La crisis del coronavirus

Salvador Illa: “Visto lo visto, todos llegamos tarde a esto”

El ministro de Sanidad defiende con firmeza la actuación del Gobierno. Insiste en que se hizo lo que había que hacer en cada momento con los datos que se tenían

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, en su despacho. Samuel Sánchez

Cuando Salvador Illa (La Roca del Vallès, Barcelona, 54 años) tomó posesión como ministro de Sanidad, el pasado 13 de enero, un virus recién descubierto se expandía sin control por la ciudad china de Wuhan. Llegó a un departamento despojado de buena parte de sus competencias, troceado entre tres para poner al frente de Consumo y Asuntos Sociales a dos miembros de Unidas Podemos. Licenciado en Filosofía, con un máster en Economía y Dirección de Empresas, fue alcalde de su ciudad, pero carecía de experiencia sanitaria. Curtido en el PSC (Partido Socialista de Cataluña), aterrizó en Madrid con la etiqueta de ser parte de la cuota catalana del Ejecutivo, con un papel casi más relevante en la mesa de negociación del procés que en lo que se veía como un ministerio de poco peso.

Dos meses después la situación había dado un vuelco. El virus había llegado a España. Illa se convertía en el ministro con más poder en la historia de la democracia española y gestionaba una crisis sanitaria de una magnitud inaudita. Recibe a EL PAÍS el viernes por la tarde, se reconoce cansado y sonríe cuando se le pregunta si, como Fernando Simón, está agotado. “No me extraña que él lo esté con este ritmo… Pero salen fuerzas, no sabes bien de dónde”. Lleva desde marzo recluido en Madrid, sin ver a su familia, que vive en Cataluña. En el poco tiempo que le deja la gestión de la crisis su única concesión a la vida personal es la videoconferencia diaria con su esposa y su hija.

Defiende con firmeza la actuación de su departamento y del Gobierno. Insiste en que se hizo lo que había que hacer en cada momento con los datos que había. Le molesta que cuando las cosas van mejor, “haya quien intente hacer ruido”. Sin embargo, no quiere polemizar con otros dirigentes ni otros partidos. Su labor, dice, es gobernar, y será juzgado por sus hechos, no por sus palabras.

Pregunta. ¿Cuál ha sido el peor momento en esta crisis?

Respuesta. Ha muerto alguna persona cercana y esos son momentos duros. Ha sido un ritmo tan frenético de toma de decisiones en los que era peor no decidir que decidir, cometiendo a veces alguna imperfección o apurando la decisión, es decir, no tenías tiempo de esperar.

P. ¿En algún momento ha sentido frustración por no poder hacer más?

R. Sí. Cuando había que traer con urgencia equipos de ventilación mecánica invasiva, cuando había que comprar, reforzando la actividad de las comunidades, equipos de protección individual.

“Cuando las cosas empiezan a ir bien, algunos se dedican a hacer ruido”

P. El día 21 acaba el estado de alarma. ¿Puede esto contribuir a que se descontrole la epidemia?

R. Efectivamente, el día 21 se puede levantar en todo el territorio nacional. O incluso antes en los territorios en fase 3 cuyos responsables autonómicos tienen la facultad para hacerlo. Prevemos que irá bien. Ahora, si viéramos que no es así, habría que adaptarse a las nuevas circunstancias.

P. ¿Qué destaca del decreto que se aplicará en la nueva normalidad?

R. Hasta que no se derrote definitivamente el virus —cuando tengamos disponible una vacuna o una terapia eficaz—, pensamos que hay que tomar precauciones y aprender a convivir con él. Mascarilla, distancia interpersonal, lavado de manos, higiene de espacios públicos y privados. Son las cuatro cosas que hay que hacer.

P. ¿Puede explicar los cambios de criterio sobre las mascarillas?

R. Una gran lección de esta pandemia es la humildad. No sabíamos muchas cosas de este virus y hemos ido aprendiendo. Al principio las recomendaciones respecto a las mascarillas eran las que eran: un uso recomendable, incluso ni tan siquiera eso. Luego se fue recomendando y, al final, vimos que era un elemento que merecía la pena hacer obligatorio, también cuando ha habido estudios más contundentes.

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P. El doctor Simón dijo que no había mascarillas para todos. ¿En caso de tenerlas hubiera cambiado la recomendación?

R. Son las dos cuestiones. Es verdad que no había mascarillas al principio, pero también que no las había porque no se estimaba necesario. Si se hubiera estimado necesario, se habrían activado todos los mecanismos para tenerlas. El mercado enloqueció completamente con una demanda muy superior a la oferta.

