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Pena, críticas y mucho silencio

La marcha de Izpisúa divide a los investigadores españoles

La censura a su gestión desde la distancia convive con halagos a su labor científica puntera

Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona.
Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona.

No hay unanimidad entre los colegas a la hora de evaluar la marcha de Juan Carlos Izpisúa del Centro de medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB). Hay quienes lo ven normal y quienes lo consideran un desastre para la ciencia española. Y eso los que hablan personalmente. Porque instituciones como el CSIC o el Cabimer (Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa) prefieren la callada oficial por respuesta. 

Quienes parecen entender mejor lo sucedido son de los vecinos. “La mala noticia sería que el centro se cierre, y eso no va a pasar”, declaró Joan Guinovart, director del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB). Guinovart calificó de “normal” la marcha del científico para que se abra una nueva etapa en el CMRB alejada de un modelo “personalizado” en Izpisúa.

Este aterrizó durante el gobierno tripartito (PSC, ERC e ICV), cuando se apostó por poner a personas de renombre al frente de algunas instituciones científicas. Lo mismo que Joan Massagué, llegado para fundar el IRB como director junto con Guinovart, cargo que ha dejado al ponerse al frente del Instituto Sloan-Kettering de Nueva York, aunque sigue presidiendo el comité científico.

La consejera de Salud de la Generalitat en aquellos años y actual diputada, Marina Geli, pidió ayer a la Generalitat que “reconsidere” la decisión de cambiar al director del CMRB.

Ramon Gomis, director científico del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer, enmarcó la marcha de Izpisúa en un problema de incompatibilidad de trabajos, que se repartían entre el CMRB y el Instituto Salk. “Tenía que elegir entre seguir aquí o en California”, dijo Gomis, quien calificó la salida del científico como una “muerte anunciada” que le “sabe mal” al ser este “un buen investigador”.

Xavier Estivill, del Centre de Regulació Genòmica de Barcelona, va en la misma dirección. Para este genetista no ha funcionado un modelo en el que “el que dirigía el centro no estaba de forma presencial”, lo que convertía el CMRB en “satélite” del otro (el Salk). “Esto ha sido un fracaso”, apunta. Estivill sostiene que el CMRB no ha llegado a tener nunca autonomía ni entidad propia. “Lo importante de un centro de investigación es lo que termina siendo. Debería de poder destacar a tres o cuatro investigadores que despunten en medicina regenerativa y no puedo nombrar a nadie, más que a Anna Veiga [quien tampoco ha querido hablar sobre el tema] con el banco de líneas celulares”.

Estivill no le quita méritos científicos a Izpisúa, pero censura su forma de dirigir el CMRB: “Que una persona desde fuera dirija un centro es del tiempo de las colonias, y eso ya terminó”. “La ciencia en España seguirá haciendo muy buena o aún mejor investigación sin Izpisúa”, concluye.

Entre quienes critican la marcha de Izpisúa está Pere Puigdomènech, profesor de investigación del CSIC. “Es un desastre sin paliativos, y un síntoma más del desastre radical en el que estamos”, añade. En todo caso, advierte de que “no es el único caso similar de gente que se va ”, y destaca que al menos Izpisúa “seguirá investigando sin problemas y continuará haciendo un excelente trabajo”. Por ello, lo que le preocupa “es que haya jóvenes investigadores que no encuentran trabajo”, porque “ninguno encuentra trabajo ahora en España”.

“Es una pena”, comenta Carlos Simón, “es terrible para un país perder investigadores”. El director científico del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) destaca los esfuerzos de Izpisúa para tender lazos con otros grupos. “El rendimiento en esta experiencia ha sido muy provechoso, basta con echar un vistazo a los papers elaborados”.

Simón trabajaba en el Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF) cuando hace una década se impulsó la investigación en células madre embrionarias. “Primero caímos nosotros”, comenta por los recortes que han dejado al CIPF a medio gas y que desembocaron en la salida de Simón. “Ahora les ha tocado a ellos”, alude en relación a la salida de Izpisúa. “En ciencia lo que importa no es empezar fuerte, sino mantener el impulso, y políticas que den estabilidad a lo largo del tiempo”.