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EP Verdad BLOGS Coordinado por José Manuel Abad

Andalucía, hay que armarla: el tortuoso camino hacia la autonomía andaluza

Hace ahora 40 años los andaluces respaldaron masivamente en referéndum un régimen autonómico equiparable al de las llamadas ‘comunidades históricas’

Dia de Andalucia 2020 Ampliar foto
Poema visual "Andalucía, hay que armarla", de Juan de Loxa.

“No sabíamos los colores de nuestra bandera”. El poeta Juan de Loxa descubrió a principios de los setenta que Andalucía tenía su enseña, aprobada por los antiguos andalucistas en 1918. La blanquiverde bebía de símbolos andalusíes, replicados tras la expulsión de los musulmanes de España. El blanco y el verde aparecían y se olvidaban en varios momentos de la historia andaluza, como hilvanes en los últimos mil años de la comunidad más poblada de España.

De Loxa acudió a un carpintero, a un chapista y a un pintor de brocha gorda. “Quiero que me hagáis esto”, rememoró en 2013. Y “esto” era una madera forrada de chapa y pintada. “Le pedí al pintor que pintara una banda verde, otra blanca y otra verde”. Todavía hubo un encargo más de aquel poeta granadino fallecido en 2017, incansable agitador cultural: “Después mandé a una tienda de rótulos que hicieran unas letras, y les dije que les pusieran por detrás un imán”. Ahí le entregaron una A, una N, una D, otra A, una L, una U, una C, una I y otra A. Las letras imantadas con las que sobre el tablero metálico se podían formar las palabras adánica, audacia, lúcida y única, pero también alucinada, anclada o nada. 

Andalucía. Juan de Loxa llamó a aquel experimento visual “Andalucía: hay que armarla”.

De Loxa se dolía de no conocer su propia bandera. Y la mayoría de los andaluces desconocía también que el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 había arramblado con las iniciativas de estatuto de autonomía andaluz y con su principal valedor: Blas Infante. Bajo la mano de hierro centralista de Franco quedó sepultado aquel proyecto autonomista. E Infante quedó sepultado en la fosa común de Pico Reja en el cementerio de Sevilla. Lo fusilaron el 11 de agosto de 1936 en la carretera de Sevilla a Carmona. Durante 40 años de franquismo, puede que el único símbolo identitario de Andalucía que quedase en pie fuera el escudo de Hércules y dos leones amansados que el Padre de la Patria Andaluza había mandado colocar en la puerta de su casa de Coria del Río, la misma adonde fueron a detenerlo los falangistas y a la que ya nunca volvió.

Pensaba Juan de Loxa que Andalucía había que armarla. Y bien que Andalucía la armó: el 4 de diciembre de 1977 todas las grandes ciudades andaluzas se echaron a la calle en manifestaciones multitudinarias. Un millón y medio de andaluces pidió autonomía abanderando una enseña verde omeya y blanco almohade que poco tiempo antes la mayoría no conocía. “La ciudadanía fue por delante de los partidos y la participación superó los cálculos de los propios políticos”, destaca Salvador Cruz Artacho, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Jaén, autor del libro Andalucía en el laberinto español.

Manifestación autonomista el 4 de diciembre de 1977 en Sevilla. ampliar foto
Manifestación autonomista el 4 de diciembre de 1977 en Sevilla.

Los andalucistas habían creado en la clandestinidad sus primeras organizaciones políticas a principios de los setenta, pero Andalucía nunca había gozado de instituciones de Gobierno propias y la distancia de cabo a rabo del territorio, más de 500 kilómetros, la agrandaban aún más unas pésimas comunicaciones interiores. Los únicos intentos de conformar un mínimo ente regional desde Andalucía habían sido un mero acuerdo común de las ocho diputaciones en 1968, al que el régimen dio al traste, y un afán por mancomunarse en 1976. ¿Cómo fue posible, entonces, que un territorio tan grande como variado pidiera casi unánime y con tanto ahínco el mismo autogobierno que las comunidades donde el longevo nacionalismo había sobrevivido incluso a Franco?

