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El SPD alemán recela del acuerdo migratorio de sus socios de coalición

El pacto alcanzado por Merkel y Seehofer propone abrir zonas de tránsito en la frontera entre Austria y Baviera

Andrea Nahles, líder del SPD, en una rueda de prensa en Berlín este martes.
Andrea Nahles, líder del SPD, en una rueda de prensa en Berlín este martes. AFP

La sensación de alivio que produjo en Berlín el pacto migratorio entre los socios del bloque conservador se fue evaporando a medida que los dilemas políticos y jurídicos que plantea hicieron su aparición a lo largo del martes. Alivio porque impide de momento el derrumbe del Ejecutivo de Berlín al cerrar –más o menos en falso- las heridas abiertas en la histórica alianza de la CDU de Angela Merkel y su partido hermanado bávaro, la CSU. Pero relativo, porque los socialdemócratas (SPD), la otra pata del tripartito alemán, recelan del contenido de un acuerdo que ya rechazaron en 2015 y que al que ahora deben dar el visto bueno para que se pueda poner en marcha el pacto.

El martes, los tres partidos que forman la gran coalición alemana se reunieron en Berlín sin lograr ningún acuerdo. "Ha habido progresos, pero queden muchos temas por resolver", dijo la presidenta del SPD a la salida del encuentro. El jueves los partidos volverán a sentarse a negociar.

Al ala izquierda del Gobierno de Merkel le preocupan sobre todo los centros que según el pacto se instalarán en la frontera con Austria y en los que piensan encerrar a demandantes de asilo antes de ser enviados a otros países. Pero el dilema es enorme. Rechazar el pacto implicaría con una alta probabilidad la ruptura de un Gobierno que tiene apenas 100 días de vida y que tardó en cambio seis meses en formarse. Al final, los socialdemócratas y el bloque conservador se unieron en un matrimonio político sin amor, cuyas divergencias se tornan estridentes al calor de crisis como la actual. Pero son también conscientes de que un divorcio tendría un precio desorbitado, en términos electorales, pero también de estabilidad para el país y para el resto de Europa.

Los Verdes, el partido ecologista y La Izquierda también renegaron ayer de un acuerdo que consideran una versión actualizada del rechazado en el pasado. Y el ministro de Interior y artífice del pacto, Horst Seehofer se ha convertido en el blanco preferido de las críticas. “Es inaceptable que la población tenga que verse sometida a la vanidad de personalidades megalomaníacas; me refiero sobre todo a Seehofer”, dijo Eva-Maria Stange, representante del SPD en Sajonia.

Nahles, la líder socialdemócrata dijo que de entrada, el pacto “deja muchas preguntas abiertas”. Se refirió Nahles a que el escueto y vago documento pactado la noche del lunes está supeditado a la voluntad de otros países como Austria o Italia, que deberían firmar acuerdos con Berlín para que el plan pueda salir adelante. El pacto que Merkel alcanzó in extremis con Horst Seehofer, el líder bávaro indica que en los casos –como el italiano- en los que no haya acuerdo, se procederá a la devolución de demandantes de asilo en la frontera en base a un acuerdo con Austria.

Viena ya ha expresado sus reticencias ante un texto que interpreta como una señal de vía libre para adoptar restricciones unilaterales en la frontera, al margen de los consensos de la UE. Seehofer se mostró más optimista y aseguró que había hablado con el canciller austriaco, Sebastian Kurz por teléfono y “me dio la impresión de que está interesado en una solución sensata”.

Pero tal vez la mayor reticencia socialdemócrata reside en los llamados centros de tránsito que según el pacto de los conservadores se instalarán en la frontera entre Alemania y Austria. A esos centros irían a parar los inmigrantes y los demandantes de asilo mientras se procesa su solicitud. Si se detecta que el demandante pidió protección en otro país de la UE y que le corresponde a ese país tramitar su asilo, será enviado directamente a ese Estado sin adentrarse en Alemania. “No queremos tener a familias de refugiados detrás de vallas”, tuiteó Ralf Stegner, portavoz parlamentario del SPD. “A cambio, debemos llevar a cabo una verdadera política migratoria humanitaria”. Manuela Schwesig, ministra presidenta de Mecklemburgo-Pomerania Occidental protestó porque dijo que no se había contado con el SPD antes de presentar el plan.

Hace tres años, el SPD se negó en rotundo a lo que entonces llamaron zonas de tránsito, es decir, a la creación de centros en la frontera bávara en los que encerrar a demandantes de asilo antes de ser devueltos a otros países. “Las zonas de tránsito son lugares de detención. Encerrar a refugiados es una señal terrible. Las vallas no solucionan los problemas”. El que escribió ese tuit en 2015 no fue el cooperante de ninguna ONG de derechos humanos, sino Heiko Mass, entonces ministro de justicia y hoy de Exteriores. Lo hizo en pleno pico de llegadas, cuando miles de personas llegaban cada día. Las cifras ahora se han desplomado y la posible justificación de una medida tan drástica ha mermado consecuentemente.

Durante los cinco primeros meses del año, Alemania registró 78.000 solicitudes de asilo frente al casi millón y medio desde 2015. Pero en lo que va de año, 26.000 de esas solicitudes corresponden a demandantes que ya habían solicitado protección en otro país de la UE. Es la llamada “migración secundaria” que Seehofer se ha propuesto limitar.

La CSU bávara se mostró el lunes muy satisfecha por el acuerdo alcanzado con la canciller bajo amenaza de derribar el Gobierno. “Los centros de tránsito son pura CSU. Estos centros significan una clara limitación de la inmigración”, ha interpretado Markus Söder, primer ministro bávaro y representante del ala dura de los conservadores bávaros.

El debate gira sobre todo en torno a si los centros deben ser cerrados e impedir el libre movimiento de los solicitantes de asilo. La privación de libertad debe ser el último recurso según establece la directiva europea que establece las normas para la acogida de los solicitantes de protección internacional (2013/33): “Los Estados miembros no internarán a una persona por la única razón de que sea un solicitante de protección internacional”, indica en su artículo 8. El secretario general del SPD, Lars Klingbeil lo explicó con claridad al Rheinische Post. “Nuestra decisión es que no queremos campos cerrados”. También rechazó los centros cerrados el líder de las poderosas juventudes socialdemócratas, Kevin Kühnert en declaraciones a la agencia de noticias alemana, Dpa. “Ni en el norte de África, ni en la frontera europea ni en Passau [ciudad al sur de Baviera]".

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