COLUMNA
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Dónde me pongo

Ya que comienza una nueva etapa, pediré lo que es legítimo: sería deseable que lo que se emite en RTVE no se pareciera a ningún otro canal, que tuviera un estilo propio

Ana Blanco, el pasado 18 de febrero, día que se estrenó la nueva escenografía del 'Telediario' de TVE.
Ana Blanco, el pasado 18 de febrero, día que se estrenó la nueva escenografía del 'Telediario' de TVE.TVE

Dicen que con el nuevo diseño escénico de los informativos de la televisión pública tratan de reconquistar a los espectadores perdidos. Así lo estoy leyendo en el periódico mientras veo a Ana Blanco avanzar de un lado a otro del plató, entre pantallas enormes con imágenes en movimiento, oscilando la cámara de derecha a izquierda. Blanco pisa un suelo de espejo en el que se refleja y ha de moverse según los realizadores cambian de lugar el vídeo que ilustra la noticia. Y toda esta coreografía extraordinaria sobre unos tacones de aguja que, como todo el mundo sabe, son el uniforme obligado de las periodistas de acción. Al menos a Franganillo le visten con zapatos planos, lo cual es una gran ventaja en esos platós de alto riesgo en que se han convertido los escenarios de las noticias. Me pregunto si no tendrán vértigo ellas, Blanco, Herranz, Siscar, porque a mí esta espectacularidad de los pantallazos me lo provoca, y eso que estoy tan a gusto en mi sofá, pero me entra pánico escénico delegado. Pienso que en una de estas se van a caer, que yo me caería por temor a pisar de pronto un suelo falso que conduce al abismo. Aquí estoy, fiel a unos profesionales que de sobra sé que se han esforzado por huir del sectarismo y que han estado al pie del cañón en los días del riguroso confinamiento, entendiendo su oficio como un servicio esencial. Estos pensamientos rumio cuando sobre unas imágenes de Coque Malla presentando su nuevo disco escucho a Ana Blanco, a la que el sonidista no ha cerrado el micrófono: “¿Dónde me pongo, dónde me pongo? Que no sé por dónde me viene el aire”. Y ya sé que al menos tengo el título de este artículo.

Ha tomado posesión el nuevo director del ente público, el profesor Pérez Tornero, y aunque su elección junto a la de los nuevos miembros del Consejo de Administración se considera producto del típico reparto político que provoca en los trabajadores una vieja desconfianza, Tornero ha hablado de democracia, de servicio a los ciudadanos y de garantizar el derecho a la información. Y ya que comienza una nueva etapa, la celebraré pidiendo lo que es legítimo: como consumidora impenitente de noticias, sería deseable que lo que se emite en RTVE no se pareciera a ningún otro canal, que tuviera un estilo propio. Austero, creíble, independiente. No importa tanto, o nada, la modernidad abusiva de los platós como la escasez de personal y de medios, que obliga a echar mano una y otra vez, de manera machacona, de los mismos recursos visuales. Un aburrimiento. Tampoco es necesario competir en audiencia sino en calidad. Es urgente que los jóvenes periodistas que entran en lo público adquieran el compromiso de expresarse en el tono natural y pausado que exige una información fiable, no escandalosa. Hay tonillos ahora en televisión española que parecen copiados de nefastos programas de baratura. Los jóvenes periodistas deberían informar a la manera cordial y elegante de un medio público. Esa educación en el tono tiene mucho que ver con la objetividad democrática. El nuevo director y los nuevos consejeros deberían desterrar todo aquello que despierte un tufo amarillista, porque hay ahora mismo una deriva peligrosa. Si una joven periodista va detrás de un expresidente por la calle y le persigue como si se tratara de un personaje de un programa de cotilleos es porque desconoce lo que es el periodismo y cree que todos los medios son iguales. Hay que crear escuela, sacar urgentemente a los jóvenes de esa confusión.

Hay profesionales enormes en RTVE, que saben de su papel tanto como para entrenar a los principiantes en la caligrafía de la información pública: no hables en ese tono estúpido, no estamos aquí para vender nada, cuenta lo que sabes respetando la intimidad de cualquiera. No muevas tanto las manos. La verdad, en estos tiempos, no te concederá una fama inmediata, desengáñate.

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