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La lucha por la segunda plaza centra el final de la campaña

Con el PSOE como ganador, la lucha reside en quién quedará segundo y liderará la oposición

Carteles electorales de cinco formaciones que se presentan a las elecciones a la Junta de Andalucía. En vídeo, Sánchez, Casado y Arrimadas coinciden en la recta final de la batalla de las elecciones andaluzas.

3.300 kilómetros de media acumulados, visitas a los rincones de las ocho provincias andaluzas (salvo Adelante Andalucía que aún tiene pendiente Córdoba), mítines, abrazos, selfies… Así puede resumirse la primera semana larga de campaña electoral de los candidatos a la Junta. Los días que les restan serán decisivos para afianzar su mensaje y sus aspiraciones políticas el dos de diciembre. El horizonte electoral que dibujan las encuestas es el de un Parlamento mucho más atomizado, reflejo del fin definitivo del bipartidismo, donde será necesario llegar a acuerdos para sacar adelante la legislatura. En ese mosaico parlamentario el PSOE, pese al desgaste de 36 años en el poder, mantendrá la hegemonía. La incógnita reside en quién de los otros tres partidos liderará la oposición.

El PSOE afronta la recta final optimista. El contacto con la calle ha sido muy satisfactorio y eso les genera buenas perspectivas de cara al domingo. Su candidata, Susana Díaz, ha sorteado la política nacional en todos sus mítines sin moverse un ápice de su guion, centrado únicamente en Andalucía. La socialista ha llamado a la movilización de su electorado para alejar el fantasma de un posible bloqueo que obstaculice su investidura. La agenda de Díaz es la más apretada de los candidatos con una media de tres y cuatro actos diarios, que oscilan entre reuniones con agrupaciones sectoriales y paseos por diversos municipios, con mítines multitudinarios de cierre de jornada, donde el PSOE está logrando reunir entre 1.500 y 2.000 personas.

Díaz seguirá esta semana apelando contra el bloqueo con la premisa de que en la batalla por el segundo puesto, todos van a atacar a quien va primera: ella. “Los únicos que queremos ganar somos nosotros, los demás han asumido que el PSOE es el partido de Andalucía y se pelean por ser segundos”, ha empezado a deslizar en los últimos mítines. La candidata a la reelección ha endurecido su mensaje tanto frente a la derecha como ante la izquierda -a quien a apenas alude-. Díaz ha acentuado la equiparación entre Ciudadanos con el PP para captar al votante desencantado con el abandono del mensaje centrista de la formación naranja, cuyo trasvase ya han empezado a detectar los socialistas. Díaz ya ha elevado el tono y ha pasado de denominarlos “derecha rabiosa” a “derecha asalvajada y asilvestrada”. La presidenta de la Junta también quiere recuperar al electorado socialista desilusionado, que mira hacia Adelante Andalucía, y se presenta como “la izquierda útil capaz de frenar a la derecha”.

El candidato del PP, Juan Manuel Moreno, busca a toda costa posicionarse como única alternativa para materializar el cambio en una última semana que afronta con optimismo. Los populares hasta ahora han planteado las elecciones como un referéndum por la continuidad o el cambio, y consideran que “la estrategia está lograda”. “Como el modelo socialista está agotado, debemos convencer a la mayoría de ese 60% que quiere alternancia en el poder, de que el PP es la única alternativa”, sostiene un portavoz del partido. “Rivera ya abrió la puerta a pactar con el PSOE y ha dado un bandazo. Ciudadanos tiene un problema de discurso, están confiados solo a la marca”, ataca este portavoz.

Tras una primera parte de campaña de actos pequeños, en comarcas, Adelante Andalucía comenzó el sábado la segunda parte de su estrategia electoral. En Sevilla reunieron a más de 3.000 personas en un mitin en el que contaron, por primera vez, con Pablo Iglesias y Alberto Garzón. Los líderes nacionales de Podemos e IU volverán a tierras andaluzas hasta en tres ocasiones para participar en actos que se esperan multitudinarios.

La campaña mantendrá su apuesta por el discurso estrictamente andaluz. Además de Córdoba, la única ciudad en la que no ha recalado la caravana, las paradas se concentrarán en Málaga, Huelva y Cádiz. En la ciudad de Julio Anguita, el líder histórico de IU en la comunidad, no auguran una disputa de votos como en Málaga, donde su candidata, Teresa Rodríguez, concurre como cabeza de lista y donde cerrarán la campaña, en concreto en Torremolinos, para romper el empate técnico que dan las encuestas en un territorio que la derecha tiene más controlado.

El candidato de Ciudadanos afronta la semana con las fuertes expectativas de duplicar, e incluso triplicar, como confesó ayer Juan Marín, los nueve escaños que logró en 2015. El riesgo es no estar a la altura. La cúpula pretende un sorpasso al PP, que las encuestas no detectan. Los estrategas de la formación han previsto un fin de fiesta de movilización con una semana en la que se multiplicarán los actos con la presencia de los principales líderes de la formación, Albert Rivera e Inés Arrimadas.

En una campaña muy marcada por el baloncesto porque el fichaje estrella del partido es el ex seleccionador español de baloncesto Javier Imbroda, al que las malas lenguas ven más proyección que a él, Marín tiró ayer de símil deportivo: “El partido empezará el domingo cero a cero. Estamos en semis, a algunos les hubiera gustado ponerme alguna zancadilla, pero vamos a afrontar la semifinal y después esperaremos la final”, dijo ayer el candidato de Ciudadanos. Marín ha protagonizado actos sin estridencias, muchos en impersonales salas de hoteles y ha estado muy acompañado por los líderes nacionales, conscientes de su discreto tirón. En su discurso apenas hay propuestas, solo un par de ideas fuerza, que se resumen en que Ciudadanos es un partido limpio y hay que cambiar casi 40 años de socialismo andaluz.

Símiles de Juego de Tronos, Los Vengadores, Star Wars, fotografías con vacas, música en directo, partidos de baloncesto… Todo vale para arañar un voto. A los candidatos les queda menos de una semana para conseguir un gol o enfrentarse a cuatro años de fría oposición sin ni siquiera liderarla.

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