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Sánchez contesta a Torra: “Los gobernantes debemos acatar las sentencias, eso define la convivencia”

El presidente del Gobierno insiste en que el problema en Cataluña no es la independencia

Pedro Sánchez, junto al primer ministro sueco Stefan Lofven, este miércoles Enkoping.

Pedro Sánchez está más tranquilo después de escuchar el discurso de Quim Torra que antes de hacerlo, porque pensaba, según explican fuentes del Ejecutivo, que sería más duro. Sin embargo, el president de la Generalitat dejó caer la posibilidad de no acatar la sentencia del Tribunal Supremo tras el juicio contra los políticos catalanes acusados de rebelión. Y eso son palabras mayores, porque los presos están en cárceles catalanas, esto es, controladas por la Generalitat, y se han desatado todas las especulaciones.

Por eso Sánchez, durante un viaje a Suecia en plena campaña electoral para apoyar a su aliado socialdemócrata, el presidente Stefan Löfven, dio un aviso para que Torra no siga por ahí: “España es un Estado democrático de derecho. Los gobernantes lo que debemos hacer es acatar las sentencias aunque no se compartan. Eso es lo que nos define en la convivencia. Hoy en Cataluña no está en juego la independencia sino la convivencia. Por eso pido más responsabilidad y menos gesticulación”, sentenció en una comparecencia conjunta con su colega sueco al lado.

El presidente del Ejecutivo en cualquier caso no eligió un tono duro para el día después del discurso. Si hace una semana, alarmado por las noticias que señalaban que Torra podría amenazar con la liberación de los presos, Sánchez le recordó que podría volver a aplicar el artículo 155, en Suecia recuperó la idea del diálogo. “El Gobierno se toma muy en serio el diálogo con la Generalitat. Lo estamos viendo en temas como la financiación, las leyes sociales recurridas al Constitucional, con las infraestructuras que están pendientes. No queremos enquistar los problemas, sino resolverlos”, explicó el presidente. Y por eso pidió a la Generalitat que haga su parte. “El Govern tiene que abrir un gran debate entre catalanes, porque la oferta de Torra solo satisface a una mitad de catalanes. ¿Cuál es el elemento aglutinador? El autogobierno. Por eso debe haber un debate en el Parlament, que lamentablemente está cerrado, para buscar una salida desde la política a esta crisis política”, sentenció.

Desde que tomó la decisión de acoger el Aquarius, el presidente ha buscado reforzar su perfil europeísta y su protagonismo en un panorama político europeo en el que hace unos meses era un completo desconocido. Sánchez multiplica sus viajes y este miércoles dio un salto notable con la participación directa en la campaña sueca. El presidente dio un mitin en inglés en una plaza de Enköping, a 80 kilómetros de Estocolmo, en el que logró varios aplausos al recordar a Olof Palme y reivindicar el modelo de la socialdemocracia sueca como ejemplo para todos los socialistas, también los españoles. En una plaza que mostraba la sociedad multirracial sueca, donde se mezclaban mujeres con hiyab con otras vestidas al estilo más occidental, Sánchez lanzó mensajes contra el partido racista que domina la campaña electoral y podría ser la gran revelación del Parlamento sueco si el domingo llega al 20%. "No podemos responder al miedo con más miedo. Hay fuerzas que quieren volver al pasado en Suecia y en Europa. Vamos a enseñarles que nuestros valores están más fuertes que nunca, seguimos creyendo en la socialdemocracia sueca", sentenció. Sánchez y Lövfen coincidieron en que la única solución pasa por tener una política de inmigración común en Europa y repartir entre todos los países a los inmigrantes que llegar al sur de Europa.

Löfven forma parte con Sánchez y el portugués Antonio Costa de la reducidísima liga de la resistencia de la socialdemocracia en una Europa dominada por la derecha o la extrema derecha. Las elecciones del domingo son especialmente relevantes porque Suecia es el único de los países nórdicos que hasta ahora había resistido el embate de la extrema derecha xenófoba con un cordón sanitario en el que participan también los partidos del centro derecha en la oposición e incluso los medios de comunicación. Entre todos habían aislado hasta ahora al partido xenófobo Demócratas de Suecia, que centra su discurso en el rechazo a la inmigración y la mano dura.

Hasta ahora habían logrado frenarlo por debajo del 10% mientras otros partidos racistas entraban en Gobiernos de países vecinos. Pero este domingo todo indica que los xenófobos tendrán un gran crecimiento y podrían acercarse al 20%, e incluso convertirse en el segundo partido, aunque la última encuesta de Ipsos rebaja sus expectativas al 16,3%. Löfven, que según todos los sondeos ganará las elecciones aunque perderá un parte importante de su electorado -del 31% pasaría al 25%-, podría tener serias dificultades para formar Gobierno con el bloque de centro izquierda que le apoya.

Sánchez viajó así para apoyar a un líder que, pese a las críticas internas, ha mantenido a Suecia como una isla en la UE al seguir acogiendo inmigrantes y aplicando su generosa política de asilo. Durante años, esta particularidad enorgulleció a los suecos y les convirtió en un ejemplo a seguir dentro de la Unión. Suecia acogió en 2015, cuando estalló la crisis migratoria en el sur de Europa, a 163.000 solicitantes de asilo, una cifra récord.

Pero ahora esa política se ha vuelto en contra de Löfven y el debate sobre inmigración y la mano dura está dominando las elecciones, lo que acerca Suecia a los demás países de su entorno. Es ahí donde Sánchez dio el mensaje de que Löfven no está solo y quiso reforzar el eje antixenofobia que se ha creado en Europa con Alemania, Francia, España, Portugal, Irlanda y Grecia y que tendrá su prueba de fuego en la cumbre de Salzburgo el próximo día 20.

El viaje de Sánchez a Suecia en pleno recrudecimiento del conflicto catalán es especialmente simbólico no solo desde el punto de vista europeo, sino también interno. El presidente lanza un mensaje europeísta y a favor de una gestión conjunta de la inmigración que es fundamental en su estrategia para reforzar la idea ante los catalanes de que España no es ese país opresor comparable a Turquía que dibujó Quim Torra en su discurso. Y además busca aliados en la UE por si una nueva ofensiva independentista hiciera necesario un nuevo mensaje de que ningún país relevante apoyará ningún movimiento de los independentistas para un reconocimiento internacional.

Sánchez tiene especial interés en mostrarse como un líder progresista en Cataluña frente al cliché de la España opresora. En La Moncloa explican así que el viaje, además de suponer una parada obligatoria en la ronda de preparación de la cumbre de Salzburgo, es un gesto evidente de apoyo a alguien que, como el presidente, apuesta con claridad por una sociedad europea y antixenófoba.

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