Muere en Chile Cristina Calderón, la última hablante del idioma yagán

Considerada Tesoro Vivo de la Humanidad por la Unesco, se lleva a los 93 años las voces de los indígenas canoeros de Tierra del Fuego, en el extremo sur de América

Cristina Calderón, fotografiada en abril de 2017 en un centro de la comunidad local de Puerto Williams, en el extremo sur chileno.
Cristina Calderón, fotografiada en abril de 2017 en un centro de la comunidad local de Puerto Williams, en el extremo sur chileno.MARTIN BERNETTI (AFP)

Ya nadie hablará yagán. A los 93 años ha muerto Cristina Calderón, y se ha llevado consigo el idioma de sus antepasados, los yagán, el pueblo indígena más austral del planeta, nómades canoeros que durante 6.000 años habitaron Tierra del Fuego, en el extremo sur de América. Con Calderón murió la última yámana étnicamente pura y la custodio de una cultura que se ha ido perdiendo fruto del mestizaje con otros pueblos indígenas y el hombre blanco.

Cristina Calderón había sido declarada Tesoro Vivo de la Humanidad por el Gobierno chileno y la Unesco. Dejó siete hijos y 14 nietos, pero ninguno habla el idioma como ella. Su hija menor, Lidia González Calderón, es una de las legisladoras indígenas que en estos momentos redactan la nueva Constitución chilena. “Todo lo que haga en el trabajo en el que estoy, será en tu nombre. Y en él, estará también reflejado tu pueblo. Tengo una pena profunda por no estar con ella al momento de partir. Es una noticia triste para los yagán”, escribió González en Twitter.

“Cuando falleció mi hermana Úrsula me quedé solita, sin nadie con quien hablar”, dijo Cristina Calderón en 2016, en un extenso reportaje publicado por EL PAÍS. “Aprendí español a los nueve años. El papá de una sobrina era gringo, y me fueron enseñando de poquito”, recordaba en su casa de Villa Ukika, en Puerto Williams, con vista al canal de Beagle. “Entonces todos hablaban yagán, pero después empezaron a fallecer, y quedé yo no más. Las guaguas [niños] no quisieron aprender. Tenían vergüenza. La gente blanca se reía de ellos”. El yagán tenía 32.400 vocablos, una enormidad si se lo compara con las 5.000 palabras que maneja cualquiera de nosotros habitualmente.

Cristina Calderon trabaja la tierra en cercanías de la cordillera Darwin, cordón montañoso chileno ubicado en el suroeste de la isla Grande de Tierra del Fuego.
Cristina Calderon trabaja la tierra en cercanías de la cordillera Darwin, cordón montañoso chileno ubicado en el suroeste de la isla Grande de Tierra del Fuego.Xavier DESMIER (Getty Images)

Los yagán recorrián con sus canoas los gélidos canales fueguinos y vivían de la pesca. Una investigación publicada en la revista Science en octubre pasado presentó evidencias paleontológicas que apuntan a la presencia de indígenas yagán en las Islas Malvinas, mucho antes de que británicos o argentinos pisasen el archipiélago. Cuando el hombre blanco llegó a la isla de Tierra del Fuego en el siglo XIX, había unos 3.000 yagán o yámanas, como también se los conoce. Medio siglo después, las enfermedades traídas por los conquistadores habían reducido su número a 130.

El mestizaje, la evangelización anglicana y las presiones culturales derivadas de la colonización rompieron la cadena natural de la transmisión oral; el idioma se fue perdiendo con la muerte de sus últimos hablantes. La hermana de Calderón, Úrsula, murió en 2003. En 2012 falleció Emelinda Acuña, otra yagán hablante. Hoy solo quedaba Cristina Calderón.

Hasta sus últimos años, Calderón se empeñó en conservar y transmitir todo lo que sabía de su idioma y su cultura. Junto con su nieta, Cristina Zárraga, creó un diccionario del yagán al español, acompañado de un CD donde se escuchan algunas palabras. Abuela y nieta editaron además un libro de leyendas, canciones e historias originarias llamado Hai Kur Mamašu Shis (Quiero contarte un cuento). Su hija Lidia Calderón prometió, como constituyente, defender el legado de su madre y el idioma yagán, pese a los desafíos que eso supone: “Si bien con su partida se pierde un caudal de conocimiento empírico especialmente valioso en términos lingüísticos, las posibilidades de rescate y sistematización del idioma están abiertas”.

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Federico Rivas Molina

Es corresponsal de EL PAÍS en Argentina desde 2016. Fue editor de la edición América. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y máster en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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