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ANTE LA CUMBRE DE hoy en bruselas

Rajoy y Rubalcaba se citan en plena crisis pero con posiciones muy alejadas

El presidente llama al líder socialista y despacha sus diferencias en 20 minutos

Se vieron por última vez oficialmente hace tres meses

Quiere minimizar el perfil de sus relaciones con Rubalcaba

Mariano Rajoy, ayer, en el palacio de la Moncloa. Ampliar foto
Mariano Rajoy, ayer, en el palacio de la Moncloa.

Es la cita política más importante que puede haber en cualquier país, pero ha costado muchísimo tiempo fraguarla. Después de semanas en los que se hablaba de ella, y de que el jefe de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, se decidiera definitivamente a llamar el lunes, el presidente Mariano Rajoy le devolvió al fin la llamada ayer pasadas las 18.00 y, después de uno 20 minutos de conversación, le convocó a un encuentro el viernes en La Moncloa.

La última vez que se vieron oficialmente —en medio hubo un encuentro secreto que desveló Rajoy— fue el 15 de febrero, hace más de tres meses. La cita fue en principio bien, y duró casi cuatro horas, algo muy inusual. Pero después la relación entre ambos se fue tensando hasta que dejaron incluso de hablar por teléfono. Rubalcaba ha llegado a admitir que no tiene el móvil de Rajoy. En todo este tiempo de silencio entre el presidente y el jefe de la oposición España ha vivido varios momentos de pánico en las bolsas y sobre todo una prolongada crisis de la deuda que, pese a la bajada de las últimas horas, sigue en niveles insoportables.

El presidente quiere en todo momento minimizar el perfil político de sus relaciones con Rubalcaba, y de hecho ha decidido convocar en el mismo día a Josep Antoni Duran, portavoz de CiU, que también le había llamado para intentar buscar ese gran acuerdo.

Sin embargo, fuentes del Gobierno y de la oposición coinciden en que la conversación fue correcta, sin reproches. Eso se deja para los debates públicos. El asunto central era la posición española en la cumbre informal de la Unión Europea de hoy. Aunque hay algunas coincidencias, las posiciones del Gobierno y del PSOE están muy alejadas no solo en política europea, también, y especialmente, en la política española. El PSOE se queja de que el Gobierno ni siquiera les llama —ha sido Rubalcaba quien ha tomado la iniciativa— mientras el Ejecutivo recuerda que los socialistas están votando en contra de todas las medidas duras de recortes. El esquema se repite al que ya protagonizó Rajoy cuando estaba en la oposición y rechazó todos los recortes del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Rubalcaba ofrece acuerdos en política europea, pero no parece ni mucho menos dispuesto a aceptar una negociación sobre la política de recortes de Rajoy, a la que el PSOE se opone frontalmente hasta el punto de que ayer mismo varios de sus dirigentes acudieron a las manifestaciones contra los recortes educativos.

Rubalcaba quería hablar con Rajoy para ofrecerle su ayuda. El líder del PSOE, que también viajará a Bruselas para reunirse con los dirigentes socialistas europeos, recuerda que ahora, tras las elecciones francesas, su corriente política tiene mucho más peso en Europa y cree que sus posiciones podrían favorecer a España al ejercer como contrapeso de Angela Merkel, la gran defensora de las políticas de austeridad. Rajoy, por el contrario, no tiene ninguna intención de romper el pacto de hierro que parece haber forjado con Angela Merkel.

En esa conversación de 20 minutos, ambos coincidieron en algunas cosas, como el rechazo a que Grecia abandone el euro, la necesidad de descartar un rescate europeo de los bancos españoles —Moncloa está muy molesta con François Hollande por haber sacado este asunto—, la urgencia de que actúe el Banco Central Europeo para estabilizar los mercados de deuda o la idea de combinar políticas de austeridad con otras de crecimiento.

