Las presidenciales de 2024 en EE UU empiezan el martes

La salud democrática, la agenda legislativa de Biden y las próximas elecciones dependen del resultado de unos comicios de medio mandato decisivos

Joe Biden en un mitin en Joliet, Illinois, este sábado.
Joe Biden en un mitin en Joliet, Illinois, este sábado.KEVIN LAMARQUE (REUTERS)

Estados Unidos afronta este martes una jornada crucial para su futuro. Las elecciones de mitad de mandato siempre han sido consideradas relativamente menores en comparación con las de los años de las presidenciales. Sin embargo, el propio presidente, Joe Biden, ha hecho esta semana un llamamiento dramático a los electores nada menos que para salvar la democracia. “Son las elecciones más importantes de nuestra vida. No es una hipérbole. Va a dar forma a lo que serán las próximas dos generaciones. No es una broma. Porque muchas cosas están cambiando... muchas cosas”, insistía este jueves en Nuevo México.

Hipérbole o no, las elecciones del 8 de noviembre son las primeras que se celebran tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 por parte de una turba azuzada por la gran mentira del expresidente Donald Trump de que le habían robado las elecciones presidenciales de 2020. Gran parte de los candidatos del Partido Republicano sostienen aún ese bulo, que ha servido para movilizar a su base electoral. La democracia o, cuando menos, la salud de la democracia está en parte en juego en las urnas en un país más polarizado que nunca.

John Zogby, experto electoral, fundador y socio principal de Zogby Strategies, se ha referido a la mayoría de las elecciones estadounidenses desde el año 2000 como “elecciones del apocalipsis”. “Traducido: si gana mi bando, gracias a Dios; si gana el suyo, es el fin del mundo tal y como lo conocemos. Pues bien, esta es otra elección apocalíptica, pero apocalíptica-plus. Porque en todas las del pasado, ha habido un conjunto de temas comunes en los que todo el mundo está de acuerdo. Hoy, hay dos partidos diferentes, con dos conjuntos diferentes de cuestiones, dos realidades y dos conjuntos diferentes de hechos para apoyar esas realidades. Son como dos planetas que giran alrededor del sol en órbitas separadas”, explicaba hace unos días en una conversación con periodistas internacionales.

Un seguidor de Trump acude a un mitin del expresidente, este sábado en el aeropuerto regional Arnold Palmer, en Latrobe, Pensilvania. En su chaqueta lleva escritas tres palabras: Trump, verdad, ganó.
Un seguidor de Trump acude a un mitin del expresidente, este sábado en el aeropuerto regional Arnold Palmer, en Latrobe, Pensilvania. En su chaqueta lleva escritas tres palabras: Trump, verdad, ganó. WIN MCNAMEE (AFP)

El martes se renuevan los 435 miembros de la Cámara de Representantes, con un mandato de dos años y una distribución por Estados en proporción a su población, y 35 de los 100 escaños del Senado, donde los elegidos lo son por seis años (cada Estado tiene dos senadores con independencia de la población y cada dos años se renueva aproximadamente un tercio). Las encuestas apuntan a una relativamente cómoda victoria republicana en la Cámara de Representantes, mientras que en el Senado el resultado está muy ajustado.

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Aunque el Senado tiene algunas funciones exclusivas importantes, como el examen y ratificación de determinados nombramientos, entre ellos, los de jueces federales y del Tribunal Supremo, el control de una sola Cámara ya permitiría a los republicanos hacer la vida imposible a Biden en la segunda mitad de su mandato. Libby Cantrill, directora general responsable de políticas públicas de Pimco, una de las mayores gestoras de renta fija del mundo, destaca entre las consecuencias de ese control republicano de una o de las dos Cámaras “la obstrucción y la supervisión”.

La agenda legislativa

“Habrá una congelación de la agenda legislativa de Biden”, sostiene Cantrill. Desde el punto de vista económico, eso supondrá que no habrá medidas fiscales, como la subida del impuesto a las petroleras por sus beneficios excepcionales. Pero, también, que las promesas de Biden de regular el aborto como un derecho en todo el país, recuperando por vía legal la derogada jurisprudencia de Roe contra Wade, o la de prohibir las armas de asalto quedarán en papel mojado, porque cualquier ley necesita la aprobación de las dos Cámaras. Lo mismo ocurriría con otras medidas como la de mejorar el acceso a las guarderías y universidades y con los planes de aprobar nuevas normas que blinden el ejercicio del derecho al voto o combatan la discriminación racial.

En cuanto a la “supervisión”, es una forma suave de denominar el férreo marcaje al que republicanos con sed de venganza quieren someter al Gobierno de Biden. En la memoria de muchos de ellos están los dos impeachment o procesos políticos a que los demócratas sometieron a Trump y quieren pagar con la misma moneda.

Los republicanos ya han señalado como primer objetivo al secretario de Interior, Alejandro Mayorkas, por la “invasión” de Estados Unidos, que es como los trumpistas llaman a la entrada récord de inmigrantes sin papeles por la frontera con México. El punto de mira también está puesto en el Departamento de Justicia, con el fiscal general, Merrick Garland, al frente, y la propia Oficina Federal de Investigación (FBI) por el registro de Mar-a-Lago, la mansión de Donald Trump en Palm Beach (Florida). Una forma de convertir a los investigadores en investigados. Si sus opositores encuentran un motivo (o una excusa) para ello, el propio Biden puede ser sometido a un impeachment, aunque no tenga ninguna opción de prosperar.

