El último secuestro de Fraga Iribarne

Después de sucesivos raptos y ataques, la enésima desaparición del busto del fundador del PP en su villa natal es, para el alcalde, la definitiva

Un operario municipal limpia el busto de Fraga en Vilalba en abril de 2017.
Un operario municipal limpia el busto de Fraga en Vilalba en abril de 2017.

El misterio envuelve el último destino del único Manuel Fraga que campeaba en un espacio público de Galicia. Su busto en la Alameda de Vilalba, la villa lucense en la que nació el ministro franquista y más longevo presidente de la Xunta tal día como hoy, 23 de noviembre, de 1922, se esfumó en la madrugada del pasado miércoles 15. Después de que el gobierno cuatripartito de Cambados (Pontevedra) acordase retirar en abril de 2017 su polémica estatua con capa y copa de albariño inaugurada un lustro antes, en la comunidad autónoma que gobernó con mayoría absoluta durante 16 años Fraga solo conseguía formar parte del mobiliario urbano en su pueblo natal. Pero ahora ya no está y no hay pistas sobre su paradero.

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El vídeo de seguridad con el que trabaja la Guardia Civil para desentrañar el enigma muestra a dos encapuchados que desatornillan la imagen de bronce inaugurada en 1968, cuando el retratado era ministro de Información y Turismo. Después cada uno marcha por un lado y desaparecen tranquilamente por donde ya no alcanza la cámara. Uno de ellos lleva bajo el brazo sin que parezca pesarle demasiado la cabeza hueca del fundador del Partido Popular. Desde ese día, ya nada más se ha sabido del viejo gobernante y el actual alcalde de este feudo del PP, Agustín Baamonde, reconoce que en esta ocasión se huele que la efigie "no va a aparecer".

Porque no es la primera vez que la secuestran, ni tampoco la primera en la que la atacan apelando a la ley de la memoria histórica. El primer rapto del que fue ministro de la Gobernación y vicepresidente durante la Transición tuvo lugar en 1992, cuando llevaba ya dos años empuñando con su primera mayoría absoluta el timón de Galicia. Pero los llamados "actos vandálicos" se multiplicaron, según el regidor, "desde hace tres o cuatro años" hasta convertirse en "un clásico". "Ya hemos perdido la cuenta de las veces que atentaron" contra Fraga, reconoce Baamonde. La escultura ha sido sucesivamente decorada con pintura de colores, tumbada con su pesado pedestal de piedra con ayuda de unas cuerdas, dañada con explosivo y hurtada del parque un total de tres veces, aunque en las dos anteriores se halló enseguida: una, sumergida en el río Madalena, que atraviesa la localidad; y la otra, abandonada en un campo cercano.

"Aquello fueron gamberradas de fin de semana", opina el alcalde sobre esas desapariciones. Entonces el busto estaba agarrado al pedestal solamente con silicona. Ahora estaba mejor anclado, y los secuestradores emplearon su tiempo en desprenderlo, dice Baamonde; "venían más preparados". La existencia de cámaras de seguridad no ha amilanado a los atacantes, que vuelven una y otra vez sin que se acaben aclarando las investigaciones. "Es como el monstruo del Lago Ness", bromea el alcalde, hay grabaciones y fotos, pero nunca se resuelve el misterio de su presunta existencia. En marzo de este año, un grupo de tres encapuchados vestidos de negro cubrieron con pintadas a plena luz del día la sede de la fundación de Fraga en Vilalba, a escasos metros de la escultura. Escribieron con espray rojo “oroimenetik gara penera”, algo así como “acerca de la memoria”, y pegaron retratos de impresora de los cinco fallecidos durante el desalojo policial del 3 de marzo de 1976 que tuvo lugar en la iglesia de Francisco de Asis, en el barrio vitoriano de Zaramaga. El alcalde considera evidente que aquel grupo de encapuchados "venía del País Vasco" y también duda de que este último secuestro sea cosa de gente del pueblo.

Nadie ha reivindicado aún la acción, "así que puede tratarse de un robo por encargo de un admirador, que quiere el busto para su jardín", dice el gobernante local. "Fraga no dejaba indiferente a nadie; tenía amigos acérrimos y enemigos declarados", continúa explicando. "Sobre su trayectoria hay opiniones, como sobre Fidel Castro o el Che, pero lo que está claro con estos atentados es que se empeñan en mantener su memoria viva, porque no para de salir en la prensa. Ahora se puede discutir sobre la estatua, pero en Vilalba hay gente muy indignada. Es patrimonio público y memoria colectiva", protesta el alcalde.

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Una memoria colectiva que, quizás por la aplastante personalidad del retratado, ha olvidado por completo el nombre del retratista. Ni el regidor actual ni un predecesor en el cargo, el popular José María García Leira, alcalde entre 1970 y 1990, recuerdan qué escultor firmó la pieza desaparecida. Tras la consulta de este diario, la concejala de Cultura, Chery Grandío, indagó ayer y finalmente logró atar cabos. El busto que el año que viene cumpliría medio siglo fue "una donación, por amistad" con Fraga, "de Fernando Mayoral", un escultor nacido en Valencia de Alcántara (Cáceres) en 1930 que fue profesor asociado de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca y sigue recibiendo encargos de imaginería para la Semana Santa de esta ciudad.

El Ayuntamiento de Vilalba conserva aún el viejo vaciado de escayola con el que el artista fundió el bronce de Fraga. Si no aparece "en el plazo de mes y medio", el alcalde planea intentar usarlo para obtener una réplica. Hay en el consistorio quien además propone "rellenarla de plomo" y asegurarla "con tornillos de resina, sin cabeza, para que no se puedan desenroscar". Creen que si la efigie pesa 300 kilos, quizás ya nadie se atreva con Fraga.

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