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España se desengancha del carbón y las emisiones de efecto invernadero se desploman

El dióxido de carbono expulsado por el sector eléctrico cayó en 2019 más de un 33%

Una mina de carbón cerrada en Cerredo, Asturias.
Una mina de carbón cerrada en Cerredo, Asturias.

España ha dado un salto de una década en solo un año. Y algo que el Gobierno proyectaba para 2030 —el fin del uso del carbón para generar electricidad en el país— prácticamente ha ocurrido durante 2019. El país se ha desenganchado del carbón y, como consecuencia directa, las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero, del sector de la generación de electricidad han descendido un 33,3% en el año que acaba de terminar, según los datos avanzados por Red Eléctrica de España a EL PAÍS. 

El carbón que se usa en las centrales térmicas ha sido durante décadas una de las principales fuentes para generar electricidad. Pero 2019 ha sido el año en el que España le ha dado la espalda a este combustible fósil que, cuando se quema, expulsa el CO2 que calienta el planeta. El 1 de enero de 2019 se certificó el fin de la minería dentro del país debido a la falta de rentabilidad de los yacimientos nacionales y a la normativa de la Unión Europea que veta las ayudas estatales a esta actividad. La previsión era que, pese a ese cierre, las centrales térmicas españolas que emplean carbón de importación —las que están ubicadas en la costa y se alimentan a través de buques— siguieran operando durante varios años. De hecho, sus propietarias habían realizado millonarias inversiones para adaptarse a los nuevos estándares de emisiones contaminantes que entran en vigor este año en Europa.

Sin embargo, la generación de electricidad con carbón se ha desplomado y 2019 ha sido el año en el que menos energía se ha producido en las térmicas desde que hay registros —los de Red Eléctrica de España arrancan en 1990—. No llega ni al 5%. Es un 85,6% menos que en 2002, cuando se alcanzó el pico en la generación de electricidad con este contaminante combustible en España. Además, el sistema peninsular vivió este 2019 por primera vez cinco días —14, 21, 22, 24 y 25 de diciembre— sin necesidad de generar electricidad con carbón.

Tras este abandono del carbón hay varios factores que han hecho que a las compañías eléctricas ya no les salga rentable mantener en funcionamiento estas centrales térmicas. De hecho, la situación es tal que un reciente informe elaborado por el grupo de expertos Carbon Tracker cifraba en 992 millones las pérdidas que tendrían a finales de 2019 las eléctricas propietarias de las centrales españolas.

Emisiones de CO2

de la generación

de electricidad en España

Datos en millones de toneladas de CO2

110,93

97,5

86

79,7

77,2

81,7

74,5

64,6

66,8

66,2

66,1

63,1

43,1

2007

09

11

13

15

17

19

Fuente: Red Eléctrica de España

EL PAÍS

Emisiones de CO2 de la generación

de electricidad en España

Datos en millones de toneladas de CO2

110,93

97,5

86

79,7

77,2

81,7

74,5

64,6

66,8

66,2

66,1

63,1

43,1

2007

09

11

13

15

17

19

Fuente: Red Eléctrica de España

EL PAÍS

Emisiones de CO2 de la generación de electricidad en España

Datos en millones de toneladas de CO2

110,93

97,5

86

81,7

79,7

77,2

74,5

64,6

66,8

66,2

66,1

63,1

43,1

2007

09

11

13

15

17

19

Fuente: Red Eléctrica de España

EL PAÍS

España se desengancha del carbón y las emisiones de efecto invernadero se desploman

Uno de los factores determinantes es el mercado de derechos de emisiones de la UE. Tras casi tres lustros se ha conseguido que el precio que tienen que pagar las centrales eléctricas por el CO2 que expulsan suba lo suficiente para desincentivar el uso de este combustible fósil. Durante 2019 el precio de la tonelada de CO2 ha estado en 25 euros, lo que ha hecho que la generación con carbón en muchos países europeos no sea rentable frente a otras opciones como la producción con gas natural o las renovables.

El mercado de derechos de emisiones ha resultado finalmente un instrumento útil en la lucha contra el cambio climático en Europa; el problema es que todavía no han conseguido sentar unas bases para el comercio de derechos de emisiones mundial, como quedó patente en la Cumbre del Clima que se celebró en diciembre en Madrid.

La bajada del precio del gas natural también ha influido este 2019 en la caída del carbón, además de la implantación de más renovables. La instalación de energías limpias creció un 10% durante el pasado año en España. El 36,8% de la electricidad generada en nuestro país fue renovable y el 58,6% fue libre de emisiones de CO2 —es decir, renovables más nuclear—, según Red Eléctrica.

Todos estos factores han hecho que el sector eléctrico español haya cerrado el año con algo más de 43 millones de toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera, lo que supone un 33,3% menos que las 64,5 millones expulsadas en 2018. El dióxido de carbono es el principal gas de efecto invernadero y el sector eléctrico supuso el 17% de todas las emisiones de la economía española. Lo previsible es que el desplome del CO2 de la generación de electricidad implique una caída del global de las emisiones de 2019. Pero todavía habrá que esperar para saber cómo se ha comportado el sector del transporte (principalmente los automóviles y camiones), que acumuló en 2018 el 27% de las emisiones de efecto invernadero, y la industria, el 19%. En los últimos años, las caídas en el sector eléctrico se han visto compensadas por incrementos de las emisiones del transporte.

Planes de empleo urgentes

El adelanto del cierre de las centrales de carbón, que no estaba previsto en principio por el Gobierno hasta la próxima década, está generando ya movilizaciones en las zonas afectas por el cierre de la mayoría de las 15 centrales españolas. Por ejemplo, en la comarca que rodea a la central térmica de As Pontes (A Coruña), la más potente del país. Esta instalación —que en los últimos años ha figurado en el listado de las 20 fábricas que más gases de efecto invernadero emiten a la atmósfera en la UE— estaba previsto que siguiera funcionando durante la próxima década. Pero el aumento de los precios del CO2 y las condiciones del mercado han hecho que su propietaria, Endesa, la haya tenido parada durante este 2019, algo que no había ocurrido nunca hasta ahora. De hecho, la eléctrica ha pedido permiso al Gobierno para cerrar definitivamente la instalación. El cierre definitivo, según Endesa, no se finalizará hasta dentro de 18 meses: la central cuenta aún con 800.000 toneladas de carbón en sus almacenes. La compañía eléctrica intentaba así tranquilizar a los trabajadores, que ya se han manifestado en varias ocasiones contra el cierre.

En su acuerdo de gobierno PSOE y Podemos se han comprometido a desarrollar “planes de acción urgente para las comarcas afectadas por el cierre de centrales de carbón y centrales nucleares con calendario conocido”. El objetivo es “asegurar nuevas oportunidades de empleo en las comarcas afectadas”. Por su parte, el BNG y Teruel Existe han supeditado también su apoyo a Pedro Sánchez a que se desarrollen planes de “transición justa” en las zonas afectadas.

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