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Cataluña rechaza a uno de cada tres aspirantes a maestro por bajo nivel

Es la única región que exige pruebas extra para acceder a Magisterio. El debate de la formación inicial del profesorado está pendiente desde hace una década en España

Las alumnas de Educación de la UB Marta Cruces, Maider Gorriz y Natalia Heredia. En vídeo, uno de cada tres aspirantes a maestros en Cataluña es rechazado por bajo nivel.

A los alumnos catalanes que quieran matricularse en la universidad para ser maestros de infantil o primaria no les basta con aprobar la Selectividad, como pasa en el resto de España. En esta comunidad llevan desde 2017 con unas pruebas específicas de competencia matemática y de comprensión lectora que determinan si pueden ser los maestros del futuro. Ese doble filtro impide acceder a Magisterio a entre un 30% y un 40% de los aspirantes cada año, es decir, 4.366 alumnos en total. Mientras en el resto de España se sigue debatiendo sobre las fórmulas idóneas para la formación inicial de los maestros, Baleares ha seguido el ejemplo catalán y ya ha aprobado unas pruebas específicas para el curso 2020-2021.

Las pruebas de aptitud personal (PAP) que se hacen en Cataluña constan de tres exámenes que evalúan competencias lingüísticas en catalán, en castellano y razonamiento lógico-matemático. Por ejemplo, reflexionar sobre las mujeres en el mundo del cine, corregir un texto plagado de faltas de ortografía o hallar el perímetro de un cuadrado a partir de su área, son algunas de las cuestiones que se plantearon a los aspirantes en las pruebas de este año.

“La idea surgió en el Programa de mejora e innovación de la formación de maestros (MIF), que integró a todas las universidades de Cataluña, públicas y privadas. Los estudiantes tenían que tener un mínimo de competencias lingüísticas, de expresión y razonamiento lógico-matemático. Y la Selectividad no era garantía suficiente de que controlaban estas competencias”, explica Miquel Martínez, catedrático de la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona (UB) y coordinador de la primera fase del programa de mejora.

“No nos han enseñado a hablar ni a escribir”

Las estudiantes de magisterio Marta Cruces, Maider Gorriz y Natalia Heredia, admiten que, en su primer año de carrera, han visto que el nivel del alumnado es limitado, muy por debajo de lo que exigen los docentes. “El nivel bajo lo arrastramos del bachillerato”, apunta Natalia. “El problema viene de lejos. No nos han enseñado a hablar ni a escribir. Nadie te corrige a nivel lingüístico”, agrega Maider.

Al otro lado de los pupitres, los profesores de las facultades de Educación coinciden en que se necesitaba alguna prueba específica para elevar el nivel de acceso. “Yo doy clase en el grado de Educación Infantil y piensan que tienen que saber explicar, pero no saber los conocimientos ellos mismos. Y no es así. Las PAP pueden ayudar a los alumnos a que vengan más preparados”, explica Raquel Bayo, profesora de Didáctica de las Matemáticas en tercer curso, la última promoción sin prueba específica de acceso.

Los resultados le han dado la razón: si bien el 96% de los estudiantes aprueba la Selectividad, las PAP solo las superan el 60% de los aspirantes. Este año, de los 4.271 chavales que se presentaron, han aprobado 2.633. “Hay gente con buena nota en la Selectividad que no pasa las PAP. Aprobar la Selectividad significa tener conocimientos, pero para empezar una carrera como esta, además de saber mucho, hay que saber aplicarlo”, zanja Martínez.

Hace más de una década que se puso sobre la mesa un cambio en la formación de los docentes. En el Reino Unido o Finlandia, las pruebas específicas llegan incluso a una entrevista personal para saber por qué quiere estudiar esa carrera o cómo reacciona ante un escenario simulado. En 2011, el recientemente fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, entonces candidato del PSOE a las elecciones generales, ya apuntó también a un MIR para profesores y esa idea, ha seguido circulando en despachos y grupos de expertos. Sin embargo, ninguna medida ha llegado a cuajar en el sistema español.

Solo Cataluña logró implantar el filtro de las PAP de forma piloto en 2014, pero no como una prueba aparte, sino dentro de la Selectividad. Los aspirantes a maestro tenían que aprobar con más de un cuatro Lengua Castellana y Lengua Catalana, y que la media de ambas fuese superior a cinco. A partir de 2017, se incorporaron las tres pruebas específicas.

Laia Teuler acaba de terminar el primer curso de Magisterio en la Universidad de Barcelona. Hizo las pruebas en 2018. “La prueba de lengua es corregir un texto. Como profe, tienes que saber hacerlo. No puede entrar gente a la carrera que no sepa corregir un texto”, sentencia. La joven fue uno de los 1.990 aspirantes que superó las pruebas, el 61% de los que se presentaron.

Los catedráticos apuntan a que esta medida ha elevado el nivel. El filtro funciona y los aspirantes traen unas competencias básicas asumidas. Pero esto solo es el primer paso, advierten. Queda mucho por mejorar. “De Selectividad entran alumnos con notas más altas. Veíamos que había competencias fundamentales que, cuando llegaban, estaban muy bajas. Ahora nos aseguramos que tengan un mínimo de contenidos y habilidades, pero falta formación en competencias más personales, como trabajar en grupo, la empatía. Son esenciales y no se trabajan en la escuela ni en la universidad”, explica Anna Marbá, profesora de Didáctica de la Ciencia y coordinadora de las PAP en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Martínez señala que, según los resultados de la primera fase del MIF, “los docentes han percibido un cambio”. “En algunas universidades hay hasta un punto más de rendimiento en el primer año. Pero hay que esperar para tener resultados concluyentes”, apunta el experto. Coincide Lluís Baulenas, secretario del Consejo Interuniversitario de Cataluña: “Hay distintos campos que ir trabajando. Se ha abordado el acceso, pero hay que ver las prácticas, la parte académica. Nos llega que ha habido una mejora en el acceso, pero necesitamos varios años para ver adónde va la tendencia”. La primera promoción de las PAP aún no se ha graduado.

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