Trump amenaza a China con imponer aranceles por otros 100.000 millones de dólares

La escalada tarifaria entre las dos potencias se agrava y aboca a la guerra comercial

Donald Trump, este jueves en la Casa Blanca. / Vídeo: Declaraciones de Lu Kang, portavoz del Ministerio de Exteriores chino.Video: MICHAEL REYNOLDS (EFE)

Las amenazas sobre nuevos aranceles entre Estados Unidos y China ha entrado en una espiral que hace sonar los tambores de guerra comercial cada vez con más fuerza. Donald Trump no echa el freno y Pekín tampoco. El miércoles, el gigante asiático advirtió de que respondería con aranceles del 25% a productos estadounidenses por valor de 50.000 millones de dólares si Washington ejecutaba los que ha anunciado por el mismo montante. Trump ha reaccionado subiendo la apuesta, blandiendo posibles tasas adicionales por un total de 100.000 millones.

Las consecuencias de una batalla comercial entre las dos mayores economías del planeta son globales. La internacionalización implica que la compra-venta de productos entre dos países afecta a otros países de forma colateral, en calidad de proveedores y consumidores, o sencillamente porque la carrera inflacionaria que puede desatarse provocaría que la Reserva Federal acelerase las restricciones monetarias, es decir, que subiera de forma más brusca los tipos de interés, se encareciese por tanto el crédito y todo el mundo se empezase a temblar.

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Trump clama contra el déficit comercial de EE UU, la diferencia negativa entre lo que exporta y lo que importa, que está en su máximo desde 2008. Y China supone el grueso de ese desfase: 375.000 millones de los 556.000 millones. El presidente acusa a Pekín de lograr este poderío exportador a base del robo de tecnología estadounidense y otras formas de competencia desleal, así que ha activado la máquina de los aranceles: empezó con un 25% sobre el aluminio y otros productos -ya formalizado- por valor de 6.000 millones y luego anunció un golpe mucho mayor, para 1.300 productos  por valor de 50.000 millones, con una tasa también del 25%. Ahora, tras las represalias planteadas por China, del mismo calibre, ha puesto sobre la mesa 100.000 millones más.

"Las prácticas comerciales ilícitas de China -ignoradas por Washington durante años- han destruido miles de fábricas estadounidenses y millones de empleos estadounidenses", dijo Trump en un comunicado el jueves por la noche. El republicano ha dado un giro proteccionista a la política comercial, criticando con dureza la de su antecesor, Barack Obama, y abandonando proyectos como el Tratado Comercial Pacífico o el europeo (TTIP, en sus siglas en inglés). Además, está renegociando el que mantiene con Canadá y México (Nafta, en sus siglas en inglés) con la amenaza de liquidarlo.

Los gravámenes a China, señaló Trump el jueves, se han decidido como reparación tras una investigación del Gobierno que determinó la apropiación indebida de tecnología. Sin embargo, "lejos de remediar su conducta, China ha optado por dañar a nuestros granjeros y nuestras fábricas", lamentó el mandatario. "A la vista de la injusta represalia de China, he pedido a la Oficina Comercial de EE UU que considere si serían apropiados aranceles adicionales de 100.000 millones bajo la sección 301 [de la ley de Comercio de 1974, a través de la que ha vehiculado la investigación]", añadió.

Pekín limita de forma considerable los sectores en los que los extranjeros pueden invertir en el país e impone la asociación con una empresa local en otros. Ni esto ni la posible apropiación tecnológica han suscitado solo críticas en EE UU. El pasado diciembre, en la cumbre que la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebró en Buenos Aires, EE UU, Japón y la Unión Europea pactaron un comunicado denunciando las prácticas económicas del régimen chino. Aunque no lo mencionaban de forma explícita, el documento apuntaba contra el “severo exceso de capacidad en sectores clave”, “las condiciones competitivas injustas a causa de subsidios que distorsionan el mercado” y las intervenciones distorsivas de grandes empresas estatales.

Trump no busca ahora la complicidad o coordinación con los países aliados contra lo que considera competencia desleal por parte de China. Este viernes, de hecho, criticó abiertamente a la OMC en su cuenta de Twitter. "China, que es una gran potencia económica, es considerada como un país en desarrollo en el seno de la Organización Mundial de Comercio. Por tanto recibe enormes beneficios y ventajas, especialmente respecto a Estados Unidos. Alguien acaso piensa que esto es justo. Estamos mal representados. La OMC es injusta con Estados Unidos", escribió.

Hay un debate económico extenso sobre el nivel de riesgo que el déficit comercial supone para un país, sobre qué volumen deja ya de ser saludable para una economía, aunque sea la más rica. En lo que hay menos discusión es en las consecuencias de una guerra arancelaria, que encarece los precios y frena el comercio. El Gobierno chino dirige sus aranceles a 106 por un montante económico igual -50.000 millones- que incluyen los automóviles, los productos químicos, la soja y algunas aeronaves. El discurso de “América primero”, columna vertebral del trumpismo, cosecha votos para el presidente en un año clave, de elecciones legislativas, pero los aranceles chinos pueden crearle problema en algunos de sus feudos, estados agrícolas que quedarían golpeados por Pekín.

Este viernes, con la espadas ya en alto, el presidente concedió que la espiral arancelaria deja heridas. El primer lugar en notarlas es el mercado financiero y los temblores de Wall Street de los últimos días lo atestiguan. “No estoy diciendo que no vaya a haber un poco de dolor”, dijo en una entrevista de radio de la cadena 77 WABC. “Pero el mercado ha crecido un 40%, 42%, así que podemos perder un poco. Pero vamos a ser mucho más fuertes cuando acabemos”, dijo.

Pese al conflicto, Trump se ha mostrado hasta ahora muy amigable con Xi Jinping y China ha apoyado a EE UU en la estrategia de más mano dura con Corea del Norte. La del déficit comercial, sin embargo, es una batalla que Trump parece dispuesto a dar hasta el final.

Sobre la firma

Amanda Mars

Corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Comenzó su carrera en 2001 en Europa Press, pasó por La Gaceta de los Negocios y en 2006 se incorporó a EL PAÍS, donde fue subjefa de Economía y corresponsal en Nueva York. Desde 2017 vive en Washington. Ha cubierto dos elecciones presidenciales, unas legislativas, dos impeachment y un asalto al Capitolio.

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