Financiación exprés para atrapar el coronavirus

El lanzamiento de convocatorias especiales de la UE para apoyar la investigación sobre la covid-19 reabre el debate sobre el futuro de la ciencia en Europa

Laboratorio del Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología donde se están desarrollando los biosensores para detectar el coronavirus.Vídeo: Gianluca Battista

En el laboratorio, entre medidores que parpadean sin parar, ordenadores y dispositivos, hay un discreto silencio, de vez en cuando interrumpido por el bip de algún aparato. Sobre uno de ellos, de color rojo, en contraste con las variaciones de gris que dominan la sala, alguien ha pegado un trozo de cinta verde y ha dejado escrito un aviso en inglés: “Working very slowly!!!” (Trabajando muy lentamente...) Es exactamente lo contrario de lo que vienen haciendo aquí desde hace tres meses los investigadores del grupo que lidera la profesora Laura Lechuga en el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología, en Barcelona. A finales de enero, cuando la crisis de la covid-19 no había sido aún declarada pandemia, decidieron participar en la convocatoria especial de la Comisión Europea para la financiación de proyectos para desarrollar diagnósticos y tratamientos. Tenían sólo 12 días para presentar una propuesta que incluyera a otros grupos de investigación en otros países de la UE. La llamaron CoNVat.

“La resolución fue muy rápida. La anunciaron el 4 de marzo y el inicio del proyecto fue el 10. Todo ha sido exprés. Normalmente pueden tardar seis meses o más. Y el tiempo de escritura del proyecto también... para un proyecto así, de tres países y cuatro equipos, tienes meses para prepararlo”, explica Jessica Llop, gestora de proyecto. Ahora CoNVat es uno de los 18 proyectos que han obtenido financiación, y el único liderado por España. Desde marzo ha empezado a correr el contador de los 12 meses que tienen para desarrollar un test de diagnóstico rápido con biosensores, capaz de detectar el coronavirus en media hora.

“La convocatoria ya pedía explícitamente que se presentaran grupos con experiencia previa, que tuvieras un tipo de tecnología ya listo y que hubieras probado con otras patologías, si eran infecciosas mejor...”, comenta Lechuga, profesora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Era su caso. Se trataba de adaptar la “nanotrampa” —un pequeño chip de silicio dotado de receptores biológicos— que ya habían probado con bacterias, con la tuberculosis o para el diagnóstico precoz del cáncer. “No se parte de cero. Hay prisa. Hay más prisa de cara a la sociedad y al impacto que esto pueda tener en esta pandemia”, añade.

Uno de los sensores que se producen en el laboratorio del ICN2. / Gianluca Battista
Uno de los sensores que se producen en el laboratorio del ICN2. / Gianluca Battista

Hay prisa en una Europa que se ha descubierto desprevenida frente a la emergencia desencadenada por el coronavirus, y en la que vuelve el debate sobre la importancia de la inversión en investigación y desarrollo, que ha sido en muchos países uno de los capítulos de gasto más descuidados durante la Gran Recesión. Queda lejos el objetivo fijado hace una década de alcanzar en 2020 el 3% del PIB en gasto en I+D. La media europea se sitúa en un 2,1%. Hay países que no llegan al 1% y contadas excepciones, como Suecia, Austria o Alemania, que superan el 3%. España solo invierte el 1,24%.

La escasez de recursos hace que científicos como Lechuga, con más de tres décadas de experiencia, tengan que dedicar el 70% de su tiempo a buscar financiación, mientras que los investigadores más jóvenes se ven abocados a encadenar becas y precariedad. En Italia, las investigadoras de la Universidad de Milán, que aislaron a finales de febrero la cepa del coronavirus en el país, eran precarias. Tampoco tienen contrato fijo las únicas dos investigadoras senior que hay entre las 15 personas que forman el equipo del proyecto CoNVat.

