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Dilemas éticos del periodismo frente a ‘Brangelina’

¿Cómo debe el periodismo de investigación competir con el tirón de las noticias rosas y qué herramientas son éticas en esa guerra?

Fotograma de la película 'By the sea' (2015) protagonizada por Angelina Jolie y Brad Pitt
Fotograma de la película 'By the sea' (2015) protagonizada por Angelina Jolie y Brad Pitt

Con el anuncio de su divorcio, la enviada especial para temas de refugiados del Alto Comisionado de Naciones Unidas logró eclipsar las noticias de la conferencia celebrada en el marco de la Asamblea General sobre este asunto auspiciada por el presidente Obama. Adiós, refugiados del mundo, bienvenido el torrente de titulares, artículos, cotilleos, especulaciones y lamentos sobre la ruptura de la pareja hollywoodiense por antonomasia, tan unida hasta la fecha que hasta sus nombres quedaron fusionados en el término Brangelina.

Los tuits que engañan a los lectores y les desvían hacia otras informaciones son piedras contra el frágil tejado mediático

La comprometida actriz Angelina Jolie parece que echó por tierra su trabajo desde 2012 para la agencia de la ONU: la causa sobre la que ha tratado de llamar la atención quedó sepultada, fuera de la actualidad informativa que a ritmo de clic y tuit viraba implacable hacia su drama doméstico. Cierto que la web TMZ adelantó la primicia —los comunicados de la actriz y su expareja tardaron unas horas en llegar—, pero el huracán informativo que desató no dejó a nadie a salvo. Desde Islandia a Israel, “el divorcio que sacudió el mundo”, como lo calificó el Financial Times, se llevó por delante todo lo demás.

Y así, mientras la también actriz Susan Sarandon afeaba a la CNN sus “prioridades” por informar en su web sobre el célebre divorcio y obviar la noticia del asesinato de un joven afroamericano, la periodista Emma Roller optaba por una fórmula más pragmática y mucho más polémica. “Guau, fue por esto por lo que Angelina rompió”, escribió esta colaboradora de la sección de opinión de The New York Times. Su tuit-cebo incluía el enlace a un reportaje de investigación de David Fahrenthold que desvelaba que Trump desvió cuantiosos fondos de su fundación benéfica para pagar las facturas de pleitos legales relacionados con sus negocios. El periodista llevaba meses indagando en las oscuras cuentas del candidato republicano, pero en este universo de mediciones de clics en las noticias ¿cómo podía competir en popularidad su historia con la ruptura del año? La sarcástica estrategia de Roller pronto fue secundada por periodistas en la red social.

Más allá de la ironía de su tuit y de la frustración que esconde, la trampa de Roller ha reabierto un debate sobre cómo debe el periodismo de investigación competir con el tirón de las noticias rosas, y qué herramientas son éticas en esa guerra. “El problema ha alcanzado una dimensión desconocida durante esta campaña presidencial, en la que tantos trabajos rigurosos de investigación e imparable verificación no han hecho mella en la imagen de Trump”, escribía en Columbia Journalism Review Nausicaa Renner. “Los periodistas compiten no sólo con las noticias de famosos y con Trump, sino también entre ellos”.

En esta guerra desigual por atraer si no lectores, al menos clics, parece que no todo vale. ¿Un tuit que se aprovecha del tirón de Brangelina para conducir a los lectores a un reportaje de investigación es equivalente a un titular que no se corresponde con la noticia? Twitter no está exento de los códigos éticos que un periodista debe aplicar en su trabajo, sostiene Andrew Seaman, de la Society of Professional Journalists, y ahí están los manuales sobre el uso de las redes sociales que las organizaciones informativas están creando. Los tuits que con alevosía engañan a los lectores y les desvían hacia otras informaciones son piedras contra el frágil tejado mediático. ¿Se acabaron las bromas?

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