P. ¿Han creado ya la reserva estratégica de material sanitario que anunció el presidente?

R. Las comunidades están teniendo ya un abastecimiento de material y nosotros estamos también dimensionando lo que necesitamos y acumulando para una eventual segunda oleada, que ponemos también todo el empeño para que no venga.

P. ¿Dónde está esa reserva y qué capacidad tiene?

R. No puedo darle datos, todavía estamos trabajando, veremos dónde es más preciso.

P. ¿Se contemplan escenarios en los que haya que confinar a la población tras nuevos brotes?

R. Ya ha habido brotes y se han detectado. Hemos visto que los sistemas de detección precoz han funcionado. Por ejemplo, en Totana se acordó una regresión de fase y en Ceuta el consejero solicitó permanecer en fase 2 por un brote. Si hay que tomar acciones más contundentes en el sentido de obligar a confinamientos muy quirúrgicos, habrá que hacerlo.

P. ¿Se puede hacer sin estado de alarma?

R. En el municipio tinerfeño de Adeje hubo que confinar a 800 ciudadanos de otros países. Con las competencias en salud pública de las comunidades autónomas, es decir, legislación ordinaria, se puede hacer, pero tienen que ser confinamientos muy quirúrgicos.

P. ¿Por qué no sabemos todavía cuántas personas en residencias de mayores han fallecido?

R. En las cifras de fallecidos que damos están computadas las personas que están en residencias que han fallecido y que han dado positivo con PCR. El 5 de marzo aprobamos un protocolo para las residencias, que han sido un foco importante de infección. Nos lo tomamos muy en serio. Hemos solicitado información de comunidades autónomas. Cuando tengamos todo esto bien analizado, lo daremos a conocer.

“La unidad salva vidas, salva empleos y empresas. Eso es lo que hace falta”

P. Tanto usted como el doctor Simón han dicho que hay comunidades que no han facilitado todavía los datos. ¿Cuáles son?

R. No he entrado ni voy a entrar en ningún tipo de reproche a las comunidades. Me consta que todas hacen las cosas lo mejor que pueden y saben.

P. ¿Qué les impide a estas comunidades entregar los datos?

R. No lo sé. Tampoco quiero entrar. Ha habido que reaccionar muy rápido, movilizando recursos para atender situaciones muy extraordinarias.

P. Hubo algunas residencias que desde finales de febrero vieron venir el peligro, se cerraron al exterior y evitaron brotes. Esto nos dice que se pudo hacer más. ¿Por qué no se actuó antes en los grupos más vulnerables?

R. En el protocolo del 5 de marzo se dice lo que hay que hacer en las residencias. Ahí está fijado cómo hay que actuar.

P. Quizá era tarde.

R. Bueno, el 5 de marzo en España le puedo mirar los casos, pero no había más de 261.

P. Detectados, pero se sospechaba que podía haber más.

R. Los detectados el 5 de marzo eran 261. Yo creo que ese día se dijo muy claramente lo que había que hacer en las residencias.

P. ¿Necesita el Sistema Nacional de Salud mejoras?

R. Necesita ser reforzado, más inversión. Veníamos de unos años de crisis en que ha habido recortes. Hemos descubierto la necesidad y la bondad de un sistema nacional de salud pública como el que tenemos. Una lección es que hay que reforzarlo, potenciarlo, dedicarle más recursos, cuidar a los que nos cuidan cuando estamos enfermos, dándoles los medios que necesitan.

P. ¿Conoceremos algún día cuántas personas han muerto a causa del coronavirus en España?

R. Sí. Nosotros estamos dando dos tipos de datos: personas fallecidas con diagnóstico por PCR y las cifras de monitorización de la mortalidad. Hay voluntad de total transparencia. Ahora estamos en la fase de ajustar y revisar toda la serie de casos y de personas fallecidas. Con el tiempo se hará un estudio que revise y actualice todo. Claro que se va a conocer. Los primeros interesados en tener una foto exacta de lo que está pasando somos nosotros.

P. Hay comunidades que reportan muertes que al día siguiente en el informe de Sanidad no aparecen. El Financial Times afeó al Gobierno que estaba maquillando las cifras y la oposición les acusa de ocultar muertes. ¿Es así?

R. No, en absoluto. Seguimos el criterio marcado por los expertos, en esta fase lo relevante es conocer dos cifras: los nuevos contagiados y los fallecidos en los últimos siete días, son los datos que permiten ver cómo evoluciona la epidemia. No hay ninguna labor de ocultación, hay una voluntad de transparencia y de informar con aquellos datos más adecuados a la etapa epidemiológica. Las comunidades autónomas a veces no aportan los parámetros fundamentales para nosotros. Estamos haciendo un esfuerzo de explicación y ajustando la serie, todos los países lo tendrán que hacer.

