Las autonomías vuelven a las aulas tarde, sin consenso y con pocos alumnos

Las comunidades se han encontrado con la oposición de los profesores, que consideran que los centros no están preparados. Las familias dudan ante el regreso de sus hijos

Alumnos que han retomado las clases en el Centro Formativo Ortxarkoaga, en Bilbao.
Alumnos que han retomado las clases en el Centro Formativo Ortxarkoaga, en Bilbao.FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

Las aulas empezaron a reabrir el lunes en España con varios incendios. Después de 63 días sin clases presenciales, el regreso escolar ha sido muy minoritario y muy desigual, incluso dentro de las dos únicas comunidades que han dado el paso, debido, sobre todo, a la oposición de los sindicatos de profesores y los directores de centro, que consideran que no existen garantías de seguridad. En Galicia, solo han regresado los alumnos de 2º de Bachillerato y Formación Profesional y de forma voluntaria. En Euskadi, apenas ha vuelto a funcionar el 20% de los institutos entre amenazas de huelga de los docentes. Las otras nueve comunidades que tras haber pasado en su totalidad a la fase 2 del desconfinamiento podían hacerlo (otras tres regiones podrían haber reabierto los centros en parte de sus territorios), han preferido esperar. Y cuando lo hagan será para grupos muy reducidos de alumnos o solo para el curso final de Bachillerato. En Canarias, las críticas de los padres y las disensiones internas y con los sindicatos sobre la reapertura se han saldado con la dimisión de la consejera de Educación, María José Guerra.

El anuncio de que los centros podrían abrir para repasar al llegar a la fase 2 lo hizo el presidente Pedro Sánchez el 28 de abril. Mencionó específicamente a los últimos cursos de cada etapa, a los menores de seis años y, en genérico, a los alumnos de otros cursos que lo necesitaran de forma especial. La afirmación del presidente cogió por sorpresa a las comunidades, que son las que tienen la mayor parte de las competencias en educación y las que tienen que poner en marcha los centros, y que han demostrado no tener mucho interés por abrir ni, en todo caso, hacerlo para muchos estudiantes. Varias de ellas, que este lunes ya están en fase 2, ni siquiera han aprobado las instrucciones sobre cómo deberán hacerlo los centros, aunque esperan hacerlo de forma inminente. La Rioja, Aragón, Baleares, Navarra, Murcia, Extremadura y Asturias abrirán en los próximos días. Cantabria, dentro de dos semanas. Andalucía no reanudará la actividad hasta septiembre.

En manos de los centros

La falta de prisas se explica en gran medida por el fuerte rechazo que las comunidades se han encontrado por parte de los sindicatos de profesores y los equipos directivos, que consideran que no están preparados y que la mejora pedagógica que puede implicar no compensa el riesgo sanitario. La prueba más clara de ello es el País Vasco, cuyo Gobierno quiso marcar un perfil propio y presentó un ambicioso plan para reanudar la actividad presencial para 90.000 alumnos el 18 de mayo y, finalmente, se ha visto obligado a dejar en manos de los centros no solo la decisión de cómo articular las actividades de refuerzo —una opción muy extendida—, sino incluso permitirles elegir si abren o no antes de septiembre. Una cesión que también ha realizado La Rioja.

“Esto es un lío demasiado grande para el escaso beneficio que obtendrán los alumnos. Con las clases online nos estábamos arreglando muy bien”, aseguraba este lunes Javier Cortés, director del colegio Summa Aldapeta de San Sebastián. Eva Bajén, presidenta de la asociación regional de directores de Aragón, no cree que haya muchas tutorías de Bachillerato, “en mi instituto tienen controles cada 15 días y los profesores supervisan si están siguiendo bien la docencia a distancia”. Le preocupan más los alumnos de los primeros cursos “que no saben usar la tecnología, no se habitúan a este aprendizaje o tienen que compartir ordenador”.

“El curso debería haberse terminado telemáticamente y haber centrado los esfuerzos en el próximo. La reapertura con el poco tiempo que queda parece más una cuestión social y política que educativa. No aporta apenas y puede tener consecuencias para la salud”, afirma Raimundo de los Reyes, presidente de la asociación de directores de instituto Fedadi. “No ha dado tiempo para hacer obras ni adaptaciones en los centros, y no tenía mucho sentido pedagógico una vuelta como la que se planteaba”, prosigue Vicent Mañes, presidente de la federación de directivos de infantil y primaria Fedeip. “Éramos partidarios de empezar en septiembre. Los centros no tienen equipos de protección individual, y se ha encargado a los equipos directivos elegir las mascarillas, cuando no tienen formación para ello”, añade Francisco García, responsable de enseñanza de CC OO, el sindicato mayoritario.

Regreso a la carta

Las autonomías descartaron primero la vuelta de los menores de seis años hasta septiembre y han diseñado ahora un regreso muy moderado para el resto. En varios casos tienen que pedir cita previa, como en Aragón donde hay tutorías individuales. O los centros deciden qué alumnos pueden volver, en función de sus necesidades educativas. Y ello mientras expertos como Juan Manuel Escudero, catedrático emérito de la Universidad de Murcia, alertan de la dramática desigualdad que está produciéndose como consecuencia del cierre escolar.

La vuelta tan frugal se explica también porque, mientras la comunidad docente se ha opuesto frontalmente al regreso, las familias han mostrado poca firmeza en exigir la vuelta. Una encuesta del Gobierno de Navarra refleja que el 28,6% de los padres dejaría a sus hijos de Bachillerato volver al centro, frente a un 26,8% que no; el 44,5% restante no contestó. Leticia Vázquez, presidenta de la federación de familias de Andalucía Codapa apoya, por su parte, que la actividad presencial no se retome allí hasta septiembre. “En Andalucía fue una petición expresa de las familias por seguridad. Viendo imágenes de estos días, parece que a algunos se les olvida que llevamos casi 27.000 muertos a las espaldas”, mantiene.

Antes de ir a clase, termómetro

El Ministerio de Educación ha elaborado un protocolo de medidas de higiene y seguridad para los centros educativos de Ceuta y Melilla (que dependen del Gobierno) y lo ha remitido a las comunidades autónomas para que les sirva de referencia al elaborar sus instrucciones. El documento regula la reanudación de la actividad presencial de la fase 2, pero sus previsiones sirven de guía sobre cómo será la vuelta a las aulas en septiembre.

Entre ellas figuran las siguientes: los padres tendrán que tomar la temperatura de sus hijos antes de salir de casa, y si tienen fiebre no podrán llevarlos al colegio. Los alumnos y el personal escolar deberán usar mascarilla, preferiblemente reciclable, pero solo cuando no pueda asegurarse la distancia general de dos metros; es decir, que sentados en el aula podrán quitársela. La entrada al centro será en fila. Los autobuses escolares se desinfectarán dos veces al día y los baños, al menos tres. La distancia de dos metros en el patio se mantendrá “con mayor flexibilidad” en infantil y “de forma adaptada a lo largo de Primaria”, y su cumplimiento se vigilará “buscando el equilibrio con el bienestar emocional” de los niños.

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