El Mosad descarta la participación operativa de Irán en el atentado a la AMIA y la Embajada de Israel en Argentina

Un informe interno del servicio de inteligencia israelí atribuye los ataques perpetrados en los noventa a una célula de Hezbolá que operó desde Buenos Aires sin apoyo local

Un rabino frente a un memorial con los nombres de las víctimas del atentado a la AMIA, el pasado 8 de julio, en Buenos Aires.
Un rabino frente a un memorial con los nombres de las víctimas del atentado a la AMIA, el pasado 8 de julio, en Buenos Aires.LUIS ROBAYO (AFP)

Los dos atentados terroristas que destruyeron la Embajada de Israel y la sede de la mutual judía AMIA en Buenos Aires fueron responsabilidad de una célula de Hezbolá que no contó con apoyo operativo sobre el terreno de ni de Irán ni de ciudadanos argentinos. El dato se desprende de una investigación interna de la agencia del Mosad, el servicio secreto israelí, y contradice la tesis que vincula a Irán sostenida tanto por Argentina, como por Estados Unidos y el propio Israel. El informe, difundido desde Tel Aviv por el diario The New York Times, aporta detalles hasta ahora desconocidos de los atentados ocurridos en los noventa, como la forma en que los explosivos ingresaron a Buenos Aires en botellas de champú y cajas de chocolate. El Mosad aclara, no obstante, que Irán aprobó y financió los atentados terroristas,

La sede de la Embajada en Israel en Buenos Aires voló por los aires el 17 de marzo de 1992 tras el estallido de un coche bomba conducido por un terrorista suicida. El ataque dejó un saldo de 22 muertos y casi 250 heridos. Dos años después, un 18 de julio, fue una camioneta bomba la que se estrelló contra el edificio de la AMIA, la mutual judía en la capital Argentina, con un saldo de 85 muertos. Las investigaciones en Argentina concluyeron que Irán estuvo detrás de sendos atentados, perpetrados por hombres de Hezbolá, pero avanzó también contra funcionarios de la embajada iraní en Buenos Aires, a los que acusó de prestar apoyo operativo. Otra línea de investigación cargó contra lo que se llamó “la conexión local”, presuntamente integrada por argentinos sospechosos de haber ayudado en la logística. Carlos Telleldín, el vendedor de la camioneta que cargada de explosivos explotó en el frente de la AMIA, estuvo preso entre 1994 y 2004. En el informe difundido por The New York Times, el Mosad desestima cualquier participación de argentinos o iraníes desde Buenos Aires.

El fiscal argentino de la causa AMIA, Sebastián Basso, afirmó, consultado por el diario La Nación, que “sería deseable que Israel aporte esta documentación, aunque ya dijo que lo relacionado con datos de inteligencia lo intercambiará con sus pares argentinos”. Basso negó además que hubiese una contradicción con las investigaciones en Argentina, porque “acreditan que Irán es el autor intelectual del atentado e Irán está detrás de Hezbolá”. “La fiscalía sostiene que Irán dio la orden de cometer el atentado”, dijo Basso.

Las conclusiones del servicio israelí de inteligencia se basan en información de los agentes, de los interrogatorios a sospechosos y de la vigilancia y escuchas telefónicas. Según el informe interno, Hezbolá ejecutó los dos atentados para vengar operaciones de Israel en Líbano contra miembros de la organización. Y utilizó para ello una infraestructura secreta que construyó durante años en Buenos Aires y otras ciudades de América Latina para preparar y realizar ataques.

Según el informe conocido ahora, los agentes de Hezbolá ingresaron los explosivos camuflados en envases de envases de champú y cajas de chocolate en vuelos comerciales regulares llegados desde Europa. Una vez en territorio argentino, los ocultaron en parques públicos. Los dos atacantes suicidas fueron contactados en Brasil, e ingresaron a Argentina con pasaportes falsos. Los responsables de la organización de ambos ataques, en tanto, abandonaron Buenos Aires días después y hoy viven en Líbano, sin que hayan sido siquiera llevados a la justicia. El comandante de operaciones de Hezbolá, Imad Mughniyeh, mencionado por la investigación del Mosad como jefe de la unidad que llevó a cabo sendos ataques, murió en una operación conjunta israelí y estadounidense en 2008, informa The New York Times.

El texto revela además fallos importantes en el trabajo del Mosad, que se vio sorprendido en 1992 por la voladura de la Embajada y otra vez en 1994, cuando estalló la AMIA. Es clave que el servicio de inteligencia admita que ambos ataques fueron perpetrados por el mismo grupo, evidencia del éxito del primero y la falta de avances para evitar un segundo atentado.

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El 16 de febrero de 1992, Israel asesinó al líder de Hezbolá, Abbas al-Musawi. Después de esa operación, según el Mosad, Hezbolá envió a un alto cargo llamado Hassan Karaki a Buenos Aires, donde compró el coche que se estrelló contra la Embajada. “El comandante adjunto de la unidad de operaciones de Hezbolá, Talal Hamia, también llegó a Buenos Aires, donde se reunió con Muhammad Nur al-Din, un libanés de 24 años que había emigrado a Brasil unos años antes y quien había aceptado ser un atacante suicida”, detalla The New York Times.

En 1994, el director del Mosad en ese momento, Shabtai Shavit, fue alertado acerca de la posibilidad de un nuevo ataque en América Latina contra intereses de la comunidad judía, pero más mortífero que el anterior. Como Shavit estaba convencido de que el atentado de 1992 era obra de Irán, ordenó monitorear la Embajada iraní en Buenos Aires, sin resultado. El 2 de junio, la Fuerza Aérea Israelí disparó contra un campamento de Hezbolá en Líbano y mató a 50 personas. El 18 de julio explotó el coche bomba contra la AMIA en Buenos Aires. El Mosad afirma en su informe que como la red de Hezbolá que atacó la embajada en 1992 “no fue expuesta y neutralizada”, esas mismas personas fueron utilizadas para un ataque más letal en el centro de la comunidad judía argentina dos años después.

La investigación concluye que “solo los operativos de la unidad de operaciones exteriores de Hezbolá participaron en el atentado, sin ninguna colaboración de ciudadanos locales”.

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Sobre la firma

Federico Rivas Molina

Es corresponsal de EL PAÍS en Argentina desde 2016. Fue editor de la edición América. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y máster en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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