P. ¿No habría sido mejor no dar estos nuevos datos hasta que el sistema estuviera refinado?

R. Hubiera sido más cómodo, no sé si mejor. Me sorprende que cuando las cosas comienzan a ir bien aumenta el ruido. Saquen ustedes conclusiones.

P. Se puede ir a terrazas y a restaurantes, pero los niños no vuelven a los colegios. ¿Por qué?

R. La educación es una competencia autonómica. En la fase 2 ya se permitía, bajo ciertas condiciones y en algunos tramos de edad. Son las comunidades las que tienen que ir tomando sus decisiones al respecto.

“La educación es una competencia autonómica. Son las comunidades las que tienen que ir tomando la decisión de que los niños vuelvan a los colegios"

P. ¿Por qué España es uno de los países donde el coronavirus ha sido más letal?

R. España es uno de los cinco con más tráfico de personas. Recibe 83 millones de visitantes al año, es un país abierto, seguramente es una de las razones de que aquí la pandemia se haya vivido con mucha intensidad.

P. ¿Cuándo le comunicaron que el virus podía convertirse en un problema serio para España?

R. Vemos que hay transmisión comunitaria y por tanto que hay que aplicar medidas de distanciamiento social el 9 de marzo. La OMS declara la pandemia el 11 y el día 12 el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) decreta que en Europa hay transmisión comunitaria que pone en riesgo los sistemas de salud. Nosotros ese día ya cumplimos todas las recomendaciones internacionales y, además, las aumentamos con el decreto del estado de alarma. Ha sido uno de los confinamientos más estrictos de Europa y ha permitido doblegar de forma rápida la curva.

P. Informalmente supo del aumentos de casos el día 8 por la tarde noche. ¿Cómo le avisaron?

R. Recibimos una llamada: “Mañana vamos a comunicar un incremento importante de casos, entendemos que hay que tomar medidas de distanciamiento social: supresión de actividad educativa, de grandes eventos”. El lunes a primera hora tengo una reunión telemática con la consejera del País Vasco y a mediodía con el consejero de Madrid. Adoptan decisiones, porque les corresponden a ellos, que se refuerzan el jueves 12 al conjunto del país y que culminan en el decreto de estado de alarma el 14.

P. Por entonces solo se hacían pruebas a quienes estuvieran en contacto con positivos o vinieran de zonas de riesgo. De haber hecho más, se hubieran detectado más casos. ¿No debería el Gobierno haberse adelantado?

R. El Gobierno ha sido proactivo. Aumentamos la sensibilidad de la definición de caso la semana anterior para abrirlas a neumonías no filiadas.

P. Fue insuficiente, visto lo visto

R. Visto lo visto, todos llegamos tarde a esto. Todo Occidente. Esto es una obviedad. Pero España, Italia, Francia, Alemania, todos los países, EE UU, Brasil, todo el mundo ha llegado tarde. Es una cura de humildad para todos. Pero España actuó antes que otros, decretó el estado de alarma con un número de afectados y fallecidos inferior a otros países. Nosotros, el 5 de marzo teníamos 261 casos, Italia 3.089.

P. ¿Se arrepiente de haber permitido concentraciones multitudinarias como el 8-M y todas las que se produjeron esos días?

R. Acertar la quiniela del domingo el lunes no me interesa mucho. No voy a entrar en ese tipo de disquisiciones, no voy a perder un minuto. Se actuó como se tenía que actuar conforme a la información de la que se disponía en aquel momento, pero no voy a jugar a predecir el pasado; es demasiado sencillo.

P. ¿Se arrepiente de algo en la gestión de esta crisis?

R. Claro que ha habido cosas mejorables. Pero ni en política ni en la vida hay actitudes infalibles. Se trata de tener más aciertos que errores. En España tenemos la epidemia controlada hoy. Y me sorprende que, cuando las cosas empiezan a ir desde el punto epidemiológico bien, algunos se dediquen a hacer ruido. Yo no voy a entrar en reproches ni a responder provocaciones. Lo que reclama la sociedad es unidad. La unidad salva vidas, la unidad salva empleos, la unidad salva empresas. Hace falta esto. Hace dos años hubo una moción de censura. Esto nos ha llevado a constatar dos cosas: se ha acabado la impunidad, el uso inadecuado del dinero público; y dos, se han puesto en el centro de la acción del Gobierno las prioridades sociales. No es casualidad que ese aniversario coincida con el ingreso mínimo vital.

“Estamos previendo el escenario más adverso para evitar un nuevo colapso”

P. Hay una investigación de la Guardia Civil que ha acusado a su ministerio de errores, de mala praxis, incluso de intencionalidad en ciertas acciones. ¿Qué fundamento tienen esas acusaciones?