Hasta ahí los puntos de encuentro. Pero mucho más relevantes parecen las discrepancias. Rubalcaba reclama a Rajoy que defienda en Bruselas dos cuestiones clave: primero, los eurobonos, que va a plantear Hollande. Merkel no los quiere y Rajoy insiste en que lo urgente en este momento es “solucionar los problemas de liquidez y garantizar la estabilidad financiera de la zona euro”, esto es, en otras palabras, que el BCE siga prestando dinero barato a los bancos españoles y diga que va a seguir haciéndolo.

El otro punto de discrepancia es el cumplimiento del objetivo de déficit. Ya son varios los organismos internacionales que prevén que España no cumplirá. Otros dicen que intentar cumplir a toda costa profundizará la depresión. Rubalcaba pidió expresamente a Rajoy que defienda un retraso en el objetivo de déficit para no tener que llegar al 3% en 2013, lo que implicará dos años de políticas de recortes durísimas. Rajoy no está por la labor y mantiene que cumplirá.

Duran, a la misma altura

C. E. C.

“Rajoy cita a Duran y a Rubalcaba a sendas reuniones el próximo viernes”, señalaba ayer la comunicación oficial de La Moncloa. Duran antes que Rubalcaba; el primero a las cinco y el segundo a las siete. “También me ha llamado Duran”, señaló el presidente el lunes en Chicago para minimizar al líder de la oposición al colocarle a la misma altura que el portavoz de CiU, un partido siempre clave y ahora que gobierna en Cataluña más, pero que tiene 10 veces menos diputados que el PSOE y aún menos votos. Duran defenderá en La Moncloa que es necesario un “gran pacto de Estado”.

El PSOE señaló ayer que no considera relevante ni una forma de ninguneo político que citen a Rubalcaba y a Duran el mismo día. Políticamente, a Rajoy le interesa mucho más la cercanía de CiU, que siempre busca, que la del PSOE. El presidente orilla a Rubalcaba. Incluso tras la última reunión en La Moncloa, que aparentemente fue bien, Rajoy decidió que ni él ni nadie del Gobierno compareciera para dar una versión de esa cita. Cuando Rajoy visitaba a Zapatero en La Moncloa, el expresidente siempre salía a detallar los acuerdos alcanzados.

Desde que llegó a La Moncloa, Rajoy sigue la política de que nadie comparezca tras las visitas políticas relevantes. Ni siquiera con el líder de la oposición. Solo sale Rajoy, porque así lo obligan las costumbres internacionales, cuando recibe a un jefe de Estado o de Gobierno de otro país y tiene que comparecer con él para ofrecer un par de preguntas a la prensa.

La discrepancia fundamental está en las políticas de crecimiento. Rajoy insiste en que el debate austeridad-crecimiento, que recorre el mundo y divide a economistas y políticos, no tiene sentido porque son compatibles. Para el presidente, políticas de crecimiento son las reformas estructurales que él hace en España, incluida la polémica reforma laboral que el PSOE rechaza de plano.

Es evidente que los socialistas, y la mayoría de los economistas que participan en este debate mundial, entienden otra cosa por políticas de crecimiento. Se refieren a políticas de inversiones públicas para animar la economía, en especial con dinero europeo.

“Los dos han hablado de crecimiento, cada uno con sus matices”, precisaron fuentes del PSOE. “Han hablado de combinar políticas de austeridad y crecimiento pero Rajoy ha insistido en que lo más urgente ahora es solucionar los problemas de liquidez”, remata el Gobierno.

El viernes se verá el resultado de este acercamiento, aunque los reproches siguen encima de la mesa. Y el ambiente entre los dos partidos no para de empeorar. Ayer mismo los dos portavoces parlamentarios se culparon mutuamente del bloqueo en la renovación del Tribunal Constitucional, y el PP acaba de aprobar una ley para poder elegir solo con su mayoría absoluta y sin consenso al nuevo presidente de RTVE.

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