Trump reina en el ‘magaverso’ conservador con un discurso extremista

El expresidente cierra un congreso que ha tenido a Orban y Farage como invitados

Donald Trump, durante su intervención en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) celebrada esta semana en Dallas (Texas).Foto: BRIAN SNYDER | Vídeo: REUTERS

Las entradas VIP oro, a 7.000 dólares, estaban agotadas. Las de categoría plata, a 3.000 dólares, también. Los asistentes de a pie pagaban 98 dólares por sesión. La Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) ha celebrado esta semana en Dallas (Texas) su gran festival derechista, que ha sido más derechista que nunca. Viktor Orbán y Nigel Farage han acudido como estrellas invitadas y el universo MAGA (las siglas del lema de Donald Trump, Make America Great Again) se ha dado cita en pleno. Por encima de todos, el propio Trump, con un discurso extremista, sigue siendo el favorito de los conservadores más militantes.

Lo prueba no es solo el entusiasmo con que fue aclamado en su intervención de clausura. También, las primarias de andar por casa que organizó la CPAC. Los asistentes votaron anónimamente por internet quién sería su favorito para optar a la presidencia de Estados Unidos en 2024 y Trump arrasó con el 69% de los votos. El segundo fue Ron DeSantis, el gobernador de Florida, no menos conservador que Trump, que suena como su posible rival en la carrera hacia la Casa Blanca, con un 24% de apoyo. El senador Ted Cruz, que jugaba en casa, logró un 2%. Nadie más del total de 21 opciones propuestas pasó del 1%.

Por supuesto, en el universo paralelo reunido en el hotel Hilton Anatole de Dallas, donde no quedaba una sola habitación disponible, Joe Biden no ganó las elecciones de 2020 y es un “impostor ilegítimo”, como le definió Steve Bannon, antiguo estratega y asesor de Trump. “Estamos en guerra”, sostuvo Bannon, que pidió enviar “tropas de choque” a Washington para “destrozar el partido demócrata como institución política nacional”, en lo que por momentos no parecía una metáfora, aunque luego señaló que la guerra era “política e ideológica”. “Ya no puede haber medias tintas”, aseguró, como si hasta ahora las hubiera habido.

En ese universo, “marxistas radicales” han tomado el control del Partido Demócrata y amenazan la libertad y el estilo de vida americano. Bruselas y Washington, sostuvo Orbán, son dos frentes de batalla en la “lucha para salvar la civilización occidental”. El coronavirus es, por supuesto el chinavirus y el responsable de dirigir la lucha contra la pandemia, Anthony Fauci, debe ser procesado. Estados Unidos está siendo invadido y hay que movilizar las tropas para defender la frontera sur. El secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas debe ser sometido a un juicio político, impeachment, por permitir la “invasión”.

Según los discursos que se han oído estos días, Twitter, Facebook e Instagram han silenciado al pueblo. “Cuando los republicanos recuperen la mayoría, pagaréis por ello”, les amenazó la congresista Lauren Bobert, representante por Colorado. Y los procesados por el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 (uno de ellos montó un número durante la conferencia encerrándose entre rejas con uniforme de preso) son víctimas de una justicia de “estilo soviético”, según dijo Andy Biggs, congresista por Arizona. “Todas las instituciones de Estados Unidos han sido armadas, de forma no muy diferente a la antigua Unión Soviética” para crear un “Gulag americano”, añadió.

Visión apocalíptica

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Pese a la cantidad de intervenciones de trumpistas acérrimos pronunciadas a lo largo de tres días y retransmitidas por internet, el que se llevó la palma del extremismo fue el propio Donald Trump, con un discurso de casi dos horas en el que expuso una visión apocalíptica de Estados Unidos. Tras incontables agradecimientos y saludos, empezó su mensaje con fuerza: “Nuestro país está siendo destruido desde dentro. Estados Unidos está al borde del abismo. Lo que hagamos en los próximos meses o años decidirá si la civilización americana se derrumba y fracasa o si triunfa”. Y a partir de ahí, mantuvo el tono: “No podemos ser complacientes. Tenemos que aprovechar esta oportunidad para hacer frente a la izquierda radical, los lunáticos socialistas y los fascistas y tenemos que golpearlos muy, muy duro”.

El expresidente no se recató ni un momento: “Podrías coger a los cinco peores presidentes de la historia de Estados Unidos y juntarlos y no habrían hecho el daño que Joe Biden ha hecho a nuestro país en menos de dos años”. “Hace dos años teníamos el país más grandioso”. “Ahora somos en muchos sentidos un país del tercer mundo”.

La tesis de Trump es que Estados Unidos corre el riesgo de convertirse “en otra Venezuela, otra Unión Soviética o una versión a gran escala de Cuba”, algo que antes era “impensable”. El expresidente dibujó un país que se derrumba económicamente, en el que el paro y la inflación son mayores de lo que dicen las estadísticas, un país donde el crimen campa a sus anchas con la complicidad de los gobernantes, la droga circula por todas partes, sindicatos de profesores marxistas están a cargo de la educación de los niños mientras no se permite rezar en los colegios, con funcionarios corruptos a los que no se puede despedir aunque se les pille con las manos en la masa y que está siendo humillado internacionalmente.

“Debemos detener la invasión en nuestra frontera sur. Nuestro país está siendo invadido como por una fuerza militar”, dijo en referencia a la inmigración ilegal, a la que ligó una y otra vez con la delincuencia: “Vamos a pagar un precio muy alto durante muchos años en términos de terrorismo y crímenes”. “Mientras aseguramos la frontera”, prosiguió, “otra prioridad clave para el próximo Congreso y el próximo presidente será drenar la ciénaga de una vez por todas, para eliminar a los burócratas corruptos y erradicar el Estado profundo”. A Washington se le conoce como la ciénaga en el doble sentido, tanto por estar construido sobre terreno pantanoso como por las prácticas corruptas.

Por supuesto, no faltó el bulo electoral: “Las elecciones fueron amañadas y robadas y ahora nuestro país está siendo destruido sistemáticamente”. Responsabilizó del asalto al Capitolio a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, por no dejarle enviar a 10.000 o 20.000 efectivos de la Guardia Nacional, pero se quejó de la persecución de los asaltantes (“cuyas vidas han sido destruidas por una protesta por unas elecciones robadas”) y se burló de la comisión que investiga el 6 de enero.

Todo su discurso sonó a que pretende volver a presentarse a presidente, pero evitó cuidadosamente un anuncio al respecto. Lo más que hubo fueron insinuaciones: “Me presenté dos veces. Gané dos veces y lo hice mucho mejor la segunda vez que la primera (...). Y ahora puede que tengamos que volver a hacerlo”, dijo levantando a la gente de sus asientos.

Algunos republicanos creen que Trump puede ahuyentar a parte de los votantes moderados y movilizar a los votantes demócratas que no quieren que vuelva a la presidencia. En el partido, sin embargo, goza de un gran apoyo y no sería fácil para ningún otro candidato batirle en las primarias.

“La remontada de Estados Unidos comienza este noviembre y seguirá adelante con el impulso imparable que vamos a desarrollar en noviembre de 2024, porque ese va a ser el gran momento”, dijo Trump cerca del final de su discurso, antes de cerrar, para delirio de los asistentes, con su “make America great again”.

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Sobre la firma

Miguel Jiménez

Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.

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