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¿Será suficiente el plan migratorio de la UE para aplacar a los bávaros?

Los conservadores de Baviera sopesan si los pactos europeos bastan para retirar el órdago contra la canciller Merkel

Pedro Sánchez, Angela Merkel y Alexis Tsipras, tras la cumbre en Bruselas. En vídeo, las claves del nuevo acuerdo migratorio de la UE.

Los líderes europeos se felicitan por haber sido capaces de tejer un alambicado consenso migratorio en una cumbre considerada crucial para el futuro de la Unión. Cómo se van a materializar unas conclusiones que se basan en la voluntariedad de los Estados es una incógnita. En Berlín sin embargo, la preocupación es otra. “¿Será suficiente para Seehofer?”, era la pregunta omnipresente y elegida por el sensacionalista Bild para titular, aludiendo al ministro del Interior y líder bávaro, Horst Seehofer, que amenaza con tumbar el Gobierno si la canciller Merkel no endurece su política migratoria. El texto de conclusiones del consejo europeo es vago, pero la firma de acuerdos bilaterales con países como España podrían contribuir a desactivar la revuelta bávara. Porque esos pactos están dirigidos precisamente a dar respuesta a la principal exigencia bávara: evitar que lleguen a Alemania refugiados que han pedido asilo en otros países de la Unión.

Las primeras señales que el viernes por la mañana emanaron de las filas de los conservadores bávaros fueron positivas, pero será este domingo cuando decidan unilateralmente si aplican controles fronterizos al margen del consenso europeo. Semejante decisión pondría en peligro la supervivencia del Gobierno en Berlín. Hans Michelbach, vice portavoz del grupo parlamentario de la CSU dijo en la televisión pública alemana que la clave está ahora en la puesta en marcha del acuerdo, que consideró en principio “difícil”. Pero también adelantó que “la alianza con la CDU [el partido de Merkel] es una absoluta prioridad”. Otro dirigente de la CSU, Manfred Weber, al frente del grupo popular en la Eurocámara consideró que “la cumbre europea ha dado un gran paso hacia una mejor política migratoria”.

Horst Seehofer, el ministro de Interior, Construcción y Patria alemán y líder de la CSU, el partido conservador bávaro hermanado con el de Merkel, ha impuesto a la canciller, Angela Merkel, un ultimátum que expira el domingo. Para entonces, a Merkel le exige haber pactado con sus socios europeos una fórmula para reducir la llegada de demandantes de asilo y migrantes, pero sobre todo para impedir la entrada a Alemania de refugiados que ya hayan pedido protección internacional en otro país de la UE.

De Bruselas ha salido de entrada un texto de conclusiones común, que responde a la filosofía del líder bávaro de endurecer la política migratoria con el fin de frenar la llegada de demandantes de asilo. “El consejo europeo está determinado a continuar y reforzar la política que prevenir el regreso de los flujos incontrolados de 2015 y frenar la inmigración ilegal en todas las rutas existentes y emergentes”, indica el documento pactado, en su segundo punto, lo que a priori supone música para los oídos del ministro de Interior alemán.

Pero más allá de generalidades, la principal exigencia de Seehofer, el desplazamiento de refugiados dentro de la UE, que en la jerga comunitaria se conoce como “migraciones secundarias”, apenas aparece citado en un párrafo de las conclusiones finales de la cumbre. “Los Estados miembros tomarán las medidas legislativas y administrativas necesarias para evitar esos movimientos y para cooperar estrechamente entre ellos con este fin”, indica el punto 11 de las conclusiones alcanzadas de madrugada. “Con el fin de evitar movimientos secundarios, la adopción de medidas nacionales está expresamente reconocida”, indicó el viernes Alexander Dobrindt, feje del grupo parlamentario de la CSU, quien atribuyó a su formación el nuevo dinamismo comunitario en materia de inmigración.

Ese punto 11 hace además referencia a los acuerdos que Merkel negocia desde hace días en paralelo con países de la UE para que se comprometan a aceptar de vuelta a refugiados que lleguen a Alemania, pero que hubieran pedido asilo en otro socio de la Unión y que según el reglamento de Dublín deben responsabilizarse de su tramitación. En ese marco jurídico encajan los acuerdos anunciados con España y Grecia anunciados por el Gobierno alemán. Italia es sin embargo el país del que proceden la mayoría de lso demandantes de asilo -35% en 2017- de los que Alemania solicitó su devolución el año pasado.

A falta de avances realmente tangibles en la cumbre que permitieran a Seehofer retirar su ultimátum, el tono restrictivo del acuerdo y los pactos bilaterales podrían ejercer de perfecto salvavidas para una canciller en serios apuros tras 13 años de gobierno. Al menos como para permitir al líder bávaro una salida política airosa al órdago lanzado contra la canciller y en el que se siente crecientemente auto atrapado. Las últimas encuestas indican que la revuelta antiinmigración de la CSU no acaba de convencer a sus votantes, que el próximo otoño acuden a las urnas en unos comicios que los conservadores bávaros consideran existenciales.

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