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Crónica

El nuevo Sumar: más jarana, menos penas

El relanzamiento del espacio político reivindica más proyecto y menos estrategia; más mejorar la vida de la gente, como diría la vicepresidenta Yolanda Díaz, ausente este sábado

Rita Maestre, Ernest Urtasun, Mónica García, Antonio Maíllo y Lara Hernández este sábado, en el acto de relanzamiento del Movimiento Sumar, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.Alvaro Garcia

La sala de columnas del Círculo de Bellas Artes de Madrid se abarrotó enseguida y hubo que habilitar la del cine. Y aun así, se quedó mucha gente sin poder entrar al acto de relanzamiento de Sumar. En el público, notable presencia de sudaderas de algodón de buena calidad y muchísimos pañuelos palestinos. “Alguien de aquí tiene que parecer rojo”, bromeaba uno de ellos. Olía a primavera, a ilusión, a un muy agradable reencuentro de amigos y conocidos. El ambiente hacía parecer posible la unión de la izquierda, la que toma rooibos y magnesio a diario y también esa que considera que no hay hora mala para el gin tonic y Víctor Jara. “Anuncio solemnemente que se ha acabado la melancolía”, declaró Antonio Maíllo, de Izquierda Unida, moviendo mucho los brazos como si fuera a salir volando.

Mientras se esperaba a los comparecientes, sonaba Salvación, de Arde Bogotá, y esa parte de la letra que dice: “Tiene que haber una salida para tanto dolor”. “La cola de gente llega hasta el (hotel) Four Seasons”, contaba una de las personas de la organización. “No, ya llega hasta (la calle) Cedaceros”, apuntaba otra. Madrid amaneció con sol de invierno y los turistas preguntaban por la calle de Alcalá quiénes eran todas esas personas y a quién esperaban.

“Pelearnos entre primos no nos va a ayudar”, dijo Rita Maestre, encargada de inaugurar el acto, tras entrar enérgica y sonriente al ritmo de Bad Bunny. Maestre habló con tono de dulcísima fuerza de la naturaleza. Más rotunda que enfadada, más asertiva que hiriente. Se marcó un mitin a velocidad supersónica. Previamente, la sala había arrancado a aplaudir cuando apareció el ministro Pablo Bustinduy, a pesar de estar considerado por el presidente de Ryanair, Miachel O’Leary, como un “loco comunista”.

Hubo ilusión, hemos dicho, y también dardos (pellizquitos también) a algunas de las cosas escuchadas esta semana por parte de otras personas situadas a la izquierda del PSOE. Agradecimientos por parte de Ernest Urtasun a Gabriel Rufián con Emilio Delgado, sentado entre el público. “Aquí no sobra nadie, falta mucha gente”, afirmó el ministro de Cultura. Menos estrategia electoral, más proyecto ganador, más mejorar la vida de la gente, que diría Yolanda Díaz, que ya había confirmado que tenía mejores planes esta mañana de sábado.

Y optimismo. La idea reiterada de que es hora de sacudirse el nubarrón, quitarse el color gris cenizo. “No somos una taza de Mister Wonderful”, proclamó la ministra de Sanidad, Mónica García, que mandó un cariñito a los señores de la sala, Rufián y Delgado. “El nuevo sentido común es la unidad”, dijo Maíllo, que afirmó con convicción la incorporación de más organizaciones a esta confluencia. Gritos de apoyo a Gaza y contra la violencia machista frente a “debates importados”. Citas del poeta Antonio Machado y del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Sonó Revolución, de Amaral y People have the power, de doña Patti Smith.

A eso de las dos menos diez la sala empezó a vaciarse. Porque a la izquierda también le gusta el aperitivo, con o sin sol de invierno.

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