R. No voy a valorar ninguna investigación en curso. Pero todo el mundo sabe que el 8 de marzo hubo manifestaciones en todo el mundo, esto es un tema conocido. Se habla del informe del ECDC del 2 de marzo que decía que aquellos países que estaban en fase 3 o 4 tenían que adoptar medidas de distanciamiento social. España el día de este informe, y hasta el 9 de marzo, estaba en fase 1, no había transmisión comunitaria. Todo el mundo puede leer el informe entero y ver lo que dice.

P. También dice que una de las medidas para evitar la transmisión es evitar eventos masivos innecesarios. ¿No se pudo avisar de esto a la población, incluso sin desconvocar manifestaciones ni otros actos?

R. A nosotros nos dicen el número de casos de las comunidades autónomas. No nos proveyeron de esta información hasta el día 9 de forma oficial. Esto es así. Y en todo el mundo el 8 de marzo hubo manifestaciones. Y en muchas ciudades, y en Madrid en particular hubo otros eventos masivos ese día, masivos. Lo que le digo es que con la información que había en aquel momento se podía hacer.

P. Entre la gente, incluso por parte de la ministra Montero, había cierta preocupación. Hablábamos del peligro de juntarnos. ¿El Gobierno habló de la posibilidad de recomendar a la gente de no asistir a esos eventos?

R. No, si hubiéramos pensado que había que tomar esta decisión la habríamos tomado.

“Una gran lección de esta pandemia es la humildad. Hemos aprendido del virus”

P. ¿No hubo discusión?

R. Le estoy diciendo que estábamos en una fase de contención. Y hubo muchos otros eventos, de carácter musical, deportivo, oposiciones masivas, actos de partidos políticos. Es muy sencillo predecir el pasado. También muy injusto.

P. ¿Por qué España no tenía un stock almacenado para casos de emergencia o un protocolo para caso de pandemia?

R. La sanidad está descentralizada, las comunidades son las que hacen la acción de compra y lo siguen haciendo. Algunas tenían un stock superior que otras. Ante la situación que se avecinaba, reforzamos la acción de compra de las comunidades involucrando a todo el Gobierno lo más rápido que se pudo.

P. Algunas comunidades les acusan abierta o veladamente de impedirles hacer compras.

R. No es cierto. La prueba es que han comprado. Hay fotos de aviones y de material recepcionado.

P. ¿A la dificultad del mercado se sumó cierta inexperiencia del equipo de Sanidad, que solo gestionaba la Sanidad en Ceuta y Melilla?

R. No, porque fue el Gobierno el que compró. El vehículo fue Ingesa, pero fue el Gobierno, que tiene expertos muy buenos en comercio exterior, logística… Lo que explica esto es un mercado completamente roto, con una demanda complemente disparada y una oferta muy reducida y una competencia encarnizada para obtener el material de cualquier forma y a cualquier precio.

P. Sucedió que una vez acordada la compra de cierto material, por ejemplo en China, llegaba otro país con más capacidad económica y se lo robaba.

R. Hay algún episodio, sí.

P. ¿Por ejemplo?

R. No tengo los datos ahora… pero había una situación de mercado muy complicada.

P. La falta de material ha tenido especial repercusión en los sanitarios. No siempre han contado con protección y sufren una tasa de infección altísima. ¿Es uno de sus errores?

R. Hemos visto tres cosas esenciales de las que queremos tener reserva estratégica: de equipos de respiración, equipos de protección individual y test. No ha habido ruptura en medicamentos, pero hubo que hacer una gestión muy afinada de los stocks.

“Hubo una competencia encarnizada para obtener material”

P. Ha habido controversia con varios proveedores. ¿Cuántos contratos han resultado fallidos?

R. Yo di la indicación de comprar el producto necesario de la mejor calidad al mejor precio posible y traerlo a España lo antes posible. Esa es la indicación que dimos y creo que es la que había que dar. Y si alguien no está de acuerdo con esta instrucción que diga cuál habría dado él, si es que hubiera comprado a precio o solo a un proveedor.

P. ¿Están sus técnicos alertando de un rebrote en otoño-invierno? Y, de ser así, ¿puede garantizar que no nos veremos en el colapso que pasamos en marzo y abril?

R. Estamos trabajando previendo el escenario más adverso posible, justamente para evitarlo. Por tanto, claro que estamos tomando las medidas. Estoy seguro de que con lo que hemos aprendido, si todos nos comportamos como debemos, si tenemos una actitud de responsabilidad individual y no olvidamos que esto está todavía ahí hasta que no tengamos vacuna o terapia, esto lo vamos a poder evitar entre todos.

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