La doble epidemia de gripe y covid dibuja una nueva ola incierta

Durante la pandemia, el virus de la influenza nunca había tenido gran incidencia pero este otoño-invierno los expertos prevén que vuelva a valores altos

Una sanitaria se vacuna en el Hospital Mateu Orfila de Mahón, donde este jueves se ha iniciado la campaña de vacunación combinada contra la gripe y la covid.
Una sanitaria se vacuna en el Hospital Mateu Orfila de Mahón, donde este jueves se ha iniciado la campaña de vacunación combinada contra la gripe y la covid.David Arquimbau Sintes (EFE)

La gripe y la covid llegan este otoño de la mano. Por primera vez desde que comenzó la pandemia, el virus de la influenza parece volver a su comportamiento habitual (quizás algo adelantado) y los boletines epidemiológicos del Ministerio de Sanidad muestran que está prácticamente a la par con el coronavirus, que lleva tres semanas en una ligera tendencia al alza, en lo que apunta al inicio de la octava ola, siguiendo la estela del resto de Europa, donde el crecimiento comenzó antes y es mucho más claro.

Según el informe de este viernes del Ministerio de Sanidad, la incidencia acumulada está en 195 casos por 100.000 habitantes (mayores de 60 años, la única población donde se sigue midiendo), un 16% más que la semana pasada. Es una tendencia que ya se está notando en los hospitales, donde crecen tanto los ingresados en planta como en las unidades de cuidados intensivos, que suman 3.303 y 174 pacientes, respectivamente. De ellos, solo la mitad está ingresado por la covid, el resto entraron por otras causas y dieron positivo, según el boletín. Son niveles todavía muy bajos en comparación con otras olas, los menores si se obvia este verano, cuando han tocado suelo.

La bajada de la séptima ola ha durado más de dos meses, desde que alcanzase su pico de incidencia (el 12 de julio, con 1.255 diagnósticos por 100.000), hasta que llegó a su suelo el 20 de septiembre (129 casos por 100.0000). Aunque la incidencia acumulada es una referencia cada vez menos precisa por su forma de medición y la relajación en el celo a la hora de hacerse pruebas que los propios ciudadanos han ido experimentando a lo largo de los meses, sigue sirviendo para observar tendencias que muestran ahora un alza suave, pero decidida.

Atendiendo a los precedentes, no es previsible que la presión asistencial vuelva a registros tan preocupantes como los de las primeras olas epidémicas. Desde que comenzó la vacunación, las tasas de hospitalización y letalidad del virus han caído radicalmente. Como dice Pedro Gullón, de la Sociedad Española de Epidemiología, no hay nada que apunte a “un susto muy grande”, aunque “siempre puede suceder lo inesperado”.

Tomando solo la covid (luego se hablará de la gripe), las malas noticias podrían venir de una mutación que escape a la protección que las vacunas y las infecciones naturales han proporcionado a la gran mayoría de la población, que hacen que las probabilidades de que la enfermedad se complique en personas sanas sean muy remotas.

La variante mayoritaria que por ahora circula es la misma que causó la séptima ola, un sublinaje de la ómicron denominado BA.5, aunque ya asoman otros que están expandiéndose por el mundo. Son el BA.4.5 y el BF.7, que de momento no consiguen desplazar a la anterior. María del Mar Tomás, de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), apunta que quizás en esta y las próximas olas no veamos a una variante claramente dominante, sino que confluyan varias a la vez.

“Son todas muy parecidas a ómicron, muy contagiosas, pero no tan invasivas como variantes previas. Producen una infección del tracto superior, lo que las hace más transmisibles; se comportan de forma cada vez parecida al virus de la gripe”, explica Tomás, que asegura que en su última guardia en el Hospital de A Coruña atendió más casos de gripe que de coronavirus.

Y esta es una de las incertidumbres que dibuja este otoño-invierno: cómo se comportará la dupla covid-influenza. En el hemisferio sur, que a menudo adelanta lo que sucederá en el norte, tuvieron una temporada de gripe que comenzó pronto, con muchos casos, pero no más graves que otros años. Desde que comenzó la pandemia, y hasta ese momento, el virus de la gripe se había comportado de forma poco común, con muy escasa presencia en ambos hemisferios.

“Es la primera vez que nos encontramos las dos epidemias a la vez y no sabemos qué va a pasar”, reconoce Roger Paredes, jefe de servicio de enfermedades infecciosas del Hospital Trias i Pujol de Badalona. “Existen algunos trabajos, cuando la gente todavía no estaba vacunada, que apuntaban a que la coinfección aumentaba el riesgo de hospitalización, incluso de mortalidad. Ahora lo que tenemos que hacer es aprovechar la cuarta dosis de la covid para vacunar de gripe y minimizar el potencial riesgo de infección”, señala.

Tanto el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) como la Organización Mundial de la Salud (OMS) se han manifestado esta semana en los mismos términos y han pedido acelerar las vacunaciones frente a ambos virus para adelantarse a la temporada de contagios. El objetivo principal es la población más vulnerable, los mayores de 60 años, que son los que corren más riesgos de una mala evolución.

En este grupo de edad, hace ya casi un año desde la última dosis de recuerdo, suficiente tiempo para que caigan los títulos de anticuerpos, que se mantienen durante cinco o seis meses. Varias investigaciones, sin embargo, sugieren que la vacunación, y más si se combina con la infección natural, perdura durante al menos dos años frente al riesgo de hospitalización. Pero varios expertos consultados insisten en la importancia de nuevas dosis, estas además actualizadas frente a la familia ómicron, que minimice aún más los riesgos de la población más vulnerable, en la que el sistema inmunológico presenta cada vez más fallas.

Además del riesgo individual de estas personas, los expertos quieren alejar la posibilidad de una saturación del sistema hospitalario, que incluso antes de la covid ya lo pasaba mal los años que la temporada de gripe era fuerte. Si se mezclan ambas y generan millones de casos, incluso un muy pequeño porcentaje de infecciones graves puede complicar la vida en las UCI. En Alemania, donde la curva de contagios crece con más fuerza que en España, ya han dado la alerta por el aumento de ingresos y se enfrentan a semanas “extremadamente difíciles”, según palabras del presidente de la Asociación de Hospitales Alemanes, Gerald Gaß.


Sobre la firma

Pablo Linde

Escribe en EL PAÍS desde 2007 y está especializado en temas sanitarios y de salud. Ha cubierto la pandemia del coronavirus, escrito dos libros y ganado algunos premios en su área. Antes se dedicó varios años al periodismo local en Andalucía.

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