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La urgencia de incrementar ya la ambición contra el calentamiento

La UE debe aumentar sus objetivos inmediatos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero

Un oso polar entra en la ciudad rusa de Norilsk, en el norte de Siberia.
Un oso polar entra en la ciudad rusa de Norilsk, en el norte de Siberia.

Que la Unión Europea se comprometiera a alcanzar la neutralidad de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050 era un mensaje importante de largo recorrido. Supondría un aviso que se lanza a los inversores y al sector financiero en general: una economía tan potente como la europea estará en el futuro libre de estos gases, es decir, de los combustibles fósiles –petróleo, gas y carbón– que han protagonizado el desarrollo de Occidente fundamentalmente desde mediados del siglo pasado.

Pero, según alertan los científicos y gritan los manifestantes en las calles de media Europa y ante las urnas, ya no es el momento de poner (otra vez) solo las luces largas, sino de saber qué se va a hacer mañana mismo. El tiempo para dejar el aumento de la temperatura global –y los eventos extremos asociados al calentamiento– dentro de unos límites manejables se acaba y la próxima década, la de los veinte y no la de los cuarenta, será definitiva en la lucha contra el calentamiento, como alertaba en octubre el panel de expertos científicos que asesoran a la ONU en asuntos de cambio climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

Con las políticas y medidas vigentes ahora, la UE solo logrará reducir un 60% sus gases para 2050, muy lejos de esa neutralidad de emisiones que una mayoría de los Veintiocho quieren –el anterior objetivo es una reducción de entre el 80% y el 95% para 2050–. Pero el problema ahora son las metas intermedias. No hace falta irse tan lejos, basta con mirar a 2030. La Comisión Europea le ha recordado esta misma semana a los socios de la UE que no están en la senda para cumplir con los objetivos que Europa se marcó para 2030 al firmar el Acuerdo de París, el pacto internacional contra el calentamiento que se cerró en 2015 y que se aplicará a partir de 2020. El compromiso actual de la UE es reducir un 40% sus emisiones en 2030. Para ello, por ejemplo, a finales de la próxima década el 32% de toda la energía final consumida por los europeos deberá ser de origen renovable (frente al 17% actual). Pero los planes que han puesto sobre la mesa los socios europeos no bastan para lograr el objetivo común, ha advertido Bruselas. Antes de fin de año, los Gobiernos deberán presentar sus planes revisados.

Europa representa ahora el 10% de los gases de efecto invernadero de todo el planeta. Pero su poder de arrastre en las negociaciones internacionales medioambientales –como las de cambio climático, la de lucha contra el plástico o la pérdida de biodiversidad– es bastante más que eso gracias a su poder económico. De ahí que desde la ONU se presione a la UE para que lidere la lucha internacional climática, sobre todo, ahora que EE UU está a la contra.

“Los objetivos a 2030 se han quedado desfasados”, admitía esta semana la ministra española para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, a la que algunas quinielas sitúan al frente de una comisaría europea de cambio climático. Ribera se refería a ese objetivo de reducción de las emisiones del 40% que Europa estableció para 2030. Todos los firmantes del Acuerdo de París deben presentar planes de reducción de gases. En estos momentos, los compromisos que ya han presentado los casi 200 países firmantes no bastan para que el aumento de la temperatura media del planeta se quede por debajo de los 1,5 grados (ya estamos en alrededor de un grado de incremento) respecto a los niveles preindustriales, el nivel de seguridad que se establece en el Acuerdo de París.

António Guterres, secretario general de la ONU, ha convocado para septiembre una cumbre en Nueva York en la que los países deben revisar al alza sus compromisos de recorte de emisiones. Guterres –que hace unas semanas aseguró que 80 países lo van a hacer– se dirigió la semana pasada a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, para pedirle que la UE actualice también su compromiso y pase del 40% de recorte en 2030 al 55%. En la declaración cerrada ayer no había referencias a ese aumento de los objetivos.

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