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La Iglesia abre sus archivos sobre la dictadura argentina

Solo las víctimas y familiares podrán acceder a los nuevos documentos, en su mayoría cartas -unas 3.000- con peticiones de auxilio por desaparecidos y las gestiones realizadas

El Papa bendice durante la oración del Ángeles, en la plaza de San Pedro, el 23 de octubre.

La Iglesia argentina y el Vaticano abrirán sus archivos sobre la dictadura militar (1976-1983) para que puedan ser consultados por los familiares de las víctimas. A través de un comunicado en conjunto con la secretaría de Estado vaticana y de la Conferencia Episcopal argentina, la Iglesia católica anuncia que “próximamente”, tras concluir el proceso de digitalización y organización del material disponible, podrán acceder a los archivos “las víctimas y los familiares directos de los desaparecidos y detenidos y, en el caso de religiosos o eclesiásticos, también sus superiores mayores”. La apertura de los archivos fue ordenada por el Papa Francisco, que se lo había prometido a distintas organizaciones de derechos humanos que lo venían reclamando hace años.

En Buenos Aires, tres miembros clave de la cúpula eclesiástica argentina comparecieron para dar más detalles y explicaron que solo las víctimas tendrán acceso previa petición y no la prensa o los historiadores. Se trata sobre todo de unas 3.000 cartas con las peticiones de ayuda que hacían los familiares de desaparecidos a la Iglesia y la respuesta que les dieron o las gestiones que realizaron ante el ministerio del Interior.

El papel durante en la dictadura, cuando varios curas castrenses y miembros de la jerarquía apoyaron claramente a los militares, es la mayor mancha de la historia de la Iglesia argentina y uno los momentos más oscuros del catolicismo. Sucedió algo muy parecido con otros regímenes latinoamericanos de los 70 como el chileno, otro de los más crueles.

Ahora, 40 años después de la recuperación de la democracia, se desclasifican algunos documentos, los que estaban en manos de la Conferencia Episcopal, la Nunciatura y la Secretaría de Estado, pero faltan otros mucho más delicados, como los archivos castrenses. "No nos consta que se haya destruido nada", señaló el cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, cercano al Papa, que explicó que cada diócesis, incluida la castrense, tiene su propio archivo.

Poli trató de defender el papel de la Iglesia durante la dictadura: "Hizo lo que tenía que hacer. No le tenemos miedo a los archivos", explicó. El principal interés de la Iglesia, detalló, está en la "reconciliación de todos los argentinos". Cuando se le preguntó si para la Iglesia era más importante la reconciliación o la justicia con los criminales que organizaron el terrorismo de Estado, contestó el presidente de la Conferencia Episcopal, José María Arancedo: "La justicia debe estar abierta a la reconciliación. La verdad es el camino a la justicia y la reconciliación".

¿Y por qué han tardado 40 años? "Lo importante es que lo hacemos, en el Vaticano los archivos se suelen guardar unos 70 años antes de hacerlos públicos", insistió Poli.

La Iglesia argentina, explicaron, ya ha pedido perdón en varias ocasiones por su papel durante la dictadura. Sobre todo en el año 2000, cuando hizo una confesión de culpa en un congreso en Córdoba de la Conferencia Episcopal. Poli sostuvo que todos los documentos, también estos que ahora se van a desclasificar, muestran que "la Iglesia se sintió con estrecho margen frente a los reclamos de justicia [durante la dictadura], se habían suspendido las garantías constitucionales. Pero aún así se hizo mucho".

Un periodista preguntó por la "complicidad" de la Iglesia y Arancedo rechazó el término. "No podemos hablar de complicidad. Es cierto que en algunos casos la Iglesia no hizo todo lo que pudo, y pedimos perdón por ello. Pero con estos documentos van a aparecer más luces que sombras. La Iglesia argentina no se fue, se quedó acá, y tuvo muchas heridas dentro de la propia Iglesia", dijo en referencia a los curas de izquierda reprimidos por los militares.

Lo que ninguno aclaró es si dentro de los documentos hay algo que se refiera expresamente al papel del propio Bergoglio durante la dictadura, siempre muy polémico precisamente porque se le acusaba de haber entregado a dos jesuitas secuestrados por la dictadura, Francisco Jalics y Orlando Yorio. Este asunto supuso un problema importante cuando fue elegido Papa, que se resolvió cuando Jalics hizo público un comunicado que decía: "Estos son los hechos: el padre Bergoglio nos denunció a Orlando Yorio ni a mí''. A ninguno de los miembros de la cúpula argentina que han visto los documentos les consta que haya textos allí donde se cite expresamente a Bergoglio. "Hubo un juicio en Buenos Aires sobre ese asunto y quedó resuelto", explicó Arancedo. Sí insistieron  en que en los documentos no solo hay peticiones de auxilio, también están las respuestas y en ocasiones los agradecimientos a la Iglesia por las gestiones realizadas.

Diferentes organizaciones como la Asociación argentina de Familiares de desaparecidos o las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas han pedido al Papa en distintas reuniones la apertura de los archivos vaticanos para poder consultar estos documentos. Ahora podrán hacerlo pero solo de manera individual, al menos de momento.

"El nuncio jugaba al tenis todos los días con Massera”

Carlos E. Cué, Buenos Aires

Las asociaciones de víctimas de la dictadura argentina llevan muchos años luchando para desclasificar los archivos de la Iglesia. Por eso las primeras palabras eran de alegría, pero con matices, a la espera de ver qué documentos se entregan y sobre todo con una crítica firme: la decisión de no abrir completamente los archivos para consulta pública, sino solo para familiares. “La dictadura argentina fue fruto de un golpe cívico, militar y eclesiástico, una parte de la cúpula de la Iglesia apoyaba y confesaba a los torturadores, hay curas condenados por la justicia”, explica a EL PAÍS Victoria Donda, una diputada de izquierda que es hija de desaparecidos y nació en la ESMA, el centro de tortura más conocido, donde fue arrebatada a su madre. Para ella este es un paso importante aunque sea solo simbólico. “Es una buena señal, es una forma de condena a la dictadura que la Iglesia aún tenía pendiente”, señala.

Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, aseguró a la agencia Telam que era una noticia "esperada muchos años". Para Cortiñas, “hubo curas que integraron el Terrorismo de Estado", como el nuncio Pío Laghi quien “estaba al tanto de todo lo que ocurría porque jugaba al tenis todos los días con Massera”, uno de los dictadores más crueles. Cortiñas aseguró que muchos religiosos “entraban en los campos del horror y salían de ahí sin decir una sola palabra de lo que veían. La Iglesia fue parte de esa época tan siniestra y dolorosa para todo el pueblo argentino".

Para Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz por su lucha contra la dictadura, es un “paso importante”. Mientras, Gastón Chillier, el director del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), uno de los organismos más activos para promover los juicios contra los represores, cree que esos documentos "pueden contener información valiosa" para los juicios pero reprochó a la Iglesia que no los haga públicos. “Del anuncio se desprende que el acceso de esa información estaría limitado a la víctimas del terrorismo de estado que lo soliciten y no se trataría de un acceso público a la información de los documentos desclasificados del Vaticano”, remató.

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