño en su casa de Vinaròs

El Hospital Comarcal de Vinaròs ha informado a Cruz Jiménez de la pérdida del feto que concibió para curar a su hijo de ocho años con Anemia de Fanconi, una grave enfermedad rara con un centenar de casos en España. La mujer, que se encontraba en las primeras semanas de gestación, tendrá que someterse a un aborto la próxima semana en el citado centro hospitalario. Jiménez se quedó embarazada tras someterse a un tratamiento en el prestigioso y privado Instituto Genético de Reproducción de Chicago, para concebir un bebé medicamento que iba a nacer en agosto. Adoptó la decisión tras recaudar 30.000 euros en rifas y conciertos solidarios porque la sanidad pública valenciana le denegó la intervención alegando sus “escasas probabilidades de éxito”, según le indicaron en el hospital La Fe. La operación en EEUU costó 35.000 euros.

Jiménez, de 39 años, no descarta regresar a la clínica de Chicago para volver a intentarlo. Sabe que el tiempo “juega en su contra”. Los médicos norteamericanos le han aconsejado esperar dos meses antes de reiniciar el tratamiento, que tendría un coste de 15.000 euros por prueba, y que no comporta ningún prejuicio para la salud, según la paciente.

El matrimonio ha recibido en el último mes numerosas muestras de solidaridad. La última, la de una familia de Chicago que contactó hace un mes con Jiménez, a través de este periódico, para ofrecerle alojamiento y traducción.

“El médico de Chicago me sugiere que lo vuelva a intentar”, explica por teléfono Jiménez, que asegura que conoce a mujeres que se han sometido “hasta en diez ocasiones” a una selección genética de embriones para tener un bebé sano, libre de la enfermedad y compatible para curar.

Admite que su problema es económico. El matrimonio “no puede” costear el pasaje de avión y los gastos derivados de residir dos semanas en Chicago. Jiménez está desempleada y su marido es mileurista. No descartan activar de nuevo la maquinaria de la solidaridad y aprovechar el último cartucho para “salvar” a su hijo enfermo. “Me voy con los ojos cerrados cuando consiga el dinero”, zanja la madre.

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