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Un presidente de consenso para reflotar RTVE

El Congreso ha aprobado el nombramiento del periodista José Manuel Pérez Tornero al frente de la corporación

José Manuel Pérez Tornero, nuevo presidente de RTVE, en su domicilio en Sant Cugat del Vallés el 25 de febrero.
José Manuel Pérez Tornero, nuevo presidente de RTVE, en su domicilio en Sant Cugat del Vallés el 25 de febrero.Albert Garcia

Por tercera vez en sus 65 años de historia, RTVE tiene un presidente elegido con amplio apoyo parlamentario. El Congreso ha aprobado este jueves la candidatura del periodista y catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona José Manuel Pérez Tornero. La votación ha tenido como resultado 247 votos a favor de los 269 emitidos, 21 en blanco y 1 nulo, siendo aprobado en primera vuelta. Necesitaba dos tercios de los votos, una mayoría que tenía garantizada tras el acuerdo entre PSOE y PP alcanzado hace un mes. Pérez Tornero tomará el relevo de Rosa María Mateo, administradora provisional única desde el verano de 2018 tras el fracaso de los partidos para renovar el consejo de administración.

Ante sí, RTVE tiene enormes desafíos: desde cómo reflotar la audiencia y frenar el abuso en la externalización de contenidos hasta impulsar la inaplazable transformación digital. Un reto de calado es cómo maximizar los ingresos para modernizar la corporación. Las fórmulas barajadas pasan por el retorno limitado de la publicidad, la ampliación de los patrocinios o que plataformas como Netflix o Amazon contribuyan a sostener económicamente la televisión pública. Y urge actualizar el Mandato Marco y firmar un contrato-programa —caducado hace cuatro años— que detalle el alcance del servicio público y su financiación.

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Plantilla. Tras el hachazo laboral de 2007, la plantilla de RTVE se ha reducido hasta poco más de 6.400 trabajadores. Pero no ha habido relevo generacional. Aquel expediente de regulación de empleo desembocó en una extraña paradoja: muchos empleados que se acogieron al ERE fueron sustituidos por otros de mayor edad. Fruto de ese fiasco, y del cerrojazo a la convocatoria de nuevas plazas, la edad media de los trabajadores ronda los 55 años, la bolsa de interinos no para de crecer y faltan profesionales con perfiles digitales.

Audiencia. TVE está en caída libre. En febrero firmó el peor dato de su historia y no logró colocar ningún título entre las 25 emisiones más vistas. La audiencia conjunta de sus cinco canales sumó ese mes un escuálido 13,9%, frente al 14,3% que acaparó Antena 3 en solitario y el 15,2% de Telecinco. La 1 apenas captó el 8,6% y otros canales hermanos arrojaron cifras irrelevantes: Teledeporte aportó un 0,3% a la cuota y el Canal 24 Horas añadió el 0,9%. La fuga de espectadores ha convertido a TVE en una rareza europea, donde los grandes entes públicos son los más vistos en sus respectivos países.

Informativos. La seña de identidad de la televisión pública ha sido su potencia informativa. Eran otros tiempos. Incluso cuando arreciaban las acusaciones por manipulación, la cadena mantenía intacto su liderazgo. TVE ha conseguido quitarse de encima la losa del sectarismo partidista y los telediarios son más plurales y rigurosos. Pero tienen menos audiencia. Los televidentes, como la propia sociedad, se han polarizado y ganan las fórmulas con una mayor carga ideológica. De poco le sirve a TVE el inigualable despliegue de corresponsales en el extranjero. Su potencia no se traduce en audiencia. Los telediarios están por detrás de los noticieros de Antena 3 y Telecinco, que se benefician del efecto arrastre de Pasapalabra y Sálvame. La modernización de la puesta en escena de los telediarios, con la utilización de la realidad aumentada y una estética más sofisticada, supone un nuevo intento para atraer al espectador perdido.

Contenidos. En los últimos tres años, ninguno de los programas de entretenimiento ha despuntado. Su principal carta de presentación es MasterChef y los concursos de talentos (Maestros de la costura y Prodigios), una familia que está a punto de crecer con The dancer. La ficción tampoco se ha renovado con éxito. El mejor rendimiento lo firma Cuéntame cómo pasó, una serie nacida hace ya 20 años. Los grandes contenedores de actualidad sobreviven a duras penas. La hora de La 1 y Las cosas claras se enfrentan a programas de infoentretenimiento muy consolidados en las privadas. Abrirse paso en ese ecosistema tan competido es una tarea cada vez más difícil.

Financiación. Desde la desaparición de la publicidad en TVE hace más de una década, las cuentas se han desmoronado. Los ingresos dependen de las subvenciones y de los ingresos de las televisiones privadas y las telecos, lastrados por el impacto de la pandemia y el desplome de la publicidad. Para este ejercicio, RTVE cuenta con un presupuesto de 1.127 millones. El 95% de los ingresos son subvenciones: la compensación por servicio público (473 millones), la tasa radioeléctrica que cobra el Estado a los operadores (410) y aportaciones de las telecos y televisiones privadas (180). En el capítulo de gastos, la partida más importante la absorben los salarios del personal (448 millones), los contenidos (399, incluidos los 50 que se destinarán a los Juegos de Tokio), la factura derivada de la emisión (120), el funcionamiento de las instalaciones, el Instituto y la Orquesta y Coro (63) y el pago del IVA no deducible (40).

Digitalización. La televisión ha dejado de ser un servicio meramente lineal. Los espectadores quieren ver los contenidos dónde y cuándo quieran. RTVE ha diseñado una nueva plataforma para hacer más accesible la oferta de contenidos y adaptarla a las demandas de un público exigente. Este proyecto persigue atrapar al espectador joven, especialmente esquivo, y tiene la vista puesta en la universalización del consumo móvil y la creación de contenidos para internet. Sus modelos más cercanos son Atresplayer (Atresmedia) y Mitele Plus (Mediaset).

Radio. La hermana menos mediática lucha por no quedar descolgada. Acabó el año con 1.026.000 oyentes diarios, según los datos del Estudio General de Medios, por detrás de los tres radiodifusores privados de cobertura nacional. RNE ha perfilado una parrilla con ambiciosas apuestas culturales y sociales, que abarcan desde las ficciones sonoras Los santos inocentes o Trafalgar, hasta la serie documental sobre la hazaña de Magallanes-Elcano, pasando por formatos dedicados a la poesía o podcast (audios creados para su descarga) sobre la historia de España. Otros especiales tienen como protagonistas a Luis García Berlanga, Carmen Laforet, Emilia Pardo Bazán y Alfonso X el Sabio. Y ha puesto en antena innovadores programas sobre la ciencia y la covid, una mirada en clave divulgativa y de debate en torno a la pandemia que azota a la humanidad.

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