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El Rey entrega al Gobierno el ‘Fortuna’

El Monarca renuncia al yate, regalo de 21 millones de euros de un grupo de empresarios baleares

El Rey no volverá a navegar con el Fortuna, el lujoso yate que le entregó como regalo, en el año 2000 el Gobierno balear (PP) y un grupo de empresarios. El barco, de 41,5 metros de eslora, costó 3.500 millones de pesetas en su día, 21 millones de euros de ahora. Don Juan Carlos ha decidido entregarlo al Gobierno porque en plena crisis, cuando todas las instituciones están obligadas a dar ejemplo de austeridad, “no tiene sentido”, aseguran fuentes de La Zarzuela, disponer de un barco que cuesta mover más de 20.000 euros, lo que vale llenar sus tanques de combustible.

El Monarca ha pedido a Patrimonio Nacional que “inicie trámites para la desafectación del barco como bien de este organismo”, según explicó este jueves un portavoz de la Casa del Rey. El próximo martes, el Consejo de Administración de Patrimonio Nacional, organismo público responsable de los bienes de titularidad del Estado que proceden del legado de la Corona, aprobará la cesión al Ministerio de la Presidencia del barco, y el Gobierno decidirá en Consejo de Ministros qué hacer con el yate: si quedárselo o venderlo.

La última vez que don Juan Carlos navegó con él fue en agosto del año pasado. La Zarzuela explicó entonces que el equipo de mantenimiento del yate había aconsejado moverlo para comprobar que todo funcionaba bien y el Rey navegó con la tripulación durante unas seis horas. La Familia Real utilizó el resto del verano el Somni, embarcación más modesta, propiedad del armador José Cusí, amigo del Monarca.

Este era el tercer Fortuna de los Reyes. Don Juan Carlos vendió el primero en 1972 al Marqués de Mondéjar, que en 1969 había sido nombrado jefe de la Casa del Príncipe y desde 1975 a 1990 lo fue de la Casa del Rey. El Monarca se refería a él como su “padre adoptivo”. El segundo Fortuna fue un regalo del rey Fadh de Arabia Saudí en 1979. Se desguazó en Cádiz en 1990. Y el tercero, al que ahora renuncia don Juan Carlos, también fue un obsequio, pero en este caso del Gobierno balear, que puso 500 millones de pesetas, y de una treintena de empresarios que en 1997 decidieron hacer una colecta millonaria para regalarle un barco al Rey.

La operación se realizó a través de una fundación y costó 21 millones de euros. Los promotores de la iniciativa aseguraron que el fin de tan monumental obsequio era asegurarse la presencia de la Familia Real en Baleares como atractivo turístico. De hecho, la mayor parte de empresarios que donaron dinero —a 100 millones de pesetas cada uno— pertenecía a este sector. Entre los mecenas del yate figuraban Gabriel Barceló, del Grupo Barceló; Gabriel Escarrer, de Sol Meliá; La Caixa; Juan José Hidalgo, de Air Europa; la hija del exministro de Asuntos Exteriores Abel Matutes, Carmen, del grupo hotelero Fiesta; Miguel Fluxà, de Viajes Iberia o Carmen García, de Soltour.

El Rey estrenó el yate con la infanta Cristina el 22 de marzo del año 2000. Padre e hija salieron a navegar por aguas de la bahía de Cádiz con la lujosa embarcación, una de las más veloces del mundo en su categoría. Nada tiene que ver aquel momento con el actual, ni dentro de La Zarzuela ni fuera de ella. Por eso, más de trece años después de aquella plácida travesía, cuando los españoles acaban de poner a la institución la peor nota de su historia, un 3,6, el Rey ha decidido desprenderse de un regalo que fue muy caro de construir y que hoy, en plena crisis económica y de confianza en las instituciones, es todavía mucho más caro mantener.

 

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