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Irma Álvarez-Laviada, la importancia del proceso

La artista expone en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid ‘Dentro y fuera del marco’, un repaso de su trayectoria que dialoga con obras de la colección. Defiende el valor de los materiales y la metodología y trabaja rodeada de otros artistas en Nave Oporto

Irma Álvarez-Laviada, ante una de sus obras expuestas en el Museo Thyssen-Bornemisza.ANTÁRTICA

Frente a sus obras más recientes, mientras ultima el montaje de su exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza, Irma Álvarez-Laviada (Gijón, 47 años) sigue pensando en su proceso de trabajo. La muestra, que podrá verse en el centro de arte madrileño hasta el 3 de mayo, lleva por título toda una declaración de intenciones: Dentro y fuera del marco. Sobre eso reflexiona la obra de la artista, cuyos primeros recuerdos evocan el estudio de su padre, el pintor Enrique Álvarez-Laviada. “Trabajaba en casa, yo estaba con él la mayor parte del tiempo, en su estudio mientras pintaba. Con esa muerte tan prematura [ella tenía solo cinco años] fueron sus amigos artistas los que cogieron un poco el relevo, como yo tenía cierta predisposición por lo creativo intentaron seguir estimulándola”, relata, “aunque mi madre, que viene de la enfermería, me ha apoyado muchísimo”.

Los materiales acumulados, los embalajes de los cuadros, los textiles acolchados que protegen las obras, son recurrentes en el trabajo de la artista, que estudió Bellas Artes en la Universidad de Vigo, en Pontevedra: “Nunca lo había pensado, pero ese estudio de mi padre, que se quedó detenido en el tiempo, puede haberme influido en esa observación de lo que queda, que son los materiales que rodean la práctica artística, que es hacia lo que derivó mi trabajo, aunque empecé con la especialidad de pintura”. Rememora el impacto de la primera vez que vio el Guernica en el Reina Sofía de Madrid, que le reveló las claves de lo geométrico, las visitas recurrentes al Museo de Bellas Artes de Asturias en Oviedo, su primera exposición individual en la Sala Borrón de Oviedo tras ser reconocida como artista joven revelación por el Instituto Asturiano de la Juventud...

Su estudio podría ser un reflejo del montaje de una exposición: allí los muros sobre los que cuelgan sus cuadros tienen ruedas, en las estanterías hay muestras del poliéster reciclado que emplea en algunas de sus obras, se ven piezas de madera que podrían ser elementos de transporte o fragmentos de esculturas. Está al sur de Madrid, cruzando el Manzanares, en el barrio de Carabanchel. Llegó allí hace 13 años con otro grupo de artistas. Juntos crearon Nave Oporto: “Parte de los que iniciamos esto veníamos de la beca de la Academia de España en Roma. Allí ya teníamos una dinámica de trabajo de puertas abiertas, se habían generado sentimientos de comunidad. No queríamos perder el espíritu colectivo, buscábamos luchar contra esa idea que tenemos del artista encerrado en su estudio, muy individualista, celoso de su trabajo. Para nosotros juntarnos fue sumar fuerza, generamos dinámicas para visibilizar la obra de los demás, nos ayudamos continuamente”.

Una comunidad creativa

Tienen una cocina en la que Irma se prepara sus tés, cada año el viernes que coincide con Arco abren sus puertas en la cita Carajillo —que reúne a expertos y curiosos—, intercambian pareceres, comentan sus exposiciones... En su planta, la baja, ahora trabajan nueve creativos; en la de arriba, seis. El sevillano Miki Leal ocupa el espacio contiguo al de Álvarez-Laviada, un poco más allá trabaja sus lienzos la madrileña Elvira Amor. “Cuando llegamos Carabanchel era un barrio muy vinculado a lo musical, estaba lleno de locales de ensayo, y siegue estándolo. La crisis de 2008 llevó la actividad de edificios como este, que estaba ocupado por imprentas y por industria textil, a los polígonos. En el primer momento se nos acusó de una ola de gentrificación, pero creo que es justo lo contrario, porque estamos ocupando el suelo del Polígono ISO y estando aquí buscamos preservar estos espacios de que llegue un promotor y compre para construir vivienda civil”, argumenta.

Ella llegó a Madrid en 2001 para empezar su tesina, recuerda que entonces todo era diferente: “Internet estaba muy en ciernes y aquí tenía la Biblioteca Nacional, la del Prado o la del Reina para documentarme, un acceso a fondos que no tenía en un sitio más pequeño”. Ahora, lamenta, las redes sociales y el mundo online ocupan parte del tiempo de un artista. “Es verdad que es una puerta increíble al mundo entero y creo que todos hemos notado la visibilidad. A ese nivel es una ventaja”, admite, “a otros yo creo que es una tiranía, que estamos muy presionados, que perdemos demasiado tiempo en las redes sociales. Creo que los artistas no deberíamos dedicarnos a esa parte”.

