Argentina investiga la muerte de 15 ballenas en 10 días en una reserva natural de la Patagonia

Los científicos buscan una explicación para el número inusualmente alto de mamíferos muertos tras haber contado el mayor aumento de su población en 50 años

Un guardabosques mira a una ballena franca austral muerta que yacía en la orilla de una playa cerca de Puerto Madryn, provincia de Chubut (Argentina), el 5 de octubre de 2022.Foto: Luis ROBAYO (AFP) | Vídeo: AFP

Al menos 15 ballenas han sido encontradas muertas en los últimos 10 días en la costa de la provincia de Chubut, a 1.400 kilómetros al sur de Buenos Aires. La primera fue encontrada flotando el pasado 24 de septiembre en Punta Pardelas, en la entrada de la península Valdés, un golfo que abarca seis áreas naturales donde la ballena franca austral se reproduce y da a luz durante la primavera austral. Los científicos todavía no han encontrado la causa de los decesos. Según un reporte del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), que se encarga de monitorear su población en la costa patagónica argentina, el número inusualmente alto de ballenas muertas en un corto periodo de tiempo “puede ser indicador de variables ambientales locales”.

La principal hipótesis que manejan los investigadores es que las muertes podrían haber sido causadas por la marea roja, un florecimiento inusualmente alto de algas tóxicas en una zona determinada. El ICB asume esta hipótesis como una de las principales tras alertar de que ninguna de las ballenas que han podido evaluar hasta este jueves presenta evidencia de lesiones. “Todas se encontraron con muy buen estado nutricional, con evidencia de contenido intestinal en algunos ejemplares, indicando su alimentación reciente dentro del golfo”, dice en el comunicado de la institución la coordinadora del programa de campo, Agustina Donini.

Chubut ha vivido días de alarma sobre la presencia de algas tóxicas en la península en la última semana. Este martes, la Dirección Provincial de Salud Ambiental del Gobierno provincial levantó una alerta de cuatro días en la que pedía a la población que evite consumir el agua potable de la zona por miedo a que las toxinas se hayan filtrado por la planta desalinizadora que toma agua del mar. Las muertes han puesto en alerta al Gobierno chubutense, que ya intervino en la investigación y espera los estudios sobre otras especies tras descartar niveles altos de toxinas en el agua potable. “Hasta ahora, sacando algunos pingüinos cuyos estudios deben determinarse, no hay otras especies afectadas ni informadas”, explicó el director de fauna de la provincia, Fernando Bersano, en una entrevista radial.

Las muertes de ballenas en la zona no son inusuales, especialmente en temporada de apareamiento. Según el informe del ICB, 45 mamíferos fueron hallados muertos en 2021 en las mismas costas, pero, como explica del directo científico del instituto, Mariano Sironi, “si bien el número de ballenas adultas muertas de esta temporada aún es menor al de la temporada pasada, es preocupante que las muertes se hayan registrado en un período de tiempo tan corto”.

La ballena franca austral, protegida en Argentina como Monumento Natural Nacional, es uno de los principales atractivos turísticos de la zona. Una ballena adulta puede medir hasta 16 metros, y su naturaleza curiosa que la acerca a la superficie hace que su avistamiento no sea raro en la costa argentina durante esta época. Es una especie que ha logrado recuperarse de la extinción tras un siglo de cacería comercial. Habitante de los mares del sur, su avistamiento también es común en Chile, Uruguay, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda. Un tercio de su población mundial –que se calcula en torno a los 6.000 ejemplares– se acerca cada año entre abril y diciembre a las bahías protegidas de la Península Valdés, donde la calma y la calidez del agua es ideal para que puedan dar a luz y aparearse. El Instituto de Conservación de Ballenas registró 1.420 ejemplares en la costa patagónica hace tan solo un mes, la mayor cifra desde que empezó a contarlas en 1971. A pesar de haber eludido la extinción, la ballena franca austral aún es una especie vulnerable: su periodo de gestación dura casi tres años y, aunque la caza está prohibida, la basura plástica, el tránsito marítimo y el efecto del calentamiento global en los crustáceos que le sirven de alimento son una amenaza permanente.

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