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Políticos rivales de Irak se unen para condenar la visita de Trump

El primer ministro confirma que no se reunió con el presidente de EE UU por “diferencias organizativas”

Trump, junto a su esposa, con soldados norteamericanos en Irak.
Trump, junto a su esposa, con soldados norteamericanos en Irak. AFP

La inesperada visita de Donald Trump a Irak el miércoles ha logrado unir a los dos bloques políticos rivales de ese país. Tanto los sadristas de Islah como los proiraníes de Bina han tachado el viaje del presidente de Estados Unidos de “violación de la soberanía” de su país. Además, un comunicado de la oficina del primer ministro iraquí, Adel Abd al Mahdi, ha confirmado que la reunión entre ambos no fue posible por discrepancias sobre el lugar donde debía celebrarse.

“Estaba prevista una recepción oficial y una entrevista entre el primer ministro y el presidente de Estados Unidos, pero debido a diferencias sobre la organización de la cita se ha sustituido por una llamada telefónica”, informa la oficina de Al Mahdi. De acuerdo con fuentes parlamentarias citadas por Reuters, Trump solicitó que la reunión se llevara a cabo en la base militar de Ain al Asad, donde visitó a las tropas estadounidenses, pero el primer ministro iraquí rechazó esa posibilidad.

A pesar de ese gesto de Al Mahdi, los dos fuerzas políticas rivales que virtualmente empataron en las elecciones del pasado mayo han coincidido en condenar la visita de Trump. El hecho de que aterrizara en una base militar y no se reuniera con ningún representante iraquí ha sido interpretado como un insulto. Los grupos más hostiles a la presencia estadounidense quieren utilizarlo para reabrir el debate sobre la salida de sus tropas.

“La ocupación de Irak se ha acabado”, ha declarado Sabah al Saadi, jefe del bloque parlamentario Islah (la agrupación que lidera el clérigo populista Muqtada al Sadr). También ha pedido que se convoque una sesión urgente del Parlamento para debatir lo que consideran una “violación flagrante de la soberanía de Irak”. El comunicado del grupo Bina, que dirige Hadi al Amiri, jefe de una milicia respaldada por Irán, insiste, por su parte, en “el desprecio que [Trump] ha mostrado hacia el Gobierno iraquí”.

En contra de algunos comentarios difundidos a través de las redes sociales, la oficina del primer ministro asegura que “las autoridades estadounidenses informaron de antemano a los dirigentes iraquíes del deseo del presidente de Estados Unidos de visitar Irak la tarde del 26 de diciembre para felicitar al nuevo Gobierno iraquí y a los militares estadounidenses de la coalición internacional de apoyo a Irak”.

El detalle no es baladí, ya que la visita se ha producido en un momento muy delicado tras el anuncio de Trump de que planea retirar sus tropas de Siria y el aumento de la tensión de EE. UU. con Irán. Tanto Siria como Irán son, por razones distintas, dos vecinos claves para la frágil seguridad de Irak. Nada más conocer los planes de retirada, Al Mahdi telefoneó al secretario norteamericano de Estado, Mike Pompeo, para asegurarse de que Washington no iba a hacer lo mismo en su país. A pesar de la derrota territorial del Estado Islámico (ISIS), la inestabilidad en su frontera norte y los remanentes de ese grupo siguen amenazando al Gobierno de Bagdad.

A pesar de que durante su conversación telefónica Trump aseguró a Al Mahdi que los 5.200 soldados estadounidenses van a continuar su trabajo de entrenamiento y apoyo a las tropas iraquíes, también se ha anunciado una visita de Pompeo a Bagdad para el próximo 11 de enero.

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