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tribuna
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El hecho diferencial madrileño

El Partido Popular no ha necesitado ser nacionalidad histórica en esta comunidad autónoma para conseguir que su modelo de gestión se convierta en el sello de identidad de este territorio

Isabel Díaz Ayuso
Un grupo de sanitarios se manifiesta en marzo contra de la visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, al nuevo Hospital Oncológico y de Terapias Avanzadas del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.FERNANDO VILLAR (EFE)
Sandra León

España, con su configuración territorial descentralizada, opera como un laboratorio de ideas, pues la heterogeneidad con la que los gobiernos autónomos desarrollan sus competencias les permite aprender de otros territorios las mejores prácticas en legislación e implementación de políticas públicas. Los límites a ese aprendizaje los marca la ideología propia de cada Gobierno, dado que por encima de la experimentación y el intercambio de información sobre los aspectos más técnicos de las políticas se imponen a menudo modelos ideológicos diferenciados, como pone de manifiesto la comparación entre territorios en los resultados de sus políticas.

Como cabría esperar, la impronta de cada modelo ideológico depende en gran parte de la longevidad en el gobierno de los partidos políticos que los impulsan. En algunas regiones, el sello programático de las formaciones que han liderado el Ejecutivo ha sido tan profundo que territorio y partido gobernante han acabado fusionándose, dando lugar a una simbiosis de identidades. Fue el caso de Cataluña durante la etapa de hegemonía política de Convergència i Unió y algo parecido ha ocurrido con los gobiernos del PSOE en Andalucía, del PNV en el País Vasco y del PP en Galicia.

La hegemonía política del PP en la Comunidad de Madrid también representa un caso de éxito desde un punto de vista electoral. Sin embargo, mientras que los líderes del PNV o del PP gallego gozan a día de hoy de una relativa popularidad, incluso entre sectores de la población no afines ideológicamente, y de una confianza institucional alta, el proyecto político del PP en Madrid se asienta sobre divisiones ideológicas más profundas que hacen que la valoración de sus líderes y la confianza institucional esté más polarizada. Tampoco es un proyecto que triunfe en sus resultados, pues los datos europeos de calidad de gobierno muestran que los resultados de la Comunidad de Madrid están por debajo de la media del conjunto de regiones europeas.

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A pesar de que el proyecto político del PP madrileño no es un proyecto de coexistencia pacífica ni, a la luz de los datos comparados, exitoso en su gobernanza, seguramente representa uno de los modelos ideológicos que se han desarrollado con mayor rapidez y plenitud en el Estado autonómico. Desde que se completó el traspaso competencial de las principales políticas públicas a la Comunidad de Madrid, en diciembre de 2001, los populares no han perdido el tiempo. La perseverancia con la que el PP ha implementado en esta región un modelo de gestión en el que la Administración promueve y facilita la entrada del sector privado en la gestión de la sanidad, los servicios sociales y la educación explica que, en la actualidad, se haya convertido en la comunidad autónoma con mayor segregación escolar por nivel socioeconómico y una de las regiones más segregadas de la OCDE. Madrid también está a la cabeza en España en la penetración de seguros de salud privados, mientras que se sitúa en la cola en gasto sanitario y en gasto social por habitante. Según datos del INE, Madrid era en 2021 la tercera comunidad autónoma con una mayor desigualdad entre el 20% más rico y el 20% más pobre.

El proyecto ideológico del PP habrá culminado cuando las clases medias madrileñas se vuelvan irrecuperables para lo público. Es decir, cuando pierdan el interés en seguir pagando los impuestos que son necesarios para mantener una red pública de servicios sanitarios o educativos de la que ya no se benefician porque hace tiempo que compran esos servicios en el mercado privado. Para entonces, el éxito de ese modelo probablemente seguirá sin poder medirse por la calidad de su gobernanza, como ocurre ahora, pero será incontestable en su capacidad de haber transformado la sociedad sobre la que opera.

La ventaja del proyecto político del PP madrileño sobre otros proyectos que se han ido desarrollando en las comunidades autónomas desde la Transición a la democracia es que carece de aspiraciones de nacionalidad, pues la construcción de la identidad territorial madrileña que promueven los populares es puramente ideológica. Mientras las singularidades de los programas políticos del PP en Galicia o del PNV en el País Vasco se fraguan con mayor o menor intensidad sobre la diferenciación histórica, cultural y lingüística de esos territorios, la propuesta de los populares en Madrid está contenida en la clásica división Estado-mercado. A diferencia de otros modelos, se trata de una singularidad territorial que no se construye alrededor del ámbito identitario, sino del conflicto distributivo.

Ello supone una ventaja para los populares en Madrid porque pueden avanzar sin las dificultades que han caracterizado los progresos de otros proyectos ideológicos. Es decir, ahorrándose los sobresaltos periódicos que han lastrado los programas de corte nacionalista —como el fracasado plan Ibarretxe en el País Vasco o el pulso independentista en Cataluña—. El PP en Madrid no ha necesitado ser nacionalidad histórica para diseñar su propio hecho diferencial: hacer que su modelo de gestión se convierta en el sello de identidad de este territorio.

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