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TRIBUNA

Espejo de la memoria

La obra de Gonzalo Celorio, que el día 23 recibe el Cervantes, refleja un pasado que ya no volverá, salvo en las palabras que lo rescatan

Gonzalo Celorio, en su casa en Ciudad de México, en noviembre de 2025.Aggi Garduño

Este 23 de abril, Gonzalo Celorio recibirá el premio Cervantes en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares de manos del rey Felipe VI. Su nombre se agrega a la lista de escritores mexicanos que han recibido el galardón, que empieza con Octavio Paz e incluye a Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y Fernando del Paso.

Una de las cualidades que tiene la obra narrativa de Gonzalo Celorio es hacer de sus novelas un espejo continuo de su propia vida, narrándose a sí mismo como personaje, y narrando las historias de su familia. Las novelas se conectan unas a otras a través de este hilo autobiográfico, y lo que queda en el espejo es la memoria. Una memoria siempre en movimiento, y el pasado recordado viene a ser la vida misma, rostros que se asoman al espejo, se inscriben en la página, se ausentan, y vuelven a aparecer. Un concierto de imágenes revividas en la nostalgia del tiempo que pasó y que ya no volverá a ser, salvo en el poder de las palabras que lo rescatan.

Empieza con Tres lindas cubanas, la novela de 2006, que evoca el danzón de 1926 compuesto por Guillermo García Castillo: “Tres, tres lindas cubanas / si cruzo por Paso Franco, alma mía / nunca me digas que no”. Es la historia de Miguel Celorio, el padre del novelista, destacado como diplomático en La Habana, quien una tarde del año 1921 encuentra en una sala de cine a las hermanas Rosita, Virginia y Ana María, las tres lindas cubanas.

Se enamorará de Rosita, quien llegará a ser la madre del novelista, pero la novela entrelaza las historias de las tres, con destinos muy distintos, cruzados y separados: Rosita emigra a México tras su matrimonio, Virginia se va al exilio a Miami al triunfo de la revolución, y Ana María se queda en la vieja casa familiar del Vedado, viviendo en comunidad con los nuevos inquilinos favorecidos por las leyes de vivienda decretadas por el Gobierno de la revolución que triunfa en 1959.

El metal y la escoria, de 2014, es la segunda novela de la trilogía que el autor llamará Una familia ejemplar. Ahora la saga va hasta el año 1874, cuando Emeterio Celorio, el abuelo del autor, se embarca hacia México desde Asturias para hacer la América, como tantos españoles entonces, dejando atrás su aldea campesina; y en su nueva vida al otro lado del Atlántico pasará de mozo de una tienda de ultramarinos a dueño de un próspero negocio de licores, con lo que amasa una importante fortuna que será despilfarrada por sus hijos, tal como establece el relato. Una memoria de familia tejida en el entramado de la historia de México desde los finales del siglo XIX a la primera mitad del siglo XX, del Porfiriato al cruento periodo de la revolución, y en adelante. La historia pública que entra con violencia en la historia privada.

Se cierra esta trilogía con Los apóstatas (2020), que de las vicisitudes de los abuelos y de los padres pasa a enseñarnos en el espejo la vida de dos de los hermanos del novelista, Eduardo y Miguel. A ambos los coloca bajo una luz estremecedora, dos destinos contradictorios que parten de la vocación religiosa, pero luego se bifurcan. Eduardo, convencido de la doctrina de la opción preferencial por los pobres que proclama la teología de la liberación, termina en Nicaragua, comprometido con la revolución sandinista; y Miguel se consagra a estudiar la arquitectura barroca mexicana. Dos retratos trazados con valentía y con ternura en busca de revelarnos verdades frente a las que el autor no se arredra, aunque sean dolorosas. Al fin y al cabo, para un escritor no existen los secretos de familia.

Y retiemble en sus centros la tierra, la novela de 2008 que evoca en su título uno de los versos de la letra del himno nacional de México, es también autobiográfica. Aquí el autor se encarna en el profesor universitario Juan Manuel Barrientos, quien se prepara para vivir con sus estudiantes una jornada enseñándoles los edificios coloniales del cuadro antiguo de la ciudad de México, visita que al final terminará realizando solo, deteniéndose en iglesias y conventos, pero también en antros y cantinas, en una exploración del viejo paisaje urbano hacia afuera, y a la vez hacia adentro, removiendo los fantasmas de su propia vida.

Y Ese montón de espejos rotos, de 2025, el último de sus libros publicados, donde el gran espejo se fragmenta para darnos una visión múltiple de su propia vida, un recuento de la memoria donde las imágenes se suceden unas a otras. El novelista que ha sido funcionario académico, profesor universitario, promotor cultural, editor, sin dejar de ser nunca escritor. Un autorretrato que llega a ser íntimo por revelador, y que al fin y al cabo viene a ser un ancla de su obra narrativa memoriosa y memorable.

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