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Una autovía solo para el invierno

La persistente niebla que corta la A-8 desaparecerá pronto porque es más habitual en primavera y verano. Ningún partido ve una solución definitiva al problema

Accidente en cadena el pasado mes de julio en la A-8 provocado por la niebla.
Accidente en cadena el pasado mes de julio en la A-8 provocado por la niebla.

La Autovía del Cantábrico (A-8) tiene muchos padres naturales, pero ninguno reconoce que las limitaciones con que ha nacido en Galicia se deban a sus decisiones. Desde que el pasado 26 de julio murió una mujer en el choque en cadena de decenas de vehículos por la intensa niebla que había entre los municipios lucenses de Mondoñedo y Abadín, no ha habido semana en la que no se cerrase al tráfico en algún momento por falta de visibilidad. Políticos, ingenieros y meteorólogos limitan sus responsabilidades y, aunque los últimos pronostican que en invierno se reducirá el problema, ninguno ve una solución definitiva. Así que el Ministerio de Fomento está mejorando la visibilidad y señalización de la vía apenas medio año después de inaugurarla, pero asume que será la DGT la que tenga la última palabra y decida cuándo hay que cerrarla al tráfico por niebla.

Meteorólogos consultados, tanto en la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) como en Meteogalicia, coinciden en diagnóstico y pronóstico. En la parte más oriental de la cornisa cantábrica el viento del nordeste es más seco porque procede de Francia y contribuye a despejar las nieblas. En la mitad más occidental, donde está Galicia, el viento que llega del nordeste lo hace tras pasar sobre el mar Cantábrico, cargado de humedad que, al llegar a tierra, se condensa y forma las nubes que a cierta altura y a ojos de los conductores parecen niebla. El viento nordeste y el calor necesario para que se produzca el fenómeno son más habituales en primavera y verano, por ello tanto en Aemet como en Meteogalicia aseguran que en breve, en otoño e invierno, serán más raros los problemas de visibilidad en la A-8 a su paso por Mondoñedo.

Medidas triplicadas

D. R.

La A-8 discurre por Galicia a lo largo de 86 kilómetros que costaron unos 500 millones de euros. El tramo entre los municipios lucenses de Abadín y Mondoñedo que ahora se corta por la niebla fue el último en abrirse, en febrero, y ya entonces el Ministerio de Fomento destacó que la vía contaba con tres kilómetros de lámparas tipo LED en los laterales de ambas calzadas, dos paneles de señalización variable para informar de las condiciones del tráfico y una estación meteorológica con un medidor de visibilidad y una cámara para que la Dirección General de Tráfico (DGT) conociese en tiempo real la situación de la circulación. Ahora Fomento apura la instalación de balizas empotradas en el asfalto a lo largo de cuatro kilómetros, dos nuevos paneles de señalización variable, tres nuevas estaciones meteorológicas con medidores de visibilidad y cuatro nuevas cámaras conectadas con el centro de control del tráfico de la DGT en A Coruña. También refuerza la señalización vertical por niebla y viento. “Las medidas complementarias van a reducir bastante la decisión extrema de cortar la circulación”, pronostica el decano de los ingenieros.

La frecuencia será menor, pero los meteorólogos admiten que la niebla podría aparecer en cualquier momento del año. Algo que se sabe desde hace siglos. También a finales de la década de los noventa, cuando Fomento comenzó a dar pasos en serio para que la A-8, iniciada en el País Vasco en los setenta, llegase al fin a Galicia y articulase realmente todo el Cantábrico. Para entonces ya se había producido en 1991 en la misma vía, a su paso por Amorebieta (Vizcaya), un choque en cadena causado también por la niebla que provocó 17 muertos. Niebla habitual en las montañas que rodean Mondoñedo, en ese alto do Fiouco, a 700 metros de altura, por el que pasa la A-8, e incluso en el alto da Xesta, casi 200 metros más abajo, por donde discurre la vieja carretera nacional.

Es al expresidente gallego Manuel Fraga al que se ha atribuido siempre la presión política para que la A-8 girase desde el Cantábrico hacia el interior de Galicia por Mondoñedo y pasase por su pueblo natal de Vilalba antes de conectar con la A-6 Madrid-A Coruña. Las otras opciones estudiadas y descartadas eran que continuase paralela al mar hasta Ferrol o que girase hacia el interior algo antes, paralela al río Eo y en dirección a la ciudad de Lugo. Elegido el corredor central por Mondoñedo, los ingenieros se enfrentaron a decidir el trazado concreto más adecuado.

El decano del Colegio de Caminos, Ricardo Babío, ratifica que quienes diseñaron la infraestructura eran conocedores de los condicionantes climáticos. Y de los orográficos, y por eso, confirma un veterano ingeniero, se hizo pasar la autovía por la ladera oriental del valle de Mondoñedo, más soleada y con menos impacto ambiental, arqueológico y paisajístico que la occidental, más escarpada y por la que asciende la actual carretera nacional, en la que, aunque en un tramo más corto por estar a menor altura, también hay niebla. Elegida la opción oriental, inicialmente se trazó la calzada a media ladera, pero el terreno era inestable y se subió su cota, lo que la metió aún más en la zona de nieblas.

“Técnicamente casi todos los trazados son posibles, pero hay que gestionar fondos públicos”, argumenta Babío. “Si quieres atravesar cadenas montañosas, sabes que te enfrentas a la climatología, y si quieres hacer un túnel de muchos kilómetros para evitarla, ¿cuánto te va a costar? ¿Vale la pena teniendo en cuenta los días de niebla que hay?”, reflexiona el decano de los ingenieros tanto sobre la elección del corredor central de Mondoñedo frente a los de Ferrol y Ribadeo como sobre el trazado concreto elegido en esa ubicación.

Babío también rechaza la consideración de algunos meteorólogos de que los ingenieros tienen más en cuenta la lluvia y la nieve, porque su peso o fuerza influye en las estructuras que diseñan, que la niebla. “Sí se tiene en cuenta, igual que el viento”, dice el decano, y recuerda que otras carreteras de montaña también se cierran en ocasiones por la nieve. “Son factores imprevisibles”, dice, y sentencia: “Se hizo la mejor autovía posible”.

Pese a que se supone que esas fueron decisiones fundamentalmente técnicas, desde el accidente de julio los políticos llevan dos mes acusándose mutuamente. Los de PSOE y BNG critican a Fomento por abrir la autovía sin las medidas de seguridad suficientes frente a la niebla, como demostraría que ahora se están ampliando. Los del PP culpan al gobierno anterior de la modificación del trazado realizada durante la construcción que supuso elevar la cota de la vía. Y a su vez los socialistas recuerdan que el corredor central por Mondoñedo fue elegido por los populares.

El alcalde de esta población, el nacionalista Orlando González, asegura que no se arrepiente de tener la autovía sino de que se tardase tanto en construirse. Él es de los que confía en que en invierno habrá menos niebla, pero advierte de que el viento será peor. Y como se teme que los cortes de la autovía no desaparecerán, reclama que Fomento arregle cuanto antes la vieja carretera nacional por la que se desvía el tráfico y cuyo asfalto está muy deteriorado.

Tanto los alcaldes como los ingenieros y meteorólogos consultados confían en que la nueva señalización e iluminación que está instalando Fomento mejore la situación. Pero el ministerio advierte de que será la Dirección General de Tráfico (DGT) la que tenga la última palabra sobre las condiciones de seguridad de la vía en cada momento y la que decida si se cierra o no al tráfico. El viento nordeste y la humedad seguirán marcando el ritmo de esta paradójica autovía que se lleva mejor con el invierno que con el verano.