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Bélgica dice que Puigdemont tiene los mismos derechos y deberes que cualquier europeo

El primer ministro belga, Charles Michel, asegura que el expresidente catalán no fue invitado por su Gobierno

El primer ministro belga, Charles Michel, en una imagen de 2016.
El primer ministro belga, Charles Michel, en una imagen de 2016. AP

El Gobierno belga se desvincula de cualquier relación con la estancia en Bélgica del expresidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont. El primer ministro, el liberal francófono Charles Michel, ha dejado claro en un comunicado que su Ejecutivo no tiene nada que ver con el aterrizaje en Bruselas del político catalán. "El señor Puigdemont no está en Bélgica ni por invitación ni a iniciativa del Gobierno belga", ha explicado este martes. Tampoco le proporcionará las facilidades que se dispensan a dirigentes extranjeros en sus visitas al país. "Dispone de los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano europeo, ni más ni menos".

Para Bélgica, el expresidente catalán es por tanto únicamente el ciudadano Puigdemont, al que la libre circulación en el seno del espacio Schengen le permite viajar a Bélgica sin restricciones como a cualquier turista o trabajador con la documentación en regla. Con estas declaraciones, Michel trata de espantar el fantasma de una nueva crisis diplomática con España tras los roces de las últimas semanas por su tibio apoyo a las medidas tomadas desde Madrid para combatir la celebración del referéndum y la posterior declaración unilateral de independencia.

Michel no tuvo conocimiento de que Puigdemont se encontraba en suelo belga hasta este lunes, el mismo día en que salió a la luz pública, y afirma estar dispuesto a intensificar los contactos diplomáticos con España sobre la cuestión. En ningún caso se plantea embarcarse en aventuras que puedan ser contrarias a la ley: "el Gobierno velará por el respeto del Estado de derecho", ha remarcado. El primer ministro ha querido intervenir para contener cualquier especulación en una cuestión que ya ha abierto grietas en el Gobierno belga. Este domingo tuvo que rectificar unas declaraciones del secretario de estado de Inmigración, el flamenco Theo Francken, en las que veía como una opción factible ofrecer asilo a Puigdemont ante el riesgo de que España no garantizara un juicio justo.

El primer ministro ha parafraseado al expresident para tratar de enmarcar su visita en clave comunitaria, y no como el refugio de un político independentista en un país donde una parte importante de la población apoya tesis similares en Flandes —el partido más votado en Bélgica es el nacionalista N-VA—. "Según las palabras del señor Puigdemont, ha venido a Bruselas porque se trata de la capital de Europa".

El rápido distanciamiento por parte del primer ministro ha ido acompañado este martes del reproche de su segundo de a bordo, Kris Peeters: “No quiero prejuzgar nada, pero cuando llamas a la independencia y la declaras, lo mejor es permanecer junto a tu pueblo”, recriminó a Puigdemont en una entrevista concedida a la radio belga.

El presidente cesado, que llegó a Bélgica este lunes en el más absoluto secreto, ha mantenido oculta su agenda, aunque ha trascendido que se reunió con el letrado belga Paul Bekaert, conocido por haber defendido a varios etarras detenidos en Bélgica, para consultarle sobre las opciones legales que tiene para permanecer en el país.

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