Fomento declara la guerra a su autovía fantasma

El ministerio probará distintos prototipos para espantar la niebla que engulle la A-8 en Mondoñedo y que obliga a cortar el tráfico un mes al año

Imagen de la A-8 cortada por la niebla.
Imagen de la A-8 cortada por la niebla.ÓSCAR CORRAL

A finales de los años 90, en Galicia se conjugaron dos fenómenos atmosféricos implacables. Uno de ellos es eterno como el aliento del diablo, el viento del nordeste; el otro también resoplaba con genio, pero hace tiempo dijo adiós: Manuel Fraga Iribarne. Siempre se atribuyó a su empeño que la Autovía del Cantábrico (A-8), en vez de llegar a Ferrol o descender de Ribadeo a Lugo, pegase un quiebro hasta Mondoñedo para enfilar la línea hacia la villa natal del longevo presidente, Vilalba. Mondoñedo (Lugo) es una monumental joya engarzada en un valle y coronada por montañas prendidas a una nube. Eso fue siempre así, y se tuvo en cuenta en todos los proyectos de ingeniería desde el siglo XIX. Cuando se concretó el itinerario hacia Vilalba y se trazó la A-8 por la falda oriental de Mondoñedo, supuestamente se rechazó el propósito de construir la calzada a media ladera a causa de la inestabilidad del terreno, y se acabó elevando la cota hasta los 700 metros del Alto do Fiouco. Los alcaldes de la comarca advirtieron entonces de que los trabajadores de la obra apenas se vislumbraban entre ellos durante la jornada laboral. Ahora los que no se ven entre sí son los coches. En primavera y verano, este enclave suele esfumarse del paisaje, borrado por la espesa niebla que provoca el llamado viento del Nordés. El mismo aire que cuando llega a otras zonas de Galicia aviva las llamas de los incendios forestales, aquí arrastra la humedad del mar, choca con las cumbres y las viste de algodón.

El último tramo de la Transcantábrica, menos de 20 kilómetros con 10 viaductos entre nubes que habían costado 192 millones, pasó por gobiernos del PP y del PSOE y fue inaugurado al fin en febrero de 2014 por la ministra Ana Pastor. En julio de ese mismo año, el moño blanco que peina la cima provocó un choque en cadena en el que se vieron implicados 50 vehículos. Otras tantas personas resultaron heridas y una mujer murió. Tras sucesivas medidas correctoras, señalización especial y cierres intermitentes que desde entonces mantienen inutilizable la vía una suma de tiempo de en torno a un mes al año, Fomento va a probar varios ingenios salidos de un concurso de ideas. El ministerio parece decidido a ganar la batalla a las poderosas tinieblas de O Fiouco.

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La licitación de las pruebas parte con un presupuesto de 7,26 millones de euros. Después de una criba paulatina, aquellos inventos que demuestren que pueden llegar a construirse y funcionar se van a instalar en un espacio aledaño al punto más negro (en realidad, blanco nube) del peligroso trayecto. El 80% del gasto se cubrirá con fondos Feder a través del Ministerio de Economía. Se trata, según la definición oficial, de "sistemas de aislamiento, eliminación o desplazamiento de la niebla" que tratarán de disipar el fenómeno meteorológico. Por si el objetivo resulta una quimera y solo se logra reducir en parte al enemigo, también se estudiarán sistemas de ayuda a la conducción que compensarán la falta de visibilidad con señales "personalizadas", incluso avisos al móvil, después de medir la distancia entre coches.

Ahora la autovía se corta desde el Centro de Gestión de Tráfico del Noroeste, en A Coruña, cuando una cámara no avista más allá de 40 metros. Los semáforos se ponen en rojo y se alerta a los conductores de que hay que desviarse a la carretera nacional. Antes de lanzar, hace dos semanas, el contrato para probar los prototipos, en 2015 el departamento de Íñigo de la Serna convocó una consulta previa a la que respondieron 26 particulares y empresas, entre ellas San José, Acciona, OHL o Sacyr. Para combatir la niebla espectral surgieron remedios de película, desde unos aspersores que producen llovizna salina hasta sistemas de "calefacción por infrarrojos", capotas móviles de "tela atrapaniebla", "estaciones creadoras de microclima", "reflectores de energía solar para calentar la calzada", "atomizadores de aire seco" o enormes ventiladores. Queda por saber si alguno de ellos será el verdadero prodigio que venza a la empecinada realidad del viejo fantasma de las montañas.

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