MAR MENOR

La degradación del mar Menor se cronifica: tardará décadas en recuperarse

El proceso será muy complejo sobre todo si continúan llegando a la laguna nutrientes de los abonos usados en la agricultura, advierte un informe del Instituto Español de Oceanografía encargado por el Gobierno

Operarios retiran algas en una playa del mar Menor en junio.
Operarios retiran algas en una playa del mar Menor en junio.Europa Press

El Mar Menor se ha convertido en un ecosistema muy degradado, “extremadamente inestable y vulnerable a múltiples factores” debido a un proceso de eutrofización ―incremento de sustancias nutritivas que provoca un exceso de fitoplancton―, concluye un estudio en profundidad sobre las causas del deterioro de la laguna y las posibles soluciones realizado por el Instituto Español de Oceanografía (IEO). El motivo principal de este proceso destructivo, que se está cronificando, es la gran cantidad de nutrientes (sobre todo nitratos y también fosfatos y amonio) que llega al mar Menor desde la década de 1980, sobre todo procedente de los abonos utilizados en la actividad agraria del Campo de Cartagena, puntualizan los científicos. Los vertidos de aguas residuales urbanas, que también han afectado a la calidad de las aguas, están “prácticamente suprimidos”, aunque se continúan produciendo en episodios de lluvia u otros puntuales.

El documento Informe de evolución y estado actual del mar Menor en relación al proceso de eutrofización y sus causas, encargado por la Dirección General de la Costa y el Mar del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), analiza el estado actual de este mar, aboga por una solución “multidisciplinar” y advierte de que se necesitarán “décadas” para su recuperación. Algo que se logrará “siempre y cuando las medidas adoptadas impliquen una reducción significativa de los aportes externos de sedimentos y nutrientes a corto, medio y largo plazo”, aclara el informe publicado este miércoles.

La laguna ya estaba enviando señales de socorro en esta década. Antes del episodio de fitoplancton de 2015, que explotó en 2016 cuando la laguna se volvió verde y murió el 85% de las praderas marinas, los valores máximos de clorofila en algunos puntos como en la rambla del Albujón [punto de entrada de gran cantidad de agua con nitratos] “ya alertaban del riesgo de eutrofización”. A partir de entonces, se han alcanzado niveles máximos puntuales de fitoplancton “no registrados hasta ahora”. Una circunstancia que evidencia la inestabilidad del sistema que puede responder a cualquier alteración de sus condiciones físico-químicas, como ya ocurrió tras la Dana de 2019 [cuando murieron miles de peces].

Aquellas dantescas imágenes de varias playas cubiertas de peces y crustáceos asfixiándose provocaron una reacción ciudadana sin precedentes en la zona, que se plasmó en una manifestación por las calles de Cartagena (213.000 habitantes) que se calificó de histórica. Asistieron a la concentración 55.000 personas, según la Policía Nacional. En el momento de redacción del informe ―publicado este martes― no existía riesgo de anoxia (falta casi total de oxígeno), especifican los científicos. Además, inciden en que, aunque no se puede descartar, es complicado que se conjuguen todas las condiciones de ese episodio.

En busca de una actividad “sostenible”

En cuanto a la restauración de los arenales de la zona, el informe advierte de que la reparación de daños por fenómenos meteorológicos o por la acumulación de fangos no recuperará el sistema. Estas iniciativas significan “más bien la optimización del uso de las playas para el turismo”. Las medidas locales deben ser “sostenibles” para que su impacto sobre los hábitats superficiales sea “mínimo” o “nulo”. El mal estado de muchas de las playas, sobre todo en la zona sur y este, unido a la crisis del coronavirus, está provocando que tanto vecinos como turistas las eviten y escojan las del mar Mediterráneo, con el consiguiente impacto económico.

El IEO propone una mejora de las prácticas agrícolas y soluciones basadas en la naturaleza como, por ejemplo, la recuperación de cauces, reducción de la erosión, incremento de la cobertura vegetal, protección y recuperación de humedales periféricos o construcción de otros artificiales en combinación con sistemas de filtrado de nutrientes. Las mejoras pueden ir acompañadas de actuaciones biológicas con restauración de bivalvos, angiospermas marinas o nacras. Para ello, es fundamental “identificar y cuantificar” las fuentes de entrada de los nutrientes, porque faltan datos. Ya “existe un cierto conocimiento sobre los aportes de aguas subterráneas” [los del acuífero del cuaternario con gran cantidad de nutrientes procedentes de la agricultura], pero queda por determinar “de forma más precisa el aporte de ganadería y agricultura por unidad de territorio”.

El informe aborda el calentamiento del agua, con un aumento de temperatura de 1,35 grados de 2012 a 2018, como un factor que podría contribuir al colapso del sistema y a su capacidad de recuperación. La contaminación química y por metales pesados, procedentes de vertidos de la minería de la sierra de La Unión y Cartagena, también preocupa debido a que aunque la actividad ha parado siguen produciéndose debido a la escorrentía y a la erosión. En cuanto a la construcción de infraestructuras en la costa desde 1960 (puertos deportivos, playas artificiales o diques), el estudio advierte de que pueden provocar un importante deterioro ambiental de la zona costera, al que no se debe restar importancia, pero son poco relevantes en el proceso de eutrofización.

El poco celo para evitar la degeneración de la laguna que han mostrado “las diferentes Administraciones durante décadas” lleva a plantearse a los investigadores que se podrían necesitar medidas provisionales “de carácter paliativo”, hasta que las que se tomen en origen generen un “efecto real sobre la laguna”. Advierten del efecto pernicioso que podrían tener algunas de ellas como la ampliación de los canales de comunicación con el Mediterráneo, conocidos como golas, o las medidas dirigidas a oxigenar las aguas en caso de anoxia. “No son soluciones óptimas para resolver el problema lagunar”, zanjan.

PP, PSOE y CS acuerdan ampliar la franja sin fertilizantes a 1.500 metros

En este escenario, los grupos parlamentarios del PP, PSOE y Ciudadanos han cerrado este miércoles un acuerdo definitivo sobre el artículo 29 del proyecto de Ley de Protección y Recuperación del Mar Menor ―en tramitación― que establece los usos agrícolas en la zona más próxima a la albufera. El decreto ley que actualmente está en vigor establecía una franja de 500 metros que debe quedar libre de cultivos, y los tres partidos han acordado ampliarla a 1.500 metros. En esa área quedará prohibido el uso de todo tipo de fertilizantes, estiércoles no compostados o abono en verde, y la implantación de nuevos invernaderos o la ampliación de los existentes. Se permitirá solo la agricultura ecológica, sostenible y de precisión en riegos que estén consolidados y que no excedan los 170 kilos de nitratos por hectárea al año.

Para el portavoz parlamentario del PP, Joaquín Segado, el consenso en este punto supondrá un “paso definitivo” para “avanzar hacia un modelo de agricultura sostenible y respetuosa del medio ambiente”. Diego Conesa, portavoz del PSOE, ha insistido en que los socialistas defendieron desde un primer momento que la franja de 500 metros era “claramente insuficiente”. Por su parte, el portavoz de Cs en la Asamblea Regional, Juan José Molina, ha destacado el papel de su partido para lograr que dos partidos con posturas “antagónicas” como PP y PSOE hayan llegado a un acuerdo que permitirá la “coexistencia y compatibilidad” de agricultura y medio ambiente. Del total de enmiendas que se van a presentar en el trámite parlamentario de esta ley, PP, PSOE y Cs han pactado el 80% de ellas.




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