Además, una mayoría republicana puede querer desquitarse del comité que investiga el asalto al Capitolio y crear comisiones sobre la gestión de la pandemia, la retirada de las tropas de Afganistán, la condonación parcial de préstamos a estudiantes, la política con China... “Cada rincón de la Administración de Biden estará sujeta al escrutinio de los republicanos”, indica Cantrill. Y no solo eso, también quieren hacer daño al presidente investigando los negocios de su hijo Hunter.

Las presidenciales de 2024

El techo de deuda, que tiene que ser aprobado por el Congreso, es otra arma que puede tentar a los republicanos para arrancar concesiones a Biden. Si no se sube, puede atenazar al Gobierno y amenazar con un cierre de servicios públicos probablemente a lo largo del próximo año. Algunos demócratas pretenden que el Congreso saliente lo eleve antes de disolverse para evitar ese problema en la segunda mitad del mandato de Biden. Y, además, los republicanos se opondrían a medidas fiscales para estimular la economía en caso de que Estados Unidos entre el año próximo, como muchos analistas prevén, en recesión. “Los republicanos simplemente no tienen ganas de ayudar a Biden o a los demócratas de cara a 2024″, sostiene Cantrill.

Las presidenciales de 2024 se empiezan a jugar también este martes. Trump está dispuesto a anunciar su candidatura para volver a la Casa Blanca en los días posteriores a un eventual triunfo republicano. Además, junto a los congresistas, en estas elecciones se elige a numerosos cargos estatales encargados de supervisar esos comicios y entre los candidatos republicanos a ocuparlos hay múltiples negacionistas electorales, con el riesgo que eso supone.

Cola de votantes en un centro de votación anticipada este viernes en Woodbridge, Virginia.
Cola de votantes en un centro de votación anticipada este viernes en Woodbridge, Virginia. SARAH SILBIGER (Getty Images)

Una derrota demócrata puede avivar las voces en el partido que creen que Biden, que cumple 80 años este mes y es el presidente de mayor edad en la historia de Estados Unidos, no debería presentarse a la reelección, aunque él asegura que tiene la intención de hacerlo. No solo eso; sea hipérbole o no, Biden aún se muestra confiado en la victoria en las legislativas. “Creo que vamos a ganar. Me siento muy bien con nuestras posibilidades. Creo que vamos a mantener el Senado y ganar un escaño y que tenemos una oportunidad de ganar en la Cámara [de Representantes]. No creo que vayamos a no ganar... mantener la Cámara”, decía este viernes de forma un poco enrevesada a preguntas de los periodistas.

La Historia juega en contra de Biden. Tradicionalmente, el partido del presidente pierde escaños en las elecciones de mitad de mandato. Es así desde que existen las elecciones intermedias directas y así ha ocurrido salvo en 1934 (Franklin D. Roosevelt), 1998 (Bill Clinton) y 2002 (George W. Bush). En el Senado hay alguna excepción más, pero no demasiadas: en el último siglo solo lograron mejorar su posición Roosevelt (1934), John F. Kennedy (1962), Richard Nixon (1970), George W. Bush (2002) y Donald Trump (2018).

Las encuestas

Los demócratas tienen en la Cámara baja una mayoría de 222 a 213 escaños. Con perder cinco, quedarían en minoría. Con la delimitación partidista de los distritos (el llamado gerrymandering), de los 435 se puede decir que hay unos 365 escaños ya decididos (de ellos, 200 para los republicanos). Del resto, solo entre 30 y 40 son realmente competitivos y los demócratas necesitarían ganar prácticamente el 90% de ellos para mantener la mayoría, según las encuestas.

En el Senado, demócratas y republicanos tienen cada uno 50 senadores (el empate lo deshace la vicepresidenta, Kamala Harris). De los 35 puestos que se renuevan, los republicanos defienden 21 y los demócratas, solo 14. Cada partido tiene casi garantizado llegar a 46 escaños y todo se decide en ocho Estados. Los republicanos van por delante en Carolina del Norte, Ohio y Wisconsin y los demócratas tienen algo de margen en New Hampshire y Arizona. Si las encuestas no se equivocan, el control del Senado lo mantendrá quien gane en dos de estos tres Estados: Nevada, Pensilvania y Georgia.

El control republicano del Senado no solo acentuaría la vigilancia sobre el Gobierno de Biden, sino que también permitiría bloquear nombramientos importantes, particularmente los de jueces federales. Si los demócratas ven que pierden el control pueden tratar de acelerar la ratificación de nombramientos antes de que se haga efectiva la renovación de la Cámara alta.

Junto al Congreso, se eligen numerosos cargos estatales y locales, incluidos los gobernadores de 36 Estados. Además, se celebran 132 referéndums en 37 Estados sobre asuntos tan variados como el aborto, la legalización de la marihuana, la sindicación obligatoria, las restricciones al voto, el régimen de trabajos forzados o semiesclavitud de los presos, la legalización de las apuestas deportivas o el salario mínimo de los camareros (léase, el fin de las altas propinas cuasi obligatorias).

Del resultado del próximo martes dependen el derecho al aborto, las armas de fuego, los derechos de voto, el margen de endeudamiento, la política fiscal, la salud de la democracia, las presidenciales de 2024 o la vigilancia del Gobierno. ¿Y la inflación? Curiosamente, el problema que más preocupa a los votantes, el que más castiga a Biden y el que parece inclinar la balanza del lado republicano solo se verá afectado marginamente por cuál sea la composición del Congreso. Para eso está la Reserva Federal.

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Sobre la firma

Miguel Jiménez

Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.

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