Cuando se instaló a Madrid también comenzó a plantearse cómo vivir del arte; además de la Academia de España en Roma logró otras becas y premios, de la Cité Internationale des Arts de París a la Fundación Botín. “Para mí ha sido algo fundamental, creo que sin ese apoyo no hubiese podido llegar hasta aquí dedicándome exclusivamente a esto”, defiende, “durante seis años he estado de profesora asociada de pintura en la Complutense. Para mí era casi como una obligación devolver a lo público algo de lo que yo pueda aportar, porque yo he sobrevivido mucho gracias a lo público, mi trabajo ha podido desarrollarse gracias a las ayudas, a los premios a las becas, tanto de instituciones como de fundaciones privadas, para mí ha sido fundamental”. Reivindica que se podría hacer más: “Se puede visibilizar mejor, porque hay muchas plataformas por todo el mundo para que los artistas españoles tengan más repercusión. Recuerdo que en Roma íbamos a ver a los artistas de otras academias, como la alemana o la americana, y nosotros no teníamos nada que envidiar a nivel de calidad, a nivel creativo. Y, sin embargo, ellos eran artistas con una visibilidad más potente”.

Visibilizar, resignificar

Esas residencias y reconocimientos la han llevado a colecciones como la Berezdivin en Puerto Rico o la Masaveu en España. Y ahora, a protagonizar la novena edición del proyecto Kora del Thyssen, con cuatro salas dedicadas a su obra y piezas suyas distribuidas por otras zonas del museo. Kora, que es mencionada en Historia natural de Plinio el Viejo mientras perfila la silueta de su amado en una pared, es considerada la primera retratista de la historia y el ciclo que lleva su nombre presenta la obra de artistas afincadas en España. En Dentro y fuera del marco las creaciones de Álvarez-Laviada dialogan con obras de la colección permanente firmadas por Kurt Schwitters, Mark Tobey, Theo van Doesburg o László Moholy-Nagy. Rocío de la Villa, comisaria del programa, subraya en el catálogo “la importancia de ampliar la perspectiva de género a la abstracción formal” que practica la artista, y argumenta que “los procedimientos en su proceso de creación, desde los materiales que emplea hasta sus composiciones formales, suscitan interrogantes sobre las exclusiones fuera de las fronteras del relato de la historia del arte canónica, como las que sobrellevaron las propias artistas; pero también mecenas, coleccionistas, galeristas y fundadoras de museos”.

“La historia del arte tiene grandes lagunas si hablamos de cuestiones de género, son innumerables las artistas que no están. Hay que visibilizar”, coincide Álvarez-Laviada. Destaca la paradoja de que “en las clases de la universidad las alumnas son mayoría, pero lo expuesto en galerías, ferias y centros de arte cuenta otra historia”. En su proceso cuestiona ausencias y explora vacíos, relaciona arquitectura y arte. “Para mí lo más importante es ver el material, respetar sus propiedades físicas, sin manipularlo mucho. Que haya una resignificación”, comenta, “nada de lo que se va a ver aquí expuesto era como finalmente ha sido, porque yo planifico de una manera pero el proceso va abriendo la obra y diciéndome cómo es más interesante. Este tipo de trabajo empezó fijándose mucho en esos elementos estructurales que hablaban de la obra sin tenerla delante y acabó derivando hacia materiales con un carácter muy constructivo, vinculados a la práctica no solamente artística sino arquitectónica, materiales que en muchos casos están destinados a pasar inadvertidos, a a sumir capas, a ser invisibles: de insonorización, embalaje, el DM [tableros de fibras de madera]”.

Últimamente ha trabajado con “poliéster reciclado de unos productores de Logroño, GeoPannel, que hacen espumas con los colores de La Rioja”, y ha vuelto a explorar la pintura. “Nunca he tenido mucha mano, no fui una niña que supiera dibujar bien, plasmar la realidad a la perfección. Pero tenía sensibilidad hacia el color, la composición, la forma”, explica. Sus piezas remiten muchas veces a la escultura, a la reflexión en torno a la obra en sí. En la primera de las cuatro salas del Thyssen se ve un aro con listas de colores. “Es un círculo de la última exposición individual que hice, en la galería Juan Silió, habla sobre la idea del pensamiento circular, obsesivo, sobre cómo volvemos continuamente sobre la misma idea”, precisa.

Esa reflexión constante enfatizó su exploración de los formatos y provocó un parón en su carrera. “Empecé pintando, pero tuve una época de crisis de dos años, hacia 2009, en la que paré completamente de producir. Había un poco de agotamiento en la metodología de trabajo, siempre se dice que los pintores repiten el mismo cuadro y esa idea de repetición me asfixió”, cuenta. Pero no dejó de acudir a diario al estudio. “Fue un tiempo de espera, de lecturas relacionadas con la inactividad, el derecho a la pereza, los Bartleby, esos artistas que hacen una obra en su vida y de repente dicen ‘Preferiría no hacerlo’. Y de esa observación de los elementos estructurales de la pintura surgió un cambio. Y ahora se está dando la vuelta a la pintura”, relata y señala el gran lienzo en tonos rosados que preside la cuarta sala de su muestra en el Thyssen. “El monocromo funciona como un fondo, como algo que está preparado para lo que venga”, afirma. ¿Y qué será lo siguiente? “Estoy arrancando un proyecto que gira en torno a la arquitectura racionalista. Mucho hormigón, muy crudo, cemento. Todo de nuevo sobre el material”. 

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