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Editorial

Rearme alemán en Europa

Si el continente aspira a independizarse de Estados Unidos ante el acoso ruso, el país más poblado y económicamente más importante de la UE debe asumir sus responsabilidades

Soldados alemanes en formación en una ceremonia en Berlín, en una foto de archivo. CLEMENS BILAN (EFE)

Alemania se ha propuesto tener en un futuro próximo el ejercito convencional más fuerte de la Unión Europea (UE), con un gasto militar superior al de cualquier otro socio y unas fuerzas armadas que podrían acercarse al medio millón de soldados. Lo anunció la semana pasada el ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius. La noticia podría ser motivo de alarma para los socios europeos, dada el rastro de destrucción y crimen que en el siglo XX dejó en la historia el militarismo alemán. Pero en el siglo XXI, y ante amenazas del todo distintas, no hay razones para que sea así. Si Europa aspira a independizarse de Estados Unidos, y si quiere prepararse ante el acoso ruso en el flanco oriental, no hay otra alternativa que reconocer que la primera potencia económica, el país central en el continente y el más poblado debe asumir sus responsabilidades.

La condición es que el rearme alemán esté integrado en un proyecto de defensa europeo, no solo político, sino industrial. Hoy no es el caso. La UE, aun cuando el gasto conjunto de sus países la situaría entre las primeras potencias del mundo, todavía es un enano militar. La protección de Europa no ha dejado de depender de la OTAN y de EE UU, aunque quien escuche al presidente Donald Trump sabe que esta es una protección cada vez más teórica. Una Europa autónoma es impensable sin la potencia financiera alemana, teniendo en cuenta las actuales limitaciones económicas de Francia y Reino Unido, y las reticencias de España e Italia. Y aunque la perspectiva de un ejército europeo, como el que reclama España, queda lejana, Berlín, para deshacer las suspicacias, podría aceptar un endeudamiento común para que los europeos gastasen de forma conjunta en defensa. Se reducirían así los desequilibrios potenciales de un gasto alemán que en 2029 alcanzará el 3,5% del producto interior bruto, el mayor aumento en décadas. Uno de esos desequilibrios lo provoca el potencial destino de esas inversiones. ¿La industria alemana? ¿La estadounidense? Y otro riesgo, que una integración militar europea permitiría amortiguar, es que algún día un partido de extrema derecha y ultranacionalista, como es AfD, llegue al poder y disponga de este arsenal.

Pero los temores no deben exagerarse. Que Alemania se transforme en una importante fuerza militar convencional no la convertiría de manera automática en la potencia dominante, ya que Francia y el Reino Unido disponen de armas nucleares. Y la democracia alemana no tiene nada que ver con las fragilidades de otro tiempo. El mundo ha cambiado y Alemania también. Ni siquiera Polonia, que sufrió el militarismo alemán, se opone a que su vecino se refuerce. Un ministro polaco dijo hace unos años: “Temo menos el poder alemán que la inacción alemana”. La observación, ante el rearme, sigue siendo válida.

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