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El Gobierno improvisa su estrategia exterior frente a la propaganda separatista

Exteriores ha enviado seis argumentarios a todos los embajadores desde septiembre y el ministro Dastis es el único que se multiplica en los medios internacionales

El ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, escucha a su homólogo, Teodor Melescanu, durante un acto en Bucarest.
El ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, escucha a su homólogo, Teodor Melescanu, durante un acto en Bucarest. AP

“Alarmados”. Así se reconocen varios diplomáticos españoles destinados en el exterior ante el auge y la difusión de mensajes falsos de los responsables separatistas catalanes ante la escasa, tardía e improvisada estrategia de respuesta del Ejecutivo español. La Moncloa apenas tiene un papel en esta disputa y el Ministerio de Exteriores ha distribuido en sus embajadas, desde finales de septiembre, seis argumentarios con ideas básicas y muy generales. El ministro Alfonso Dastis es casi el único que da la cara ante los medios internacionales.

En el propio seno del Gobierno de Mariano Rajoy, en La Moncloa y en otros ministerios se reconoce que esa batalla por ganar el relato internacional de lo que ocurre en Cataluña se ha perdido entre otras razones porque casi no se ha dado. Lo que algunos diplomáticos españoles destinados en el extranjero consideran “alarmante” es que “se hayan dejado pasar tantos años sin explicar y contraponer, rápida y tajantemente, que la pretensión de los separatistas catalanes es lo que resulta un objetivo totalmente antidemocrático y que el Estado español es tan democrático como cualquiera homologable en nuestro entorno”. El presidente, muchos de sus ministros y otros responsables de alto nivel de la Administración central no han entrado “por desidia o falta de un mensaje articulado y coordinado” en esa tarea, según algunos diplomáticos consultados, y cuando lo han intentando, ya en septiembre, con el golpe de mano dado en el Parlamento catalán y la consulta del 1-O convocada, ha parecido demasiado tarde.

Ese diagnóstico crítico se acepta en el Gobierno aunque se argumenta que tienen más cosas de las que ocuparse y se constata que el Ejecutivo catalán lleva mucho más tiempo haciéndolo y empleando muchos más recursos con eficacia en esas labores de propaganda. En el entorno del presidente, en La Moncloa, apenas se ha hecho nada para construir una estrategia común frente al relato y las falsedades impuestas por los separatistas catalanes.

Los propios corresponsales internacionales, cuando acuden a España, admiten que tienen serios problemas para encontrar un responsable gubernamental que dé su versión directa sobre los hechos, y menos aún a una televisión y en otro idioma que el español. Les ocurre exactamente lo contrario con varios de los máximos representantes de la Generalitat de Cataluña.

Bien con los gobiernos, mal con la comunicación

J. C., Madrid

Un embajador español reconoce el problema de comunicación del Gobierno sobre Cataluña pero no recientemente sino hace años. Una de las quejas recurrentes señala que se ha volcado el trabajo en lograr la adhesión de los Gobiernos y principales instituciones mundiales, con buenos y fundados argumentos jurídicos, pero muy fríos y burocráticos para calar en los medios de comunicación. Esos contactos mediáticos han fallado. “Ha faltado una buena red de comentaristas, la opinión, ese llamado soft power de la comunicación, parecía todo dirigido por un abogado del Estado”, resume un embajador crítico con la falta de una estrategia gubernamental. Algunos diplomáticos agradecen que esa labor didáctica la hayan suplantado algunos medios privados. Otros añaden como la gran carencia de los argumentarios que sean “a la defensiva, a la contra, y no hayan logrado imponer la agenda propia de que la única legitimidad en este conflicto la tiene el Estado democrático frente a los que llevan años, desde Cataluña e instalados en foros de poder y pensamiento internacional, socavando la imagen de España como un país corrupto, sin libertades ni división de poderes, como si aún estuviéramos en el franquismo”.

Desde finales de septiembre, sin embargo, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha intensificado esos trabajos y contactos con medios internacionales y también con las embajadas españolas. Desde el gabinete del ministro se han enviado seis argumentarios, en español y en inglés, con algunas ideas básicas para usar si los embajadores tenían esa posibilidad en una entrevista o intervención. Exteriores ha dado la orden a sus embajadores, a través de un telegrama específico, de impulsar encuentros directos, para ser publicados o no, con periodistas de referencia. En las dos primeras semanas de octubre se han producido ya 87 entrevistas en radios, televisiones y medios escritos, nueve cartas al director de distintos medios precisando errores con aclaraciones y rectificaciones, 91 reuniones off the record y alrededor de 500 tuits de 60 embajadas siguiendo esas instrucciones.

El propio ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, que es casi el único que aparece en medios internacionales, ha ofrecido 12 entrevistas en televisión y radio extranjeras, ha publicado tres tribunas y ha celebrado cinco reuniones privadas in situ con las direcciones de medios tan relevantes como The Times, The Economist, The Guardian, Financial Times y Der Spiegel. Las últimas, este pasado martes en Londres.

En los argumentarios enviados a las embajadas, que luego allí se acaban repartiendo por los consulados y otros servicios, se expone el conflicto de una manera muchas veces técnica o “burocrática”, como acepta un embajador. El último enviado, el martes tras la detención de los líderes de ANC y Òmnium, relataba qué había pasado, qué es el delito de sedición, los hechos investigados y se concluía que “en España hay separación de poderes, respeto a las decisiones judiciales y que saltarse la ley tiene consecuencias”. En otro anterior, tras el discurso del rey Felipe VI, se presumía de la actuación “calmada, transparente y firme” del Ejecutivo frente a la “farsa” antidemocrática del referéndum no organizado el 1-O.

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