Los andaluces construyeron un relato identitario mucho más cívico y político que otros, y en el que la inclusión está presente”

Salvador Cruz Artacho, catedrático de Historia Contemporánea

“En las primeras encuestas en la Transición se les pregunta a los andaluces si eran nacionalistas o no, y contestan mayoritariamente que no, porque entienden que el nacionalismo implica una lengua distinta del español o características étnicas”, detalla Cruz Artacho. “Pero no hay solo una manera de entender y definir la identidad. Los andaluces construyeron un relato identitario mucho más cívico y político que otros, y en el que la inclusión está presente”.

Además, la idea de autonomía en los años setenta se vinculaba a la de soluciones a problemas seculares, cree el historiador: “No se trató solo de defender una nueva arquitectura político-institucional que permitiera una identidad específica para Andalucía, sino también que esa identidad tenía que ser un instrumento para redimir a Andalucía de sus problemas”. El paro y el subdesarrollo, apunta Cruz Artacho, entre ellos.

“Aquí no se trataba de recuperar ninguna identidad, sino de constituir un instrumento que sirviera para relanzar social y económica el territorio, y en eso estaba prácticamente todo el mundo”, recuerda José Rodríguez de la Borbolla, secretario general de los socialistas andaluces y presidente de la Junta desde 1984 a 1990.

Los ayuntamientos franquistas, un freno

Las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, las constituyentes de junio del 77, habían puesto en Madrid a 59 diputados andaluces con marchamo democrático. Junto a los senadores conformaron la Asamblea de Parlamentarios Andaluces, y propusieron bien pronto que se concediera a Andalucía una autonomía provisional. Pero España no había mudado por completo de piel: los ayuntamientos y las diputaciones albergaban “los últimos vestigios de la administración franquista”, apunta Cruz Artacho.

No se trataba de recuperar ninguna identidad, sino de constituir un instrumento que sirviera para relanzar social y económica el territorio, y en eso estaba prácticamente todo el mundo”

José Rodríguez de la Borbolla, expresidente de la Junta de Andalucía

Esos ayuntamientos y diputaciones “torpedearon la composición de un Gobierno preautonómico”, añade el investigador, en referencia al ente que creó el Ejecutivo de la UCD en 27 de abril de 1977. Un mes después se elige al juez y senador Plácido Fernández Viagas, antiguo miembro de la Junta Democrática de Andalucía en tiempos del franquismo, como presidente de aquel precedente del actual Gobierno andaluz.

Rueda de prensa del presidente de la Junta preautonómica, Plácido Fernández Viagas (a la izquierda), el 27 de mayo de 1978. ampliar foto
Rueda de prensa del presidente de la Junta preautonómica, Plácido Fernández Viagas (a la izquierda), el 27 de mayo de 1978.

“Plácido tenía un despacho en un rincón de lo que ahora es la Casa de la Provincia de Sevilla y le hacían feos los presidentes de diputaciones, gobernadores civiles y no digamos otras autoridades, militares, que no lo reconocían para nada”, recuerda Isidoro Moreno, catedrático de Antropología Social y Cultural de la Universidad de Sevilla, y que en aquel entonces era el secretario general del Partido del Trabajo de Andalucía. Destaca del primer presidente de los andaluces su afán de aunar esfuerzos y de impulsar una autonomía plena.

Muñendo acuerdos a izquierda y derecha, Fernández Viagas se vio con formaciones desde la conservadora AP hasta las de extrema izquierda, y de ellas sacó una petición conjunta para pedir que Andalucía consiguiese pronto el máximo nivel de autonomía. El 4 de diciembre de 1978, el primer aniversario de las manifestaciones, aquellos 11 partidos presentaban el pacto en Antequera. Se comprometían a "impulsar y desarrollar los esfuerzos unitarios encaminados a conseguir para Andalucía, dentro del plazo más breve posible, la autonomía más eficaz en el marco de la Constitución".

