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Muere una activista ucrania contra la corrupción que fue atacada con ácido

Kateryna Handziuk, de 33 años, fue sometida a 11 operaciones tras el atentado que sufrió hace tres meses

Dos mujeres prenden velas frente al Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania en recuerdo de Kateryna Gandzyuk.
Dos mujeres prenden velas frente al Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania en recuerdo de Kateryna Gandzyuk. AFP

Yekaterina Handziuk, una activista de 32 años de la ciudad ucrania de Hersón, falleció el 4 de noviembre en la clínica de Kiev donde era tratada de las quemaduras que le fueron causadas por un grupo de individuos que la rociaron con ácido sulfúrico el 31 de julio pasado cuando abandonaba su domicilio en dirección al trabajo. Las quemaduras afectaban al 40% del cuerpo de Handziuk, cuyo nombre se añade ahora a las decenas de activistas (y también periodistas) críticos que han perecido víctimas de la violencia en Ucrania. En la mayoría de los casos, los perpetradores de estos crímenes no han sido descubiertos.

“Sé que tengo mal aspecto, pero al menos los médicos ucranios me están curando y estoy segura de que se me ve mucho mejor que a la justicia y el sistema judicial de Ucrania, porque a ellos hoy no los está curando nadie”. Desde su lecho en el hospital, con el rostro lleno de cicatrices y un brazo inmovilizado, la activista pronunció estas palabras ante la cámara el pasado septiembre y el vídeo circulaba ayer por las redes sociales en su memoria. Los ojos oscuros de Hadziuk brillaban intensamente al emprender la lectura de nombres de activistas asesinados, cuyos casos no han sido resueltos. Según dijo, en un año hubo 40 ataques.

Handziuk fue diputada regional y municipal en Hersón, además de consejera del alcalde de esa ciudad y había trabajado como voluntaria dependiente de la ONU. Combatía la corrupción de las estructuras administrativas y lidiaba también con los separatistas prorrusos. Militó en “Batkivshchina”, el partido de la ex primera ministra de Ucrania Yulia Timoshenko y como representante de esa fuerza política fue elegida diputada regional en 2006. En 2012 fundó la Agencia de Periodismo Cívico “Most” y la página de web most.ks.ua, desde donde seguía las compras estatales y los gastos de las finanzas públicas. Handziuk participó en movimiento “Euromaidán”, creado en el otoño de 2013 en apoyo de una política proeuropea y en contra del presidente Víctor Yanukóvich. Tras la anexión de Crimea por Rusia y la guerra en las regiones orientales ucranias, Handziuk colaboró con el Alto Comisariado de la ONU para los refugiados para ayudar materialmente a los niños desplazados por la guerra. Hersón es una región contigua a Crimea y Handziuk se integró en 2016 en un grupo propagandístico ucranio dirigido a los habitantes de la península.

La activista había acusado de corrupción a un alto cargo de la policía local, Artem Antoschuk, funcionario que fue despedido. El ataque a Handziuk, considerado inicialmente como “gamberrismo”, ha sido recalificado como “asesinato premeditado realizado por un grupo de personas por motivos interesados, con especial crueldad y por encargo”. La policía detuvo a un sospechoso, al que después liberó, y posteriormente arrestó a otros cinco, antiguos militares ucranios que combatieron en Donbás (las regiones de Lugansk y Donetsk). De los cinco detenidos, uno había sido condecorado y otro había perdido una pierna como resultado de una explosión.

El atentado contra Handziuk se enmarca en la racha de violencia “destinada a amedrentar a quienes denuncian la corrupción”, afirma Antón Krut por teléfono desde Kiev. Según este periodista, la impunidad de los organizadores de los crímenes indica el fracaso de “la reforma de la policía y de la fiscalía” en Ucrania. En opinión de Krut, se trata de “un fenómeno de crímenes por encargo que recuerda los años noventa y que afecta a activistas de muy diversas tendencias ideológicas, por el simple hecho de denunciar la corrupción”. Pavel Viknyanski, activista del partido República (de izquierdas y sin representación parlamentaria), cree, sin embargo, que “las autoridades no quieren tomar medidas contra la ultraderecha y la derecha, que gozan de una posición más firme y se sienten más legitimadas y protegidas que la izquierda, afectada hoy por la política oficial para erradicar el comunismo”. “Cuando los atentados afectan a activistas de izquierda se habla mucho menos de ellos”, afirma Viknyanski desde Kiev y cita el caso de Olés Buziná, un periodista antimaidán y prorruso, asesinado en Kiev en 2015. Los sospechosos de aquel asesinato fueron liberados por la policía.

La guerra contra los separatistas prorrusos de Donbás influye negativamente en el orden público en Ucrania, al haber generado un nutrido y variopinto contingente de personas fogueadas y curtidas ante la violencia. Tras el fallecimiento de Handziuk, el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, ha exhortado a sus conciudadanos a “unir sus esfuerzos para que los asesinos acaben en el banquillo de los acusados” y les ha pedido “ayudar a los órganos de orden público para castigar el mal”

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