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“El precio ya no es el mayor obstáculo para tratar el VIH y la tuberculosis”

El director del Fondo intenta que España vuelva a un organismo que abandonó en 2010

Peter Sands, director del Fondo Mundial contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, el martes en Madrid.
Peter Sands, director del Fondo Mundial contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, el martes en Madrid.

Hacía ocho años que un director del Fondo Mundial contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria no visitaba España. Lo hace estos días Peter Sands, nacido en Plymouth, Reino Unido, hace 56 años –aunque recalca que eso fue un accidente y que creció en Asia, en Malasia y Singapur–, una semana después de presentar el informe anual de la organización y a una semana de que se celebre una reunión que considera estratégica: la de alto nivel que la ONU va a celebrar sobre la tuberculosis. Y, aunque su organización trabaja, sobre todo, en financiar proyectos, lo tiene claro: "Actualmente, el precio ya no es el mayor obstáculo para conseguir un tratamiento universal de pandemias como el VIH o la tuberculosis". Sands apunta a otro factor: la debilidad de los sistemas sanitarios para identificar a los afectados y ofrecerles un tratamiento que, en el caso del VIH, es para toda la vida y, en el de la tuberculosis, "largo y difícil de mantener".

Para empezar, Sands hace un balance muy positivo de los resultados de la organización –"Y yo, que llevo un año en el puesto, no tengo ningún mérito en ello, porque hablo de datos de 2002 a 2017", afirma ante un reducido número de periodistas convocados por el Fondo y la organización ISGlobal, en cuya sede madrileña se concierta la rueda de prensa y la entrevista posterior–. "27 millones de vidas salvadas entre las tres grandes epidemias, con importantes reducciones en la mortalidad (el 40% en sida, el 42% en malaria y un progreso menor en tuberculosis, el 21%)".

Pese a ello, él es el primero en admitir que "no hay lugar para la complacencia". Y es que el tercero de los Objetivos del Milenio (ODM) que la ONU ha establecido indica que debe llegarse a un control de las tres enfermedades en 2030. Y eso no está tan cerca.

En el sida (la enfermedad causada por la infección con el VIH) "aún hay dos millones de nuevos casos al año", recuerda Sands. Y, dentro de ellos, destaca que cada día se infectan 1.000 mujeres jóvenes o adolescentes. Es el grupo que más preocupa porque muchos de los países más afectados, como Zambia, tienen una población en aumento y están en medio de un auge de nacimientos, por lo que si no se corta la transmisión ahora, en 10 años habrá muchas más chicas en riesgo, explica el experto.

"Iniciar el diálogo con España"

E. DE B.

Peter Sands, director del Fondo Mundial contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, afirma que el objetivo de su visita a Madrid es "iniciar el diálogo con España" para un posible regreso del país como donante de la organización.

Como recuerda la organización especializada en cooperación internacional ISGlobal, España fue uno de los principales donantes del fondo desde 2003 a 2010 (unos 750 millones de euros aportados durante ese periodo). Pero aquel año, coincidiendo con la crisis, unas denuncias de posibles irregularidades en el manejo de las aportaciones por algunos países fueron la excusa perfecta para que España dejara su papel de donante.

Sands cree que tiene argumentos sólidos para conseguir que esta sequía cambie. "El primero, es moral. El 70% de los que mueren de malaria son niños de menos de cinco años", afirma. "El segundo, muy importante, es el de la seguridad en asuntos de salud. Una de las cosas que más preocupan a las autoridades son las resistencias antimicrobianas. En la tuberculosis las hay y se están extendiendo, y para abordarlas hay que afrontar la enfermedad en sí. El tercero es que podemos demostrar el impacto de nuestras políticas. Somos eficaces", dice convencido. 

Para Sands la siguiente ronda negociadora del Fondo, prevista para el año que viene, será clave. Y su objetivo es que España esté a la mesa.

Este caso indica otro factor que es clave para frenar estas enfermedades. Los problemas de acceso por las barreras a los derechos humanos. En el caso de África, con un claro sesgo de género, y, en otros países –es el caso de los más desarrollados y de Latinoamérica, como pone de ejemplo–, con añadidos como la discriminación de poblaciones como los hombres que tienen sexo con hombres, las personas dedicadas a la prostitución, los consumidores de drogas inyectadas y los transexuales. "El estigma les impide conseguir tratamiento", indica. También asociado a este hecho está la falta de acceso a la prueba. El resultado es que pese a los 17,5 millones de personas que reciben tratamiento antiviral con la aportación del Fondo, todavía quedan 20 millones sin medicar, y eso que en los países pobres se pueden conseguir los fármacos por menos de un euro al día (nada que ver con los 12.000 euros al año que costaban las primeras combinaciones).

En cuanto a la malaria, Sands cree que el mayor inconveniente es que no se consiguen evitar los nuevos casos. "Tanto el plasmodio [el parásito que la causa] como el mosquito que la transmite son cada vez más resistentes a las terapias y a los insecticidas con que se impregnan las mosquiteras", que es la principal forma de prevención, destaca.

Respecto a esta enfermedad, que afecta a 220 millones de personas al año, el director del Fondo destaca que la reducción de infecciones ha sido mucho menor (el 6% en 15 años), y que incluso han subido algo en los últimos años. Y mientras países como Paraguay acaban de ser declarados libres de la enfermedad, en los más afectados, como Nigeria, República Democrática del Congo y los del Sahel, no se observan avances importantes. "Existe una cierta urgencia por desarrollar nuevas herramientas", dice Sands, en referencia a que solo hay un prototipo de vacuna (el VIH no tiene, y la de la tuberculosis tiene una eficacia muy limitada) y faltan tratamientos para afrontar las cepas resistentes. 

Pero, sin duda, "la tuberculosis es la que está en un peor estado", dice Sands. "Necesitamos un cambio radical para cerrar la brecha entre los 10 millones de personas que se calcula que la tienen, y los 6 millones que están diagnosticados. "Si un 40% de los que adquieren una enfermedad no se tratan, no hay forma de acabar con una epidemia". La infección causa unos 1,7 millones de fallecimientos al año (500.000 la malaria; el sida alrededor del millón), lo que la convierte en "el mayor asesino" de las tres.

En este caso, se juntan todos los factores: falta innovación en las pruebas diagnósticas y los tratamientos, hay un riesgo creciente en la aparición de resistencias y la enfermedad se da "entre los más pobres de los pobres". "Es invisible", dice Sands, y relata cómo muchos de sus compatriotas le preguntan si no estaba ya erradicada.Y es, de las tres, la más extendida. "La tuberculosis te obliga a ser universal", afirma.

Con este panorama, la reunión que el año que viene acogerá el presidente francés, Emmanuel Macron, en Lyon para establecer los objetivos del Fondo para el próximo trienio será clave. "Fijaremos las inversiones de 2019 a 2022. Si no llegamos en mejor situación a 2022, difícilmente vamos a cumplir el objetivo de 2030", expone. "Y para ello necesitamos innovación, nuevas herramientas, fortalecer los sistemas sanitarios y hacer más y mejor lo que ya hacemos", concluye.

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