Pintada contra el presidente Adolfo Suárez en un cortijo de Almería. ampliar foto
Pintada contra el presidente Adolfo Suárez en un cortijo de Almería.

Cruz Artacho y el presidente de los andalucistas, Alejandro Rojas-Marcos, coinciden en considerar el Pacto de Antequera como una “reconducción” de la voluntad inequívoca mostrada en las manifestaciones de 4D. El andalucista recuerda algún forcejeo suyo para pedir no la autonomía “más eficaz”, sino la “más plena”, pero asegura que desistió en aras del consenso.

La Constitución relega a Andalucía

Solo dos días después, el 6 de diciembre de 1977, los españoles refrendan masivamente la Constitución. Aún mayor es el apoyo que logra de los andaluces el texto constitucional. La Disposición Segunda de la Carta Magna propone una “vía rápida” hacia la autonomía para las llamadas "comunidades históricas", esto es, las tres que habían refrendado estatutos autonómicos en el pasado: Cataluña, País Vasco y Galicia. Andalucía y el resto de regiones quedaban relegadas a una “vía lenta” del artículo 143, con menores competencias.

Hay en el texto constitucional, eso sí, una manera de zafarse del furgón de cola. El artículo 151 brinda la posibilidad –después de conseguir una petición mayoritaria de ayuntamientos y diputaciones– de conseguir una autonomía rápida y más plena si la mayoría del censo de todas las provincias dice que quieren ser una autonomía plena.

Lo que hizo Andalucía no se ha hecho jamás en la historia de España: torcerle el pulso al Gobierno de la nación y convertir en norma jurídica una protesta nacida desde abajo

Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional

Se oteaban en el horizonte las primeras elecciones municipales democráticas tras la muerte de Franco, en abril de 1979. “El protagonismo de los municipios fue fundamental”, recuerda Isidoro Moreno. Aquel plebiscito deja atrás al fin los ayuntamientos franquistas, y a las alcaldías llegan por primera vez en décadas políticos democráticos de todos los colores políticos. Con ellos desaparece el freno de los últimos franquistas agazapados en los consistorios.

Pero la vía del 151 es espinosa: si uno solo de los casi 800 ayuntamientos andaluces aprueba en pleno su voluntad de que Andalucía opte por la “vía rápida”, en ese momento empieza a correr una cuenta atrás, de solo seis meses, para que las tres cuartas partes de los municipios de cada provincia, y que además aportasen una mayoría holgada de población, se sumen a la petición de máxima autonomía. El riesgo es grande: si pasado el plazo no se consigue esa adopción casi unánime, habrá que esperar cinco años para poder volver a intentarlo.

Tuvimos claro que el 28F no iba a salir desde el primer momento en que se aprueba la Ley de Referéndum con unas condiciones que ni Euskadi ni Cataluña habían cumplido, pero naturalmente luego nos echamos a la calle a pedir el voto”

Alejandro Rojas-Marcos, líder de los andalucistas

Los dos primeros ayuntamientos en hacer saltar la liebre son los de Los Corrales (Sevilla) y Puerto Real (Cádiz), el 24 de abril de 1979, ambos en manos de la izquierda jornalera revolucionaria de la CUT y el PTA. Los ocho ayuntamientos de las capitales de provincia deciden escenificar su unión y aprueban la "vía rápida" en la misma fecha, el 27 de julio. Casi la unanimidad de los municipios andaluces, el 97%, pide el 151 antes de que se cumplan los seis meses.

¿Por qué ese empecinamiento con la vía del 151 si las condiciones de aprobación eran tan leoninas? Rodríguez de la Borbolla ve dos razones: “Porque era la única vía para alcanzar desde el primer momento la institucionalización del máximo nivel en Andalucía; y porque era una manera de impulsar un modelo homogéneo para toda España evitando uno particularista en determinados territorios”.

El 3 de octubre de 1979 el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y el nuevo presidente de la Junta, el socialista Rafael Escuredo, acuerdan que el 28 de febrero se celebre el referéndum. Ese mismo mes, el 25 de octubre, Cataluña y País Vasco, que gracias a la prebenda constitucional no habían necesitado de referendos para conseguir su autonomía, aprueban sus estatutos por mayoría de electores, no de censados. El 2 de diciembre, casi dos años después de las masivas manifestaciones de 1977, medio millón de andaluces vuelve a salir a la calle a pedir autonomía plena.

A Andalucía se le exige más

[El Gobierno de Suárez] no quería que Andalucía tuviera autonomía y usó todo el poder para oponerse

Manuel Clavero, exministro de UCD

El año 79 está a punto de terminar. El 28 de diciembre, a dos meses justos de que Andalucía abra los colegios electorales, y cuando catalanes y vascos ya han votado, el Congreso aprueba la Ley Orgánica de Modalidades de Referéndum, que desarrolla el artículo 151: se refrenda que los próximos en ir a las urnas (los andaluces, pero también el resto de comunidades que aspiren a la "vía rápida") tendrán que conseguir que la mayoría de todos los censados, no de los electores como en cualquier otra elección, digan ‘sí’ en cada provincia.

Cartel de la Junta de Andalucía llamando al voto en el referéndum del 28F. ampliar foto
Cartel de la Junta de Andalucía llamando al voto en el referéndum del 28F.

El Grupo Andalucista se opone de pleno a aquella ley. “Tuvimos claro que el 28F no iba a salir desde el primer momento en que se aprueba la Ley de Referéndum con unas condiciones que ni Euskadi ni Cataluña habían cumplido, pero naturalmente luego nos echamos a la calle a pedir el voto”, apunta Alejandro Rojas-Marcos. Los andalucistas denuncian en ese momento que los censos alcanzan el 20% de errores en algunas zonas andaluzas.

El 28 de enero de 1980 se convoca el referéndum en el BOE. A los andaluces se les da solo dos semanas de campaña electoral, no las tres que ha sido costumbre. Y la pregunta que aparecerá en las papeletas es enrevesada: “¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa, prevista en el artículo 151 de la Constitución, a efectos de su tramitación por el procedimiento previsto en dicho artículo?”. En contraste, la cuestión de los referendos de de Cataluña y País Vasco había buscado unas fórmulas más directas: “¿Aprueba el proyecto de Estatuto de Autonomía para Cataluña / el País Vasco?”.

Anuncio publicitario de UCD pidiendo la abstención o el voto en blanco.
Anuncio publicitario de UCD pidiendo la abstención o el voto en blanco.

Las quejas por las trabas toman forma de huelga de hambre, que el 2 de febrero comienza Rafael Escuredo y otros políticos y ciudadanos de 60 municipios andaluces. Los andalucistas proponen que los parlamentarios que representan a las ocho provincias andaluzas se retiren de Congreso y Senado. “El censo estaba mal hecho. En Jaén y Almería, provincias de mucha emigración, constaban personas que estaban en Cataluña. Había fallecidos inscritos. Y quien no votaba, era como si diera un voto para el no”, recuerda Rojas-Marcos. En el censo hay además nombres duplicados y menores de edad registrados como votantes.

Los obstáculos de Suárez

“El Gobierno de Suárez impuso todos los obstáculos posibles”, describe Cruz Artacho. El presupuesto para la difusión del referéndum con que cuenta la Junta es exiguo. A Rafael Escuredo no se le permite defender el ‘sí’ en TVE, cuando sí se había entrevistado a sus homólogos de Cataluña y País Vasco. “En Almería desembarcaron apoderados e interventores de otros territorios de España comandados por [Rodolfo] Martín Villa”, apunta Rodríguez de la Borbolla.

La UCD sufre fuertes fricciones internas, un precedente de las que más adelante llevarán a su desintegración. El ministro de Cultura en el Gobierno de Adolfo Suárez, el andaluz Manuel Clavero, dimite y se da de baja en su partido junto a un grupo de militantes. Venían pidiendo claramente al Gobierno que apoyara el sí, algunos desde el origen mismo del proceso.

Acto de apoyo a Rafael Escuredo, presidente de la Junta, al declararse en huelga de hambre en 1980. ampliar foto
Acto de apoyo a Rafael Escuredo, presidente de la Junta, al declararse en huelga de hambre en 1980.

¿Qué razón esgrimía Suárez para no apoyar la autonomía plena? “Dos razones: que había que modificar la Constitución —que no preveía el caso de Andalucía y sí los de Cataluña, País Vasco y Galicia— y que en Andalucía no había espíritu autonomista. Y lo que ocurrió en las manifestaciones venía a demostrar lo contrario”, recuerda tanto tiempo después Clavero. UCD pide la abstención o el voto en blanco. El Gobierno, sostiene el antiguo ministro centrista, “no quería que Andalucía tuviera autonomía y usó todo el poder para oponerse. Incluso contrataron a Lauren Postigo para que en los anuncios dijera: ‘andaluz, este no es tu referéndum”.

El 28F casi dos millones y medio de andaluces, el 58% de los censados, dice ‘sí’ a la autonomía y solo 152.000, ‘no’. El porcentaje de andaluces que vota con respecto al censo es mayor que el de catalanes y vascos que han sacado adelante sus estatutos. Por cada almeriense que vota ‘no’ hay otros 10 que votan ‘sí’. Aun así, no basta.

Manuel Clavero, exministro de Suárez, da un mitin a favor del 'sí' en Casares (Málaga) en 1980. ampliar foto
Manuel Clavero, exministro de Suárez, da un mitin a favor del 'sí' en Casares (Málaga) en 1980.

La noche electoral una masa de gente desborda el centro de recepción de datos, instalado en el Casino de la Exposición de Sevilla. Vocean “UCD es culpable”, “impugnación, impugnación”, “Andalucía unida, jamás será vencida” e incluso “independencia, independencia”. Se recibe con aplausos a Manuel Clavero. Rodríguez de la Borbolla comparece y considera que, con todo, la votación ha sido un éxito y adelanta que los socialistas no van a aceptar recortes en el estatuto. El andalucista Rojas-Marcos declara: “Si fuéramos vascos o catalanes, hoy habríamos alcanzado una autonomía de primera clase. No nos han discriminado las urnas, sino la legislación; solo cabe, por tanto, modificar la legalidad, incluida la Constitución, porque entendemos que es discriminatoria con el pueblo andaluz”.

Tras los recursos de los partidos, la Audiencia Territorial de Granada determina que Jaén se ha salvado por la mínima: el 50,07% de los jiennenses censados dice sí, pero los resultados de Almería sigue sin alcanzar. La UCD intenta impugnar, sin éxito, los resultados en Granada, donde también ha ganado el sí. “Triunfal derrota”, titula Diario 16. Andalucía tenía que esperar cinco años para volver a intentarlo.

Pero no fue así. “La situación se desbloqueó porque la presión ciudadana y política no cesó y también porque en aquel punto España tenía que normalizar el pacto autónomico”, describe Cruz Artacho.

Por fin, el desbloqueo

La actividad parlamentaria española entra en juego. El foco se traslada de Andalucía a Madrid. Así lo recuerda Alejandro Rojas-Marcos: “Lo primero que hacemos es proponer una reforma de la Constitución y cuando Suárez nos dice que no, pedimos que se repita el referéndum en Almería, pero Suárez nos dice de nuevo que no, porque como en la Constitución estaba prevista la unificación de Navarra con el País Vasco, los militares temen que se haga ese referéndum y que si no se gana se repita indefinidamente hasta que lo ganen. No querían sentar ese precedente”. Suárez necesita los apoyos de los andalucistas ante las andanadas del PSOE, que viene crecido desde las elecciones del 1979 y se ve ya como alternativa en La Moncloa. Tras la negativa de presidente del Gobierno, los andalucistas ven una posibilidad en otro artículo, el 144. “Yo lo apoyé para desbloquear la situación y como una vía que permitiera llegar al 151. Le dijimos a Suárez que estábamos a favor de votar de la moción de confianza pero que había que devolver a Andalucía el 28F que perdió”, asegura el político, ya retirado.

Celebración del referéndum, la noche del 28 de febrero de 1980.
Celebración del referéndum, la noche del 28 de febrero de 1980.

El PSOE y PCE dicen no a la vía del 144. Hay una pugna abierta por ver qué fuerza abandera mejor las aspiraciones que los andaluces han reiterado tantos años en las calles y al final en las urnas. El 1 de octubre, UCD y los socialistas, en una cumbre sobre las autonomías, aceptan conjuntamente el 151 como camino autonómico y pocos días después una asamblea de alcaldes y concejales andaluces congrega en Almería a 7.000 personas a favor del 151. El 23 de octubre se atisba el final del bloqueo: socialistas, centristas, andalucistas y comunistas acuerdan proposiciones para el desbloqueo. El texto no menciona explícitamente el 144 (sino el Título VIII de la Constitución), pero sí los “motivos de interés nacional” que aparecen en ese artículo. El 11 de  noviembre, el pleno del Congreso modifica la Ley de Referéndum y permite que los diputados y senadores por Almería puedan pedir, como así lo hacen, que se sustituya el plebiscito por una Ley Orgánica. La vía por el 151 queda expedita.

El 4 de diciembre de 1980 se reúne en Carmona la comisión que redactará el Estatuto, en un ambiente que el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla Javier Pérez Royo y José Rodríguez de la Borbolla, dos de sus ponentes, recuerdan como colaborador, también por parte de los representantes del partido de Suárez. “La UCD estaba ya derrotada”, detalla el primero.

"Lo que hizo Andalucía no se ha hecho jamás en la historia de España: torcerle el pulso al Gobierno de la nación y convertir en norma jurídica una protesta nacida desde abajo; eso no se había hecho jamás en la historia de España, es un caso único", apunta Pérez Royo. Rojas-Marcos insiste en la que considera la mayor traba a la autonomía de Andalucía: "Nadie la quería al principio y al final la quisieron todos. [En el franquismo] ningún partido de la oposición democrática había pedido la autonomía para Andalucía. Estaban de acuerdo de que no se le daría autonomía más que a Cataluña, País Vasco y Galicia. No querían abrir el melón de más autonomías". Para Cruz Artacho, "el aporte más significativo que Andalucía legó a la historia de la Transición fue su lucha y conquista de la autonomía". José Rodríguez de la Borbolla recuerda, 40 años más tarde, la importancia de la fecha que pasaría a ser el Día de Andalucía: "Quitando la guerra de la independencia, este es el único día en la historia de España en que el pueblo ha ganado una batalla a los poderes establecidos. En otros sitios se celebran derrotas o conquistas. Hay una cierta diferencia, hay una diferencia de grado en el proceso autonómico andaluz".

¿Y qué fue del tablón de madera y madera que Juan de Loxa pergeñó con la ayuda de pintor, carpintero y chapista? Se empaquetó y viajó desde Granada hasta Sant Cugat del Vallès. Era noviembre de 1975, el de la muerte de Franco, y el curioso artefacto lucía en una exposición de poesía visual en la localidad barcelonesa. “Para tantos andaluces en Cataluña, [aquello] fue encontrarse con su bandera”, recordó cuando contó sus peripecias en un acto, en 2013, en que cedía el objeto a la Casa Natal de Blas Infante en Casares (Málaga). “Han pasado 40 años y creo que hemos avanzado muchísimo. Pero todavía yo me pienso que a Andalucía, con inteligencia, con amor, hay que seguir armándola”.

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