252 hombres tienen más que todas las mujeres y niñas de África y Latinoamérica

Forman parte del único 1% de la humanidad que no ha visto sus ingresos deteriorados por la pandemia, sino al contrario: las diez personas (todos varones) más ricas del planeta han duplicado su fortuna en los dos últimos años. Ellos son la otra cara de la desigualdad

Una niña en su casa, hecha de madera y restos de materiales reciclados, en Alta Verapaz (Guatemala), en febrero.
Una niña en su casa, hecha de madera y restos de materiales reciclados, en Alta Verapaz (Guatemala), en febrero.Jaime Villanueva

Cada cuatro segundos, uno de los diez hombres más ricos del mundo gana 52.000 euros. En esta misma fracción de tiempo muere alguien en el planeta a causa de la desigualdad. Estas son las dos caras de la inequidad; dos polos cada vez más alejados, según critica el último informe de Oxfam Las desigualdades matan, publicado este martes. Mientras que durante los primeros dos años de covid-19, 160 millones de personas fueron empujadas a la pobreza y el 99% de la humanidad presenció cómo su economía se deterioraba, el cerebro de Amazon, Jeff Bezos; el cofundador de PayPal, Elon Musk, y el creador de Facebook (hoy en día Meta) Mark Zuckerberg, entre otros, vieron multiplicarse los ceros de sus cuentas bancarias.

La balanza nunca estuvo equilibrada, pero la pandemia inclinó “sin precedentes” uno de los platos y, hoy, 252 hombres poseen más riqueza que todas las mujeres y niñas de África, América Latina y el Caribe juntas, según datos proporcionados por la revista Forbes y comparados en el estudio. Publicado a mediados de enero con motivo de la Agenda de Davos, del Foro Económico Mundial, la organización afirma que la inequidad contribuye a la muerte de al menos 21.000 personas al día. Se trata de estimaciones conservadoras basadas en el número de muertes causadas por la falta de acceso a servicios de salud, a la violencia de género, la discriminación por raza, el hambre y la crisis climática.

Latinoamérica ya era la región más desigual antes del fatídico 2020. Simon Ticehurst, director regional de Oxfam, insiste: “La pandemia impactó desproporcionadamente”. Y es que ahí se acumuló el 30% de las muertes por coronavirus a pesar de que su población supone apenas el 8%. “Nos preocupa la pobreza porque aumenta la vulnerabilidad. Y tienen cara: los más afectados son afrodescendientes, indígenas, campesinos, mujeres... Pero lo que más lamentamos es esa brecha cada vez más amplia entre los que no tienen casi nada y los que ya no saben ni qué hacer con tanto”.

Lo que más lamentamos es esa brecha cada vez más amplia entre los que no tienen casi nada y los que ya no saben ni qué hacer con tanto
Simon Ticehurst, director regional de Oxfam en Latinoamérica y el Caribe

Es pobre quien tiene menos de cinco euros al día. Y el rostro del “nuevo pobre” es el que estaba en los límites de la clase media, que para Ticehurst se debería subdividir en “clases medias”: “No es una categoría uniforme. Dentro de esta, hay gente que roza la riqueza y gente que no tiene acceso a la educación ni a la sanidad y que vive en la precariedad absoluta”. Las historias de quienes fueron arrojados de pronto a la necesidad suelen ser similares: trabajadores informales, familias que no pudieron afrontar un gasto inesperado –como la muerte o el tratamiento de alguno de sus parientes– y cuidadores (mayoritariamente mujeres). “Ellas han sido las primeras en perder los empleos por la naturaleza informal de sus trabajos. Se produjo una ola de feminicidios y más en esta zona que es tan machista y patriarcal. Colapsaron. La casa se convirtió en un lugar inseguro para muchas y además cargaron con todos los cuidados”, critica mediante una llamada telefónica.

La desigualdad inunda todos los aspectos de la vida. La salud, el primero. Solo por el difícil o imposible acceso a los servicios sanitarios, 5,6 millones de personas pierden la vida cada año. Una cifra similar a los fallecidos por covid-19. Los ejemplos son infinitos: en São Paulo (Brasil), la esperanza de vida de la población de las zonas más ricas es 14 años mayor que la de las zonas más pobres; y la brecha de este medidor en Estados Unidos se ha cobrado la vida de 3,4 millones de personas negras; aunque Centroamérica es responsable del 0,26% de las emisiones de dióxido de carbono, destaca entre las regiones de mayor vulnerabilidad; 600 millones de africanos sufren la pobreza energética y todas las dolencias vinculadas; al menos 67.000 mujeres pierden la vida cada año a causa de la mutilación genital femenina, o son asesinadas a manos de su pareja o expareja…

La inequidad contribuye a la muerte de al menos 21.000 personas al día

La ONG utiliza fuentes de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, Crédit Suisse o el Foro Económico Mundial, quienes estiman que la crisis sanitaria ha provocado un aumento de las desigualdades dentro de los países en todo el mundo. No hay ninguna excepción. Desde el inicio de esta, cada 26 horas ha surgido un nuevo multimillonario. Para el director general de Oxfam en Latinoamérica y el Caribe, el objetivo con esta comparativa no es culparlos: “No queremos atacar a las personas, ni decir que son los responsables. Es el sistema. Y es este el que debe tratar de recuperar parte de esa riqueza que ganaron a costa de la pandemia; de lo que ha sido la acumulación extraordinaria. Abogamos por un impuesto solidario y hay antecedentes a escalas nacionales. Lo hicieron Argentina y Brasil en su momento cuando rompieron la patente de la vacuna contra el sida”. Para Ticehurst, son “medidas excepcionales, para momentos excepcionales”. “Las acciones a largo plazo tienen que ser sistemas fiscales más progresivos que redistribuyan la riqueza de verdad”.

Gabriela Bucher, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, es, sin embargo, algo más crítica en la presentación del informe, como recoge el mismo: “Los multimillonarios han tenido una pandemia de lujo. Los bancos centrales han inyectado miles de millones de dólares en los mercados financieros para salvar la economía, pero una gran parte ha acabado en los bolsillos de los más ricos. Con las vacunas se pretendía poner fin a esta pandemia, pero los gobiernos económicamente más estables han permitido que los magnates y los monopolios farmacéuticos corten el suministro a miles de millones de personas”. Para ella, la solución no pasa por obtener “más dinero”: “Eso quedó claro cuando los Estados movilizaron 16 mil millones de dólares para la respuesta ante la pandemia. Lo que falta es voluntad e imaginación para liberarnos del asfixiante modelo neoliberal que nos ha llevado al punto en el que estamos”.

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