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Contratos temporales

Una ha sido contratada, junto a otras tres personas, gracias a la financiación recibida ahora por la UE. La otra es María Soler, que se encuentra en el segundo año de un contrato de cinco. En 2018 decidió volver a España tras una estancia posdoctoral de tres años en Suiza. Con 10 años de carrera en investigación su sueldo es ahora de 33.000 euros al año. “Este proyecto te motiva mucho desde el punto de vista científico, pero esto no quita que echemos en falta un reconocimiento a nivel salarial, de estabilidad de carrera... Y esto no depende de un proyecto u otro sino de cómo está la ciencia en el país”, comenta Soler.

La profesora Laura Lechuga, en Barcelona. / Gianluca Battista
La profesora Laura Lechuga, en Barcelona. / Gianluca Battista

El dinero para la financiación de CoNVat —que recibirá 2,5 millones de euros, repartidos entre los cuatros centros de investigación que participan: el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología, la Universidad de Barcelona, la de Aix-Marseille y el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas de Italia— procede de los fondos movilizados de urgencia del programa de investigación e innovación Horizonte 2020, que expira este año. Y es ahora cuando se debate sobre la dotación que tendrá su sucesor, Horizonte Europa, en el próximo marco financiero plurianual, los presupuestos de la UE a largo plazo.

La última propuesta de la Comisión, presentada el 27 de mayo junto al plan de recuperación poscovid, prevé asignar al programa 94.400 millones. Cifra alejada de la que pide el Parlamento Europeo, institución que ha financiado este reportaje. “Es un poco mejor que la propuesta de febrero [unos 81.000 millones], pero nosotros nos mantenemos en nuestra posición inicial, que es un aumento hasta 120.000 millones. Con la crisis del coronavirus es aún más obvio que necesitamos financiación adecuada para la investigación”, afirma por teléfono el presidente de la Comisión de Industria, Investigación y Energía de la Eurocámara, el eurodiputado conservador rumano Cristian Silviu Busoi. “No es el único programa que se queda por debajo de lo propuesto por el Parlamento, hay otros como el programa espacial, pero es el que debería ser ahora el buque insignia”, dice la española y también miembro de esta comisión Lina Gálvez, del grupo socialista. “En el caso español el programa no solo ha contribuido a la financiación del sistema científico, sino también a su modernización”, añade.

En los laboratorios que participan en la carrera para luchar contra la pandemia, el temor es que, cuando pase la emergencia, esta necesidad urgente de aumentar la inversión en ciencia deje de ser obvia. Es también el miedo que tiene la investigadora Soler: “Te alegras mucho de que ahora se reconozca tanto el trabajo en investigación y se le dé tanta importancia. Pero al mismo tiempo dices: ya estábamos antes... Espero que no decaiga este reconocimiento y en un año ya se olviden de nosotros otra vez”.

La lección de la Gran Recesión

“Ahora solo se piden respuestas a la ciencia, y es evidente que las respuestas a esta pandemia solo pueden venir de la ciencia pero nos hemos encontrado con un sistema muy debilitado”. Mientras el trabajo de los científicos vuelve a estar bajo los focos, la investigadora Laura Lechuga no olvida los errores del pasado reciente. “En España desde la anterior crisis económica ha habido una bajada en inversión en I+D+I no sólo en el presupuesto para poder desarrollar proyectos de investigación sino también para renovar personal. Estamos contando con plantillas muy envejecidas y estamos perdiendo mucho talento…”, comenta.

Es una situación denunciada en varias ocasiones en los últimos años por la Real Academia de la Ciencias Exactas, Físicas y Naturales que, en un informe de 2018, recordaba que mientras la inversión en I+D entre 2009 y 2016 aumentó del 36% en Alemania, 29% en el Reino Unido, y 2% en Francia, en España disminuyó al menos un 12%. El autor del informe, el académico Esteban Domingo, que en mayo ha sido también nombrado miembro de la Academia Nacional de Ciencia de EE UU, constata dos años después que poco ha cambiado: “España está perdiendo la posibilidad de modernizarse desde el punto de vista social y económico, debido a la falta de inversión en ciencia y tecnología, en todas las ramas, no solo la sanitaria y biomédica. Es un país que no ha tomado la ciencia como parte importante de su desarrollo económico”.

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