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Nueva York prohíbe los cigarrillos electrónicos en sitios públicos

El consejo de la ciudad impone el mismo veto que para el tabaco. Los restaurantes y negocios tendrán un año para aplicar la ley

Una mujer fuma un cigarrillo electrónico en un restaurante de Nueva York.
Una mujer fuma un cigarrillo electrónico en un restaurante de Nueva York. AFP

La popularidad de los cigarros electrónicos está aumentando cada día y muchos en Estados Unidos se preguntan si se debe prohibir su consumo en sitios públicos al igual que ocurre con el tabaco. Y Nueva York ha dicho que sí. El Consejo del ayuntamiento de la ciudad ha apoyado este jueves por mayoría que estos, que contienen nicotina y otros componentes químicos, estén vetados en los mismos sitios que los cigarros normales: bares, restaurantes, estadios, parques cerca de jardines infantiles, etcétera. "Permitirlos en lugares públicos mandaría un mensaje erróneo a los menores", ha dicho la portavoz del Consejo de la ciudad, Christine Quinn.

Los cigarros electrónicos son un sistema electrónico inhalador destinado a simular y sustituir el consumo de tabaco. Usa una fuente eléctrica para calentar y vaporizar una solución líquida. Este vapor puede liberar nicotina o aromas. Su diseño imita a los cigarrillos y puros.

La iniciativa aprobada es otra muestra más del empeño de su alcalde Michael Bloomberg, patente durante sus tres mandatos, de acabar con el tabaco en las calles de Nueva York. Los restaurantes y negocios tendrán un año para adecuarse a la medida y "deberán indicar en carteles que no se permite ni el humo, ni el vapor de nicotina", según han informado desde Departamento de Salud de la ciudad.

Además de Nueva York, tres Estados -Utah, Dakota del Norte y Nueva Jersey- más Washington (Distrito de Columbia) ya prohíben el uso de cigarrillos electrónicos en sitios públicos, informa AP. Y las ciudades de Los Ángeles y Chicago se están planteando ampliar también sus leyes de prohibición de fumar para incluir los cigarros electrónicos.

La iniciativa ocurre tan solo unas semanas después de que el ayuntamiento de la Gran Manzana decidiera aumentar la edad para comprar tabaco a los 21 años, primera ciudad de EE UU en hacerlo. Esta iniciativa afecta a los cigarrillos, puros, cigarros y a los electrónicos.

El gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo, firmó una ley en 2012 por la que se vetaba la venta de estos dispositivos a los menores de 18 años y su uso a menos de 30 metros de las puertas de los colegios públicos y privados. Según el Centro de Prevención y Control de Enfermedades de EE UU (CDC, por sus siglas en inglés), en 2012 unos dos millones de estudiantes cursando educación media y secundaria probaron estos cigarros, el doble más que el año anterior.

Durante la lucha de Bloomberg en pro de la salud, los detractores del todavía alcalde -este jueves era el último pleno del consejo del ayuntamiento bajo su mandato- han criticado su postura de "sobreproteger la ciudad", lugar donde no se comen grasas trans, en la que casi no se puede beber refrescos azucarados en vasos gigantes, y en la que, por supuesto, no se puede fumar". Por su parte, las autoridades sanitarias de EE UU llevan años aplaudiendo su labor.

La falta de investigación sobre el impacto en la salud de los cigarrillos electrónicos y la publicación de varios estudios que no son concluyentes sobre si el efecto de la nicotina, por si solo, es malo, ha provocado un debate en el que científicos y médicos no saben cual es la mejor opción. Incluso, la Organización Mundial de la Salud tampoco ha sabido decidirse sobre las consecuencias de usarlos.

"Lo que puedo decir es que con un producto como los cigarrillos electrónicos, lo primero que pensamos es que son malos, hasta que se demuestre lo contrario. Todavía debemos averiguar si son saludables o no", explicaba el mes pasado, Thomas Frieden, director del CDC, en rueda de prensa.

En EE UU, los cigarrillos electrónicos llevan diez años comercializándose y todavía no existe ni una ley federal ni un protocolo de la Agencia Federal de Control de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) que los regule, aunque se ha incrementado mucho su producción por parte de las grandes compañías de tabaco, consiguiendo cifras millonarias cada año.

El sector está ahora pendiente del informe FDA que será determinante para fijar la regulación que tendrá el producto en el país. La publicación de este informe, prevista para finales de octubre, se retrasó debido al cierre parcial de la administración estadounidense ocurrido durante ese mes.