Nutri-Score

“Lo importante es consumir alimentos que no necesitan Nutri-Score, que son los más sanos”

El catedrático de Nutrición y experto en el nuevo etiquetado frontal Jordi Salas-Salvadó defiende que este semáforo nutricional ayudará a hacer una compra más saludable

El catedrático de Nutrición Jordi Salas-Salvadó, en su despacho de la Universidad Rovira i Virgili de Reus, el pasado lunes.
El catedrático de Nutrición Jordi Salas-Salvadó, en su despacho de la Universidad Rovira i Virgili de Reus, el pasado lunes. Josep LLuis Sellart

El Gobierno aprobará este año Nutri-Score, un semáforo nutricional voluntario —que no sustituye a la etiqueta actual— que, a partir de un algoritmo, califica los alimentos de más a menos saludables (de la A a la E y del verde al rojo) y lo plasma en un etiquetado frontal muy sencillo. El sistema, que funciona en Francia y ya aplican algunas marcas en España, ha generado controversia científica, con cartas abiertas en favor y en contra. La última, firmada por 269 científicos y 21 asociaciones esta semana, pide a la Comisión Europea que adopte este sistema. Los críticos, en cambio, achacan al algoritmo que no califique positivamente el aceite de oliva virgen extra (que solo saca una C) y dé buena nota a algunos ultraprocesados. Unos argumentos que rechaza Jordi Salas-Salvadó (Reus, Tarragona; 62 años), catedrático de Nutrición de la Universidad Rovira i Virgili y experto en Nutri-Score y dieta mediterránea —y firmante de la última carta—. “Este etiquetado es el que tiene más evidencia científica detrás, es muy aceptado y ayuda a hacer una compra más saludable”, explica.

Pregunta. ¿Cómo surge Nutri-Score en Francia?

Respuesta. A partir de un grupo de investigadores de la Universidad de la Sorbona, independientes de la industria alimentaria, que se preocupan por la salud pública y la epidemiología. Ellos empezaron a pensar en un etiquetado frontal, porque el actual es muy difícil de entender, lo diseñan con un algoritmo y lo empiezan a testar. Han publicado más de 40 estudios en revistas científicas donde demuestran que es el etiquetado que el consumidor entiende mejor, con el que se hace una mejor cesta de la compra, con menos sal, grasas saturadas, azúcar, y más fibra, fruta y verdura. Y demuestran que si comes más alimentos calificados con A y B en lugar de con D y E, esto significa una reducción de las enfermedades cardiovasculares, cáncer y la mortalidad asociada a estas causas.

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P. ¿Qué ventajas le ve a este etiquetado frontal?

R. Sirve para cuando vas al supermercado o tienda y compras alimentos envasados, muchos de ellos procesados, y te permite comparar alimentos similares. Nunca vas a comprar una Coca Cola para aliñar la ensalada, así que no son comparables. Nutri-Score se ha hecho para comparar alimentos similares de diferentes marcas, así podrás escoger el que lleve menos sal y azúcar y más fibra, con solo un vistazo. El momento de la compra es muy rápido, se hace en segundos, y este sistema permite hacer la comparación más saludable en segundos. Si comparas yogures, natillas, flanes, verás que el yogur natural sin azúcar es A, pero las natillas serán C o D. El mismo acto de compra, vas a comprar un desayuno y comparas galletas con bollos.

P. Si el aceite de oliva virgen extra es C, ¿quiere decir que todos los aceites vegetales son malos?

R. El aceite de oliva se considera el mejor calificado, junto con los de nuez y colza, con una C. Sin embargo, el aceite de oliva virgen extra también es una C. El sistema tiene fallos, como cualquier etiqueta frontal, puede tener pequeñas cosas que pueden mejorarse. Hay un comité científico de Nutri-Score, compuesto por 14 científicos de siete países, que va a determinar las mejoras del algoritmo. El aceite de oliva virgen tiene un beneficio para la salud evidente y es un alimento que está mínimamente procesado. En un futuro a lo mejor se puede refinar este algoritmo y puede salir mejor puntuado.

Jordi Salas-Salvadó, en la Universidad Rovira i Virgili.
Jordi Salas-Salvadó, en la Universidad Rovira i Virgili. Josep LLuis Sellart

P. ¿Por qué el algoritmo no tiene en cuenta las propiedades nutritivas positivas de alimentos, como en el caso del aceite de oliva?

R. El problema del etiquetado frontal es que debe basarse en aquellos nutrientes que son obligatorios de poner en cualquier etiquetado de la Unión Europea (UE). Por ejemplo, la UE no obliga la cantidad de azúcar añadido, y tampoco exige indicar la cantidad de ácidos grasos poliinsaturados o monoinsaturados, o los polifenoles, presentes en el aceite de oliva virgen extra. El algoritmo podrá mejorarse cuando UE obligue a poner estos y otros nutrientes.

P. ¿Por qué se hacen tantas reinterpretaciones sobre cómo ha de usarse el algoritmo? El aceite de oliva tenía una D y ahora tiene una C, y se pide cambiarlo otra vez.

R. Se puede pedir cambiar un alimento, pero el cambio tiene que basarse en la ciencia, no en presiones económicas. Y aquí es la industria quien están presionando.

P. ¿Cómo se explica que los refrescos light tengan una B y un queso tradicional pueda tener una D?

R. El queso es muy rico en grasas saturadas y sal. Se hizo un cambio en el algoritmo porque no todos son iguales. También he oído que los embutidos ibéricos quieren ser A, pero el jamón ibérico, por muy rico que esté, es un producto que hay que limitar, es algo procesado que lleva sal. Hay que dejarlo para celebraciones. En cualquier caso, los alimentos de fabricación artesanal (ciertos jamones, quesos…) son excluidos del sistema de calificación de Nutri-Score.

P. Con este algoritmo no se valora adecuadamente a los ultraprocesados.

R. Los alimentos tienen muchas dimensiones: una es la nutricional, que es de la que habla Nutri-Score; otra es el grado de procesamiento; una tercera es si favorece la sostenibilidad del planeta, y una cuarta es si lleva aditivos. Nunca habrá un etiquetado frontal que pueda incluir todas estas dimensiones. En cualquier caso, hay más ultraprocesados calificados como D y E que como A. Puede haber alimentos ultraprocesados en una buena categoría, pero son dimensiones distintas. Además, no hay consenso para definir lo que es un ultraprocesado.

P. La Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) criticó que el algoritmo calcula el porcentaje de nutrientes sobre 100 gramos o 100 mililitros, sin considerar la porción o el hábito de consumo.

R. El documento fue polémico cuando se intentó aprobar, porque no está consensuado con las ocho sociedades que forman parte de la FESNAD. En cualquier caso, la Organización Mundial de la Salud dice que se tiene que buscar el porcentaje por 100 gramos de alimento, porque si se hace por raciones el industrial puede cambiar la porción y mejorar el resultado de la etiqueta. La industria alimentaria siempre ha defendido hacerlo por porciones, pero hacerlo por 100 gramos o mililitros es más objetivo. En cualquier caso, el etiquetado nutricional ayuda a hacer la compra, pero a la gente le tienes que seguir diciendo que tiene que seguir tomando fruta y verdura todos los días, y que tiene que consumir legumbres.

P. ¿Nutri-Score valora adecuadamente la dieta mediterránea?

R. En general, sí, porque en la punta de la pirámide de la dieta mediterránea casi todos los alimentos están calificados con D o E. Y en la base de la pirámide están aquellos alimentos que no necesitan Nutri-Score, y que por tanto pueden consumirse libremente: frutas, verduras, legumbres, frutos secos sin sal... Esa debe ser la base de nuestra alimentación. Lo importante es consumir alimentos que no necesitan Nutri-Score, que son los más sanos.

P. ¿Cree que es el mejor etiquetado frontal disponible?

R. Seguro. Es el único que tiene 40 publicaciones científicas detrás, revisadas por pares, que han pasado un filtro importante. Los otros tienen muy pocas publicaciones. Y cuando comparamos diferentes etiquetados siempre sale como el mejor para escoger la cesta de la compra.

P. ¿Cree que los consumidores saldrán beneficiados cuando se instaure en España?

R. Nutri-Score no es la panacea, no va a solucionar los problemas de salud. Es un elemento más. Pero también hace falta educación en las escuelas, promocionar la actividad física, sobre todo en los niños, y medidas impositivas como impuestos a alimentos insanos que luego se pueden usar para promocionar fruta y verdura.

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