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Un muro de silencio protegía al cirujano pederasta que abusó de 299 menores

El testimonio de la hermana del hombre aumenta la impresión de que en el entorno del acusado se conocían sus delitos, que replicó durante 25 años, y nunca hizo nada para evitarlo

Manifestantes ante el tribunal de Vannes
Manifestantes ante el tribunal de Vannes, al oeste de Francia, en la jornada inaugural del juicio al cirujano pederasta.Thomas Padilla (AP)
Daniel Verdú

El proceso a Joël Le Scouarnec, el hombre que abusó de 299 menores durante 25 años aprovechando su condición de cirujano, es también una historia de terror por entregas de los secretos de una familia acomodada y extremadamente disfuncional que, durante años, convivió y prefirió ignorar el horror absoluto. La impresión hasta el momento es que todo el mundo tenía una pieza del puzzle que dibujaba al acusado como un peligroso criminal pederasta, pero nadie quiso compartirla con el resto para ver la imagen general.

Annie Le Scouarnec, la hermana del acusado, ha testificado en la cuarta jornada de juicio en la pequeña localidad bretona de Vannes, donde el ministerio de Justicia ha tenido que habilitar un complejo especial en la universidad para que las víctimas, sus familiares, los abogados y los centenares de periodistas puedan seguir el proceso. De nuevo, como ya había hecho la víspera otro de sus hermanos, ha insistido en que la exesposa del acusado, Marie France, sabía desde al menos el año 2000 que su marido era un agresor sexual de menores. Lo supo porque su propia hija, la sobrina del cirujano, fue abusada por él y lo había compartido con ella. “Lo hablamos varias veces, y siempre tenía las lágrimas en los ojos”, ha explicado a preguntas de la presidenta del Tribunal, zanjando cualquier debate sobre la presunta inopia en la que vivía la mujer del cirujano.

El problema es que no solo fue la exesposa quien se aferró a la omertà familiar para evitar denunciar al peligroso pederasta, la hermana del cirujano tampoco alertó a la policía de que su propia hija había sido abusada. “No me di cuenta de que era algo peligroso. Era algo que había hecho en un momento dado y debía ir a un médico para curarse, así que…”, ha señalado omitiendo que, en realidad, debería haber denunciado por imperativo legal, como le recordó el tribunal mientras ya no podía parar de llorar. El silenciamiento y la ocultación, según la hermana, se explican a través de la época: “En nuestra familia no hablábamos de ello; como todas las víctimas, sentimos vergüenza. Está bien que la vergüenza cambie de bando, pero en aquella época no era así”.

Hubo muchas otras ocasiones. Una vez, según ha explicado la hermana a preguntas del tribunal, se fue de compras con su cuñada a un centro comercial. Durante ese tiempo, Le Scouarnec aprovechó para pedir a la hija de su hermana que se desnudase para fotografiarla. Al regreso, según ha dado a entender, su cuñada le sorprendió y ella oyó como gritaba: “¡Joël, Joël!”. “No me di cuenta en ese momento, fue mi hija quien me lo contó luego”, ha relatado.

Ahora, sin embargo, muchos elementos cobran sentido. Como la muñeca que encontraron a su hermano [el cirujano coleccionaba muñecas de niños y niñas a las que acoplaba objetos sexuales]. “Se llamaba Verónica. Y cuando éramos pequeños, mi madre era asistente maternal y cuidaba a un bebé en casa que se llamaba Véronique”, ha lanzado dejando sobrecogida a la sala ante la posibilidad de que alguien abusara en aquella época también del recién nacido.

El acusado, cada vez que ha hablado alguno de los testigos, especialmente cuando le han interpelado, ha tenido oportunidad de intervenir. Pasadas las 16.00, Joël Le Scouarnec se ha dirigido a su hermana con una voz grave y débil: “Quiero decir a mi hermana, que me preguntó por qué soy un pedófilo criminal, que no lo sé. He pensado mucho, he hablado con muchos psicólogos durante años y todavía no lo sé. Pero estoy seguro, y lo repito con toda sinceridad, nunca sufrí ninguna agresión [su hermana le había preguntado si su padre había abusado de él]. Quiero decir a Annie que, sinceramente, estoy desolado, por Priscilla [la sobrina], y por ti, por haber causado todo este sufrimiento. Te he visto expresarte hoy. Perdóname por haber hecho todo esto”.

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Sobre la firma

Daniel Verdú
Nació en Barcelona pero aprendió el oficio en la sección de Madrid de EL PAÍS. Pasó por Cultura y Reportajes, cubrió atentados islamistas en Francia y la catástrofe de Fukushima. Fue corresponsal siete años en Italia y el Vaticano, donde vio caer cinco gobiernos y convivir a dos papas. Corresponsal en París. Los martes firma una columna en Deportes
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