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Sánchez hace borrón y cuenta nueva

El líder del PSOE intenta conseguir el apoyo de Unidas Podemos con o sin nuevas condiciones. Buscará que organizaciones sociales empujen a Iglesias al acuerdo

Investidura de Pedro Sanchez
Reunión de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el pasado mes de julio en el Congreso de los Diputados.

A Pablo Iglesias y a su equipo les parece que Pedro Sánchez se ha apropiado de sus formas de hacer política. ¿A cuento de qué empieza el presidente del Gobierno en funciones una ronda con organizaciones sociales y sindicales para escuchar sus demandas si ya lo hicieron ellos?, reflexionan en Unidas Podemos. Mientras se producían las conversaciones entre Sánchez e Iglesias sin avances, la formación de izquierda mantenía encuentros similares con diversas organizaciones. El objetivo era tomar buena nota para profundizar en algunos de sus proyectos sociales que siguen pendientes. Pero no sirvió de mucho, ya que en las negociaciones entre los dos políticos de lo que no se habló fue, precisamente, de programa.

La queja o el reproche de Unidas Podemos caerá en saco roto. Por ahí quiere empezar ahora el secretario general del PSOE. El intento de Unidas Podemos de retomar la conversación en el punto que se dejó —reparto de carteras en un Gobierno de coalición— es completamente inútil. Sánchez ha hecho borrón y cuenta nueva, y el camino para tratar de conseguir acuerdos para su investidura en septiembre —si es que consigue los apoyos— desemboca en una suerte de programa o memorando sostenido por organizaciones sociales y colectivos progresistas. Además, el PSOE intentará conseguir el respaldo de los eventuales socios minoritarios, aquellos que han mostrado disposición a evitar que haya nuevas elecciones en noviembre.

El objetivo de Sánchez de pedir apoyo para un programa con contenido progresista es la baza con la que que el líder socialista quiere buscar la complicidad de muchos sectores sociales con influencia para mover voto a favor de las candidaturas progresistas. Los interlocutores socialistas consultados se preguntan cuál puede ser la respuesta del electorado de izquierda y de estos colectivos contactados si continúa el bloqueo y no hay acuerdo. Estas fuentes responsabilizan a Podemos por su insistencia en ocupar puestos en el Consejo de Ministros.

El PSOE considera que su militancia y la de Unidas Podemos pueden llegar a alinearse y coincidir con los postulados de sus líderes en relación con la forma de abordar la negociación del Gobierno. No así otros votantes de izquierda y los representantes de los colectivos sociales consultados, señalan fuentes socialistas.

En esa línea ya se han manifestado los sindicatos y volverán a hacerlo tras la reunión que Pedro Sánchez mantendrá el próximo jueves, 8 de agosto, con los secretarios generales de UGT y CC OO, José Álvarez y Unai Sordo, respectivamente. Ninguno de los dos se decantará por una fórmula concreta de Gobierno. No lo hicieron cuando el pasado mes se reunieron con Pablo Iglesias. Los dirigentes sindicales están interesados en un programa progresista, en abordar la reforma fiscal y de las pensiones, en la derogación de la reforma laboral —descartada por el PSOE, al menos de una manera integral— y, si es posible, en que haya un acuerdo de legislatura.

Tampoco los colectivos sociales con los que se reúna Sánchez se entrometerán en proponer Gobiernos de coalición o a la portuguesa —apoyo de partidos desde fuera, sin entrar en el Gabinete—, sino en los proyectos. Esta posición juega a favor de Sánchez y en contra de la de Iglesias, por cuanto la presión con la que se va a encontrar no será a favor de su fórmula de gobierno sino para que haya Ejecutivo y no se repitan elecciones.

Este mismo lunes el portavoz de Compromís en el Congreso, Joan Baldoví, actuará en esta dirección. Pedro Sánchez se reunirá en Valencia con los representantes de la formación, acompañado por el presidente valenciano, el socialista, Ximo Puig, y el secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento, José Luis Ábalos. Con este desplazamiento, Sánchez resarce el descontento de Compromís, ya que el líder socialista no consideró necesario hablar con Baldoví y pedirle el voto en las vísperas de la sesión de investidura de los pasados 23 y 25 de julio. Este se abstuvo. Ahora este pedirá a Sánchez que “baje el tono, acerque posiciones y se trabaje para no lamentar oportunidades perdidas”, apuntó a RNE. “Si se convocan elecciones se habrá producido un fracaso colectivo que los partidos progresistas acabarán pagando”, avisó el diputado valenciano que pedirá a Sánchez que “escuche a la calle”. No quieren elecciones los potenciales votantes del PSOE y de Unidas Podemos, según la encuesta de 40dB. publicada el pasado jueves por EL PAÍS. Por el contrario, los votantes del PP, Ciudadanos y Vox sí quieren unas nuevas elecciones. De ello alerta Baldoví.

No hay duda, al menos por ahora, de que los apoyos para la investidura son los mismos que sondeó Pedro Sánchez en su intento fallido de julio. La única vía para el acuerdo sigue siendo Compromís, el PNV y el PRC, además de Unidas Podemos. Con el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, se reunirá Sánchez a partir del 20 de agosto, al igual que con el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla.

El portavoz del Gobierno vasco, Josu Erkoreka, abogó por la constitución de un Gobierno y cerrar el paso a unas nuevas elecciones. Revilla, por su parte, pidió “cordura” a los políticos nacionales para que no haya que celebrar elecciones, porque sería “una catástrofe”. La financiación autonómica también es citada por el presidente cántabro como una necesidad imperiosa. El marco que se cree tras estas reuniones, contrario a las elecciones, es el que puede mover a Pablo Iglesias a recapacitar sobre sus condiciones para apoyar la investidura de Sánchez. Si nada cambia, habrá elecciones.

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