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“Te consume toda la energía”

Ancianos y estudiantes combaten juntos la soledad una tarde a la semana en Sevilla

Luis Francisco Rodríguez y Sergio Corchero conversan en la casa del primero en Sevilla.
Luis Francisco Rodríguez y Sergio Corchero conversan en la casa del primero en Sevilla.

“Tienes que venir con energía porque te la consume toda”. A pesar de la brecha de edad, Sergio Corchero, de 21 años, alerta de la pila y vigor de Luis Francisco Rodríguez, 90 años, cuando le visita en su casa del barrio de Triana en Sevilla una vez por semana. Ambos demuestran gran complicidad, buen ánimo y estar muy compenetrados. “Ya no es voluntariado, la visita es igual que ir a ver a mi abuelo. Y tiene un humor buenísimo, es muy bromista”, explica Corchero.

Hace tres años este estudiante de Administración de Empresas se apuntó al programa de la ONG Solidarios en la capital andaluza para acompañar a los ancianos más solos que requieren compañía. Y resultó emparejado con Rodríguez, exapoderado de banca que vive solo, viudo desde hace siete años y con cinco hijos y nueve nietos, que le visitan pero no con suficiente frecuencia, protesta.

“Mis días son tediosos. Leo, voy de compras y arreglo electrodomésticos a los vecinos, pero cada vez son más ariscos. De 50 ya solo conozco a tres”, lamenta el más veterano del edificio. Y su amigo remata el reproche para con sorna darle la vuelta: “Me hace siempre el repaso de los vecinos (…) El balance es muy positivo porque se le coge cariño y lo metes en tu rutina, y luego sales con una realización personal… Es muy agradecido”. La conversación gira en torno al mundo de la empresa, la contabilidad y a conceptos como balances y asientos, pero también sobre el piso que comparte Corchero con otros estudiantes. La rutina del día a día.

En Andalucía, la soledad no deseada es un problema ignorado durante dos décadas por la Junta, a pesar de que la Ley autonómica 6/1999 de Atención y Protección a las Personas Mayores ya contemplaba abordarlo. Hoy existen 315.000 hogares unipersonales formados por 228.600 mujeres (el 72%). Casi una de cada tres mujeres mayores de 65 años, del total de 798.447 en 2018, viven solas. Y después 20 años de mirar hacia otro lado, el Ejecutivo autonómico ha diseñado el primer Plan Estratégico Integral para Personas Mayores 2020-2023.

Ahora la Junta busca crear y desarrollar “centros de participación activa, el teléfono de atención a las personas mayores, el servicio andaluz de teleasistencia, y subvenciones para las ONG que ayudan a los ancianos a combatir el aislamiento indeseado”, según fuentes de la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación.

En el extremo opuesto a Triana está la barriada de La Oliva, donde Encarnación Rosa Moreno, 65 años, se encuentra con Antonio José Rodríguez, 22 años y estudiante universitario de Trabajo Social y Sociología, para charlar juntos cada martes por la tarde. El salón de su humilde piso está decorado con cuadros, una bufanda del Betis, y fotos de la familia, de su hijo y su marido que ya no están. Moreno vive sola y se apunta a todas las excursiones con amigas que puede, pero aún así, a veces remontar la soledad le cuesta. “Me compré un ordenador para las fotos, pero ahora veo que sirve para muchas cosas. ¡Le doy una paliza!”, ríe.

Hace años, Moreno se reunía una vez por semana con otro joven estudiante por el que sentía tanto apego, que la ONG Solidarios optó por esperar tres meses “de duelo” hasta poderla emparejar de nuevo con Rodríguez.

La Oliva es una barriada humilde del Polígono Sur donde viven mujeres que se casaron muy jóvenes y ahora son viudas. “Nos hemos encontrado muchos mayores que llevan hasta dos años sin salir de casa, que ante la falta de ascensores sobreviven con la ayuda de los vecinos y familiares”, narra la coordinadora del programa en el barrio, Lola Sánchez. “La mayoría de estos mayores con pensiones no contributivas de 430 euros, suman la soledad a las carencias físicas y psicológicas. Hay un miedo, seguramente infundado, por la ocupación de sus casas, aunque solo lo sufran cuando van de compra. Tienen dos miedos: caerse en la calle y que les ocupen la vivienda”, reitera.

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