La crisis del coronavirus

Ya nadie piensa en salvar la Navidad

Con algunas discrepancias en la flexibilidad de las medidas, tanto Gobierno como comunidades quieren unas fiestas contenidas, pero sin impedir que las familias se reúnan

Un vendedor acondiciona su puesto en el mercadillo navideño de la Plaza Mayor de Madrid, este viernes.
Un vendedor acondiciona su puesto en el mercadillo navideño de la Plaza Mayor de Madrid, este viernes.Marta Fernández Jara / Europa Press

La obsesión por “salvar la navidad” parece descartada. Si por salvarla se entienden cenas multitudinarias, abrir la hostelería sin restricciones o levantar la mayoría de limitaciones vigentes. Más allá de pequeñas discrepancias en las medidas —6 o 10 personas en las reuniones, contando niños o sin computarlos, media hora arriba o abajo el toque de queda—, tanto el Gobierno como las comunidades autónomas comparten una estrategia muy similar, que están tratando de consensuar para lanzar un mensaje común a la ciudadanía. Van con pies de plomo para que no suceda lo mismo que en el verano, cuando se incubó y comenzó la segunda ola que ahora se está rebajando. Tanto autoridades como epidemiólogos comparten que, a pesar de todo, el riesgo de un rebrote —incluso de una tercera ola tras las fiestas— es elevado; pero son pocos los que proponen medidas todavía más restrictivas, como podría ser un confinamiento total que impidiera reunirse a las familias. El destino de la curva queda, pues, en buena medida, en manos de los ciudadanos y las precauciones que tomen en los reencuentros.

La mayoría de los expertos consultados coinciden en que más que el detalle de las limitaciones, lo importante es transmitir un mensaje claro: esta Navidad es distinta, hay que renunciar a mucho de lo que se hacía durante otros años. No se trata tanto de una cuestión de si deben sentarse en torno a una mesa 6 personas o 10, sino de qué núcleos procedan y qué cautelas tomen antes, durante y después de las comidas familiares.

La idea de salvar económicamente el verano no solo costó salud; también dinero en forma de más restricciones durante más tiempo. Desde ese punto de vista, Raymond Torres, director de Coyuntura y Análisis Internacional de Funcas, cree que lo mejor es mantener restricciones al menos hasta finales de año, hasta que los contagios bajen hasta “niveles razonables”. “Seguro que esto incide negativamente sobre la economía, pero mucho menos que una pronta apertura que inevitablemente obligaría a cerrar en enero con consecuencias mucho más perjudiciales sobre el consumo, la movilidad y la actividad”. Desde el ángulo estrictamente económico, opina que incluso deberían continuar las limitaciones de movilidad entre comunidades autónomas.

A las navidades se llega en un escenario distinto al del verano. Mucho más crítico: la incidencia acumulada en los 14 días previos era el 21 de junio de ocho casos por cada 100.000 habitantes; el pasado viernes, de 307. Si la curva fue subiendo lentamente durante el estío, una Pascua mal gestionada puede trasladarse en pocos días a una curva disparada. Porque, por mucho que la incidencia caiga de aquí a la última semana de diciembre, es de prever que los niveles estén todavía en lo que las autoridades sanitarias europeas y españolas consideran “riesgo alto” o “extremo”. Lo explica Alberto Infante, profesor emérito de la Escuela Nacional de Sanidad-Instituto de Salud Carlos III de Madrid: “En España, tanto el Gobierno como las comunidades decidieron una estrategia de caída suave, evitar un confinamiento total y relativamente corto, para poner en marcha restricciones durante más tiempo. Esto tiene una ventaja hipotética: afecta menos a la economía, algo que está por ver. Tiene un coste cierto: un número de fallecidos muy alto [noviembre ha sido el segundo mes con más mortalidad tras abril]; y otro probable: mayor riesgo de rebrote porque nos movemos en un suelo más alto”.

Es un riesgo que está ahí y nadie sabe muy bien el precio que se puede llegar a pagar por asumirlo. Fernando Simón, portavoz del Gobierno en la pandemia, aseguró en su última comparecencia, el pasado jueves, que “alguna incidencia” tendrán las navidades. “A ver cómo nos portamos. Esperemos que sea la menor posible”, cerró. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dicho este sábado en un mensaje dirigido a la militancia socialista que “en estas navidades es necesario anteponer la precaución sanitaria a cualquier otro propósito. Regalemos seguridad a aquellos a quienes queremos”. “Los próximos seis meses serán determinantes. Asistiremos a una etapa crítica de la pandemia coincidiendo con las primeras vacunaciones masivas”, ha añadido.

Por lo que van anunciando los países del entorno europeo, todos asumirán ciertos riesgos, al menos las dos fechas más señaladas del calendario: Nochebuena y Nochevieja. Ya sea permitir reuniones que estaban vetadas, alargar toques de queda o consentir desplazamientos para que las familias se reencuentren. Esto, a pesar de que el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés) ha alertado de que no se deben relajar las restricciones. En un informe publicado esta semana concluye que, si las medidas vigentes actualmente se derogaran el 21 de diciembre, la tercera ola llegaría de nuevo al sistema sanitario con gran rapidez. Lo cierto es que aunque los Gobiernos están tratando de dar cierta flexibilidad, ninguno aboga por olvidar las limitaciones por completo.

En España, un equipo de trabajo de Sanidad y las comunidades acerca posturas con la base de un borrador que se filtró esta semana y que establecía reuniones de un máximo de seis personas, toques de queda el 24 y el 31 a la una de la madrugada, como recomendaciones más importantes. El ministro Salvador Illa dijo esta semana que para el próximo Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, el miércoles, esperaba que hubiera un acuerdo de recomendaciones comunes, que siempre podrían ser moduladas por los Gobiernos regionales en función de la incidencia en sus territorios. La postura más flexible la presenta Madrid, que quiere que la limitación de la movilidad nocturna empiece a la 1.30 y que las reuniones puedan ser de 10 personas. La mayoría de las comunidades se alinean, con algunos matices, con el borrador del ministerio. En sus manos estará mantener los cierres perimetrales que la mayoría tienen vigentes o abrir, ya sea durante todas las fiestas o en días concretos para permitir la vuelta a casa de quienes viven fuera. Las ideas van desde Andalucía, que ha planteado algún protocolo para los andaluces de fuera, hasta la Comunidad Valenciana, que planea abrir solo en los festivos más señalados.

Como apunta Óscar Zurriaga, vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología, no se está apostando tanto por salvar la economía, sino que está pesando “el papel emocional”. “Llevamos un año duro, como para aceptar que no nos podemos encontrar en Navidad; mucha gente solo se ve entonces. Pero se producirán reuniones en espacios cerrados, con no convivientes y escasas probabilidades de que se respeten las medidas de seguridad”. No aventura predicciones, pero se atiene a la experiencia: “Hemos visto que cuando comenzaron las vacaciones de verano y otros movimientos de vuelta de vacaciones, como el inicio de las universidades hemos tenido incrementos. Entraría dentro de lo probable que volviera a suceder”. En su opinión, enfoques como si los niños deben contar o no son “equivocados”. “El problema no es el número, sino el riesgo. A lo mejor en lugar de cenas en sitios cerrados deberíamos intentar hacer comidas en lugares abiertos”, ejemplifica.

En la misma línea, Jesús Molina Cabrillana, de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, es escéptico con las medidas concretas. “Supongo que serán disuasorias, pero es imposible hacerlas cumplir porque nadie va a revisar qué sucede en cada casa. El mensaje debería ser que las navidades tienen que ser distintas, que las celebraciones tienen que hacerse con los convivientes y que no puedes cambiar de grupos porque va a aumentar la transmisión”. Otros, como Saúl Ares, científico del Centro Nacional de Biología del CSIC sí creen que van por el buen camino: “Será fundamental evitar un descontrol que podría llevar a un enero negro. En ese sentido, medidas como la limitación del número de personas en reuniones, aunque dolorosas, me parecen correctas, necesarias y eficaces. Toques de queda en fechas señaladas también me parecen una buena idea, más por su efecto psicológico y disuasorio que por la medida en sí. Sería muy importante también una campaña informativa y de concienciación sin fisuras desde las Administraciones. Salvar las navidades consiste en pasarlas sin contagiarnos nosotros ni contagiar a nuestros seres queridos.

No pocos epidemiólogos ven “inevitable” una tercera ola. O, al menos, muy probable”. “Al margen de lo que digan unos y otros, y de lo que permita o no tu comunidad autónoma, lo que se puede decir es: cuanto menos (desplazamiento, reuniones, tamaño reuniones...), mejor. Aun así, todos [los epidemiólogos] creemos que después de Navidad vendrá otro repunte”, señala Ana María García, catedrática en Salud Pública de la Universidad de Valencia. Esta posibilidad tiene muchas papeletas tras movimientos masivos de personas y comidas y cenas en lugares cubiertos y reuniones familiares, precisamente el lugar donde el virus está propagándose con más fuerza. García ve una ventaja con respecto al verano: “La población está más escarmentada y tendrá más cuidado”.

Es más optimista Ildefonso Hernández, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública, que cree que todo dependerá de si la “gente se toma en serio” los mensajes. “La población ha dado sorpresas. En Madrid fue su comportamiento el que disminuyó la incidencia antes de que llegaran las medidas. Hay una dinámica sociológica que a veces responde por su cuenta y nos puede sorprender